Inicio A 10 años de los acuerdos de El Cairo

A 10 años de los acuerdos de El Cairo

Por Beatriz Jiménez

Bajo la presión del acelerado ritmo de crecimiento de población, en 1974 el Estado mexicano inicia una política de planificación y control de la natalidad, fue así como La Ley general de Población y el Consejo Nacional de Población (Conapo), se convirtieron en los ejes que articularon la planeación demográfica en México.

Sin embargo, la preocupación de México y el mundo era sólo esa: inhibir el crecimiento de la población, hecho que varió en 1994 con la celebración de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) en 1994 en El Cairo, Egipto. “Los acuerdos de El Cairo se centraron no en el número de humanos, sino en los derechos humanos”, señaló Thoraya Ahmed Obaid.

En el marco de la presentación del Informe de México para Revisar y Evaluar los Progresos realizados en la Ejecución del Programa de Acción de la CIPD (Cairo +10), el 4 de mayo en el Museo de Antropología, la directora ejecutiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNPF) añadió:

“El Programa de Acción adoptado en El Cairo, Egipto reconoció el derecho a la salud sexual y reproductiva, y el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género como elementos decisivos que requieren para su desarrollo la reducción de la pobreza y el fortalecimiento de las instituciones democráticas”.

En este contexto cae la presentación de los progresos realizados en México de El Cairo +10 por el conjunto de las instituciones del Estado Mexicano: Conapo, Secretaría de Gobernación, de Relaciones Exteriores (SRE), La Comisión de Población de la Cámara de Senadores, y la Comisión de Población, Frontera y Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados.

En dicho documento se asienta que el Programa Nacional de Desarrollo 2001-2006 “reconoce que la salud sexual y reproductiva es un elemento intrínseco del bienestar y calidad de vida de hombres y mujeres”, y no obstante señalar los avances, existen rezagos en materia de salud reproductiva.

Así aunque la tasa de mortalidad materna ha descendido de 5.4 muertes por 10 mil nacidos vivos en 1999, a 4.7 en 2000, sigue siendo un problema “social y de salud pública”; manteniéndose como causas del embarazo “la toxemia, la hemorragia del embarazo y el parto, las complicaciones del puerperio y las del aborto”. Todas prevenibles mediante la atención prenatal y las condiciones médicas adecuadas.

Destaca, por otro lado, el decrecimiento de las tasas de mortalidad por cáncer cérvicouterino (de 25 fallecimientos por 100 mil mujeres de 25 años y más, en 1990; a 16.9 en el año 2002), pero alerta el incremento de mortalidad por cáncer de mama que de 13.1 defunciones por 100 mil mujeres de 25 años y más, pasó a 14.8 en 1990 y a 15.1 en 2002.

Los indígenas son quienes resienten más la situación de pobreza: 98.2 por ciento de las localidades indígenas presentan muy alto grado de marginación (68.9 por ciento), y alto grado de marginación (29.3 por ciento) En estos casos las personas se encuentran en localidades dispersas y aisladas, y con acceso limitado a servicios básicos.

La fecundidad adolescente es preocupación de “primer orden”. La fecundidad de las mujeres de 15 a 19 años de edad se redujo de 12.3 nacimientos por cada mil mujeres en 1976 a 51.4 en 2003; y en el caso del uso de métodos anticonceptivos las cifras se elevaron de 14.2 por ciento en 1976 a 40 por ciento en 2002.

No obstante, este grupo es el que registra los mayores niveles de demanda insatisfecha de métodos anticonceptivos (25 por ciento), y el uso de medidas preventivas para evitar embarazos no planeados e enfermedades de transmisión sexual sigue siendo limitado.

Esta situación favoreció entre 1995 y 2000 la infección por VIH/Sida entre la población de 15 a 24 años misma que se duplicó de 1.7 a 3.5 por cada 100 mil personas en esas edades.

Por todo lo anterior, “uno de los retos centrales de las políticas de salud y de desarrollo social es enfrentar el reto de abatir los rezagos en salud que padecen millones de mexicanos que se encuentran en condiciones de miseria y marginación social.”

“En estos grupos predomina un perfil epidemiológico que tiene como rasgos principales tanto una elevado mortalidad infantil y general, como patrones de enfermedad y muerte asociados a la desnutrición y las enfermedades infecciosas y parasitarias”. Esto es, padecimientos asociados a la pobreza.

Mientras que en el caso de los derechos reproductivos, se requiere fortalecer las estrategias de información, educación y comunicación para promover estos derechos y crear una demanda calificada de los servicios.

En tanto que en lo práctico, el documento Cairo +10, indica que se hace necesario “asegurar la disponibilidad de una amplia gama de opciones anticonceptivas, y garantizar el abasto suficiente de insumos básicos para la atención a la salud reproductiva.”

Todo con el fin de dar cauce a lo dispuesto en el Programa de Acción de El Cairo donde se reconoce a las mujeres “el control de su reproducción libre de violencia, discriminación y coerción, condiciones del desarrollo de la población”, según lo dicho el 4 de mayo por Thoraya Ahmed Obaid.

2004/BJ/SM

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