Inicio 55 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

55 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Por Ana María Portugal

Este año se cumplen 55 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas el 10 de diciembre en 1948. El marco de la posguerra mundial y sus horrendas secuelas, fue determinante. A partir de entonces, la causa de los derechos humanos adquirió una nueva dimensión.

La firma de esta Declaración llevó a Naciones Unidas a instaurar el Día Mundial de los Derechos Humanos, fecha emblemática por la entrega del Premio Nobel de la Paz que cada año confiere el Comité Nobel Noruego, en Oslo. Este año la distinción ha recaído en una mujer, la abogada iraní Shirin Ebadi, a quien el mundo verá hoy, a través de las pantallas de televisión, recibir el galardón sin velo y vistiendo ropa occidental.

La rebeldía de Ebadi, que ha dedicado este Premio a las mujeres y a quienes luchan por los derechos humanos, también fue parte de aquellas mujeres que la antecedieron dentro de la nómina de galardonadas por el Comité Noruego, como Rigoberta Menchú (1992); Aung San Suu Kyi (1991); Alva Myrdal (1982); Jane Adams (1931), y Berta von Suttner, (1905), entre otras.

Sin olvidar a Estela de Carloto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien hoy recibirá, junto a otras personalidades mundiales, el Premio de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Este Premio fue creado en 1966 y se entrega cada cinco años.

Olympe y Mary

Desde que la francesa Olympe de Gouges fuera guillotinada en 1793 por rebelarse contra el poder y sostener que las mujeres tenían derechos de ciudadanía, han pasado más de 300 años. Pero sus ideas, que quedaron plasmadas en la célebre Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de 1791, siguen vigentes.

Como también, de alguna manera, el libro Defensa de los Derechos de la Mujer de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft, publicado en 1792. El espíritu de ambos documentos sigue inspirando la agenda de los feminismos en el mundo en relación al reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.

Indudablemente, Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft, merecen ser consideradas precursoras de la causa de los derechos humanos de las mujeres, convertida en bandera de lucha por las distintas organizaciones de mujeres a partir del decenio de 1980.

Precisamente, este año se recuerda el décimo aniversario de la II Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, donde se produjo un hecho histórico: el reconocimiento de los derechos de las mujeres como derechos humanos.

Algunos hitos

La evolución del concepto de derechos humanos ha ido acorde con las épocas y los acontecimientos. En 1776 fue recogido por primera vez en la Declaración de los Derechos de Virginia, EU, y en 1776 en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fruto de la revolución francesa. Pero en ninguno de estos documentos se consideró a las mujeres.

En los primeros años del siglo XX, al calor de la presencia de los movimientos sufragistas y mucho antes de la existencia de Naciones Unidas, se hicieron esfuerzos desde el derecho internacional para legislar sobre aspectos importantes de la vida de las mujeres.

En 1902, en La Haya, se adoptaron convenciones internacionales referidas al matrimonio, divorcio y tutela de menores. Otros acuerdos producidos en 1904, 1910, 1921 y 1933, contenían disposiciones para luchar contra la llamada trata de blancas.

En ese momento, el Pacto de la Sociedad de Naciones, antecesora de Naciones Unidas, pedía que los gobiernos aseguraran mejores condiciones de vida para todas las personas. Este organismo también acordó que la contratación de su personal estaría abierta por igual a hombres y mujeres.

Como expresa la abogada feminista Gladys Acosta, “había una evolución interesante que llegó a examinar en 1935 los aspectos civiles y políticos de la condición de la mujer y que impulsó un minucioso estudio sobre el estatus femenino en distintos países. Este proceso se interrumpió con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Así, una vez más queda demostrado que la atención a los problemas que vivimos las mujeres se atomizan ante las confrontaciones bélicas”.

En América Latina, el tema de la condición jurídica y política de las mujeres sería materia de debate en algunos países donde existían organizaciones feministas que luchaban principalmente por la obtención del sufragio, el acceso de las mujeres a una educación igualitaria, y a recibir igual salario por igual trabajo.

En 1923, a raíz de la Quinta Conferencia Panamericana de Mujeres auspiciada por la Organización de Estados Americanos (OEA), en Santiago de Chile, se acuerda que en todo programa de este organismo se trabaje para abolir aquellas leyes y decretos contrarios a los derechos de las mujeres.

En 1928 se crea la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) de la OEA. Este organismo dispone medidas para hacer frente a la discriminación por sexo. En 1938 se adopta la Convención sobre la nacionalidad de la mujer casada, y en 1948 las Convenciones sobre derechos políticos y civiles de las mujeres.

Había transcurrido un siglo desde que en 1848, en el poblado estadounidense de Séneca Falls, las primeras feministas sentaran las bases para el reconocimiento de sus derechos como mujeres y ciudadanas.

Salto cualitativo

En 1979, la Asamblea de Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés). Será el punto de partida para hablar de derechos humanos específicos. El espíritu de este documento es ampliar el concepto androcéntrico de derechos humanos, tomando como norma la discriminación basada en el género.

La Convención puso en primer plano el reconocimiento que “las mujeres siguen siendo objeto de importantes discriminaciones” y que estas discriminaciones “violan los principios de la igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana (…), dificulta la participación de la mujer en las mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica y cultural”.

Aunque la CEDAW, y otros instrumentos internacionales posteriores, han servido de apoyo para lograr que se reconozca que los derechos humanos de las mujeres tienen la misma validez que los derechos humanos en general, las bases internacionales más sólidas se fueron creando a lo largo del decenio de 1990, con el ciclo de conferencias internacionales y cumbres mundiales organizadas por Naciones Unidas.

La II Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993), la IV Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), fueron decisivas para afirmar estos derechos.

Tal vez uno de los logros más importantes de este histórico proceso sea el enfoque integral que hoy se da a la idea de derechos humanos a partir de la intervención y presencia de los movimientos feministas en los distintos escenarios internacionales.

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