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A 100 años de distancia

Por Cecilia Lavalle*
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Hace 100 años, 600 mujeres se reunieron durante tres días para reflexionar respecto a la condición social de las mexicanas. Eran las liberales de la época. Hablaron de educación, independencia, de libertad. ¿Qué dijeron del sufragio?
 
Era 1916 y estábamos en plena Revolución Mexicana. Pero en el sureste la historia tenía su propio reloj. Y en Mérida, Yucatán, hubo la paz suficiente para organizar al Primer Congreso Feminista.
 
En la convocatoria, emitida por el gobierno del estado, presidido por Salvador Alvarado, queda clarísimo que se trata de romper paradigmas. Se menciona que a la mujer se le “está educando para una sociedad que ya no existe”, que es necesario que tenga una “educación que le permita vivir con independencia”, y de que “pida su injerencia en el Estado”.
 
La comisión organizadora fue integrada por Consuelo Zavala Castilla, como presidenta; Dominga Canto P., vicepresidenta; Adriana Vadillo y Rosina Magaña, secretarias; entre otras. Y con el apoyo del gobierno, reunieron a mujeres de todo el estado, en su mayoría maestras, que era de las pocas profesiones a las que se permitía acceso a las mujeres.
 
Cuatro temas fueron discutidos en el Teatro Peón Contreras:
1) Los medios sociales para liberar a las mujeres del “yugo de las tradiciones”;
2) El papel de la escuela primaria “en la reivindicación femenina”; 3) Las “artes y ocupaciones” para preparar a la mujer para el progreso;
4) “Las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la sociedad”.
 
Crónicas de la época hablan de un “encarnizado y potente debate de ideas”, relata Nadima Simón Domínguez en “Los derechos políticos de las mujeres en el Primer Congreso Feminista de Yucatán” (Medio Siglo de Derechos Políticos de las Mujeres en México, Universidad Autónoma del estado de Hidalgo y Federación Mexicana de Mujeres Universitarias, 2008), de quien tomo los datos para mi reflexión.
 
Con respecto al cuarto hubo dos posturas claramente diferenciadas. Una, encabezada por Consuelo Zavala, que sostenía que la mujer todavía no estaba preparada y que, por tanto, el hecho de votar y ser votada debía dejarse “a las mujeres del porvenir”.
 
Y otra, encabezada por Francisca Ascanio, que postulaba la igualdad intelectual de mujeres y hombres; cuestionaba que a los hombres no se les pidiera preparación, pues los incultos votaban; y, como lo hiciera Olimpia de Gouges y Mary Wolstonecraft a fines del siglo XVIII, afirmaba que no le parecía natural que a las mujeres sólo les estuviera reservado cumplir las leyes, sino que debía hacerlas también.
 
Consuelo insistió en que las mujeres requerían preparación y experiencia antes de entrar a la lucha pública. Francisca sostuvo que la mujer podía participar en cualquier cargo público, y que con más instrucción lo haría incluso con mayor ventaja. Pero aceptó que se comenzara con el derecho al voto en el ámbito municipal como opinó Dominga Puerto.
 
Consuelo propuso que en la conclusión de ese tema se precisara que las reformas beneficiarían a la mujer del porvenir. Y Francisca replicó que en el porvenir se encontrarían las mismas dificultades.
 
El punto se aprobó así: “Puede la mujer del porvenir desempeñar cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del hombre, es tan capaz, como éste, de ser elemento dirigente de la sociedad”.
 
De inmediato 31 congresistas con Francisca Ascanio al frente, firmaron una protesta y propusieron que se reformara la Constitución nacional y la estatal para garantizar el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en elecciones municipales. Protesta que, evidentemente, no prosperó.
 
Al final la historia le dio la razón a Francisca. En “el porvenir” las mujeres toparon con las mismas dificultades para hacer valer los derechos políticos. 
 
A 100 años de distancia, del 13 al 16 de enero se conmemora en Mérida el Primer Centenario del Congreso Feminista.
 
Y yo estaré ahí honrando a estas mujeres que abrieron brecha. Sin duda a Francisca Ascanio y a las congresistas que defendieron nuestros derechos políticos. Pero también a Consuelo Zavala que, congruente con su postura, dedicó su vida a fundar escuelas y preparar a mujeres en el modelo de educación racional y laico.
 
Creo que a ambas les gustará saber que las mujeres preparadas de hoy comenzamos a conseguir la paridad.
 
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.
 
*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 
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