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A 22 años del sismo de 1985, no mejora condición de costureras

Por Gladis Torres Ruiz

El sismo del 19 de septiembre de 1985 dejó huellas imborrables para quienes habitamos la Ciudad de México y con el recuerdo dolor y miedo parecen estar a flor de piel.

Un número importante de mujeres fueron afectadas de manera significativa: las Operadoras de Larga Distancia de Teléfonos de México (Telmex) y las costureras de San Antonio Abad.

En Telmex, ese 19 de septiembre, a las siete de la mañana ya había entrado a trabajar el primer y segundo turno a las centrales telefónicas de San Juan y Victoria, ubicadas en el centro de la Ciudad de México, en los servicios de larga distancia e información.

“A los 19 minutos inició el horror. Unas compañeras rezando, otras histéricas. ?¡Está temblando!?, gritó una compañera. ?¡Ay, no para! ¡Dios nos ampare!?, exclamó otra. Fue un tiempo corto que nos pareció eterno. En las calles la gente se hincaba rezando con los brazos extendidos”, las personas lloraban, narra una de las operadoras de Telmex.

Se escuchaba el crujir de las paredes. De algunas avenidas salían nubes de polvo. Cuando terminó el temblor, poco a poco, y sin poder dar crédito ante lo que había sucedido, nos fuimos dando cuenta de sus consecuencias.

De repente, cuenta la mujer, se apagaron los conmutadores, no entraban ni salían llamadas. Las líneas de larga distancia que conectaban norte y sur del país estaban muertas. La torre de San Juan, el cerebro de Telmex, se había separado por completo de los edificios que la sostenían. El servicio telefónico estaba completamente interrumpido. La ciudad se había quedado aislada del resto del mundo.

Al día, el saldo era: once telefonistas habían fallecido y más de tres mil eran damnificadas y damnificados. “Aunque de técnica no sabíamos casi nada, el informe que nos dio el sindicato nos dejó perplejas”.

Quedaron destruidos total o parcialmente 50 radios de microondas, 750 grupos de equipo multiplex, seis centrales automáticas de larga distancia, dos centrales tándem y dos centrales locales. Los centros telefónicos de Victoria y San Juan -centro de trabajo de más de 2 mil operadoras- estaban totalmente inhabilitados. Un edificio se derrumbó y 24 tenían severos daños en su estructura.

“El tiempo parecía haberse detenido. Sólo quedaba miedo, dolor e incertidumbre”, enfatiza la operadora de Telmex, que ahora con la modernización tecnológica forma parte de un sector minoritario dentro de esta empresa.

TODO EN SILENCIO

El 19 de septiembre de 1985, en San Antonio Abad, a unos pasos de la entonces más grande zona comercial del primer cuadro de la Ciudad de México, los edificios –de no más de cinco pisos– fueron el sepulcro de muchas trabajadoras de la costura. No precisamente porque estuvieran mal hechos, sino porque los industriales del vestido ubicaron decenas de talleres clandestinos que dieron sobrepeso a construcciones pensadas para casas habitación.

La tragedia del sismo puso en evidencia no sólo la corrupción y el abandono del gobierno en obligaciones puntuales, sino que reveló el tamaño de la injusticia y las malas condiciones de trabajo de miles de obreras de la industria del vestido, de la empresa Teléfonos de México y de algunos talleres regados por distintas zonas de la capital.

Es de todos sabido que la corrupción se ubicó en el boom de la construcción de los años 40. La mayoría de los edificios que cayeron estrepitosamente aquel día fueron construidos durante el gobierno de Miguel Alemán, sin las condiciones requeridas para una zona sísmica.

Los pilotes especiales para edificios altos y situados en la falla que recorre una línea a partir de la parte central de la ciudad hasta la zona de la delegación Benito Juárez no fueron colocados, por ejemplo, en el gran hotel Milton, que estaba en Reforma e Insurgentes.

A 22 AÑOS DE LA TRAGEDIA

El día de hoy, a 22 años del sismo, se llevaron a cabo diversos actos recordando esta fecha dolorosa para las y los mexicanos. El Gobierno del Distrito Federal conmemoró a las 7:19 horas el 22 aniversario de los sismos de 1985 en la Plaza de la Solidaridad, donde anteriormente se ubicaba el Hotel Regis, frente a la Alameda Central.

Ahí colocó la bandera a media asta y frente a un arreglo floral, acompañado de veladoras y fotografías de aquella fecha, señaló que el Gobierno del DF tiene la obligación de preparar a la ciudad frente a un sismo como el ocurrido hace 22 años.

En tanto que en la Unidad Habitacional Tlaltelolco se realizó una misa en memoria de los fallecidos en los sismos y se encendieron veladoras. Mientras que elementos del cuerpo de rescate Topos realizó una guardia de honor. En el Zócalo, la bandera izó a media asta desde temprana hora.

La tragedia que vivieron las costureras del Distrito Federal el 19 de septiembre de 1985 parece no tener fin, ya que las trabajadoras de la industria de la confección actual viven con sueldos a destajo, en instalaciones poco seguras, sin prestaciones y carentes de protección sindical.

Para las costureras, las condiciones de trabajo prácticamente son las mismas de hace 2 décadas. Mala iluminación, escaleras estrechas. Si hoy temblara de nuevo, seguramente quedarían atrapadas otra vez en las instalaciones, pues los talleres a menudo carecen de salida de emergencia.

07/GT/GG/CV

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