Inicio A 51 años de su muerte, Gabriela Mistral no deja de publicar

A 51 años de su muerte, Gabriela Mistral no deja de publicar

Por Susana Trejo de Jesús

Mañana diez de enero se conmemoran 51 años de la muerte de la chilena Gabriela Mistral, primera mujer latinoamericana reconocida con el Premio Nobel de Literatura, quien nació el 6 de abril de 1889 en el poblado donde igualmente descansan sus restos, Vicuña, ciudad situada en el valle de Elqui.

A su muerte, su asistente y amiga Doris Dana decidió que los escritos desconocidos e inéditos de Mistral se quedaran en la Biblioteca del Congreso estadounidense. Sin embargo, Doris falleció en 2006 y la sobrina de ésta, Doris Atkinson, firmó el pasado 11 de mayo la autorización para que los aproximadamente 40 mil manuscritos originales de la escritora, valuados en dos millones de dólares, regresen a Chile.

Gabriela Mistral era el seudónimo de Lucila Godoy Alcalaya, quien se volvió autodidacta por un altercado en su escuela que la dejó fuera de la matrícula oficial. Escribió sus primeros versos a los trece años.

En 1903 hizo en dos ocasiones el examen para ser profesora rural, pero fue hasta su segundo intento cuando la aceptaron para dar clases a niñas y niños en la comunidad rural Compañía Baja, por las tardes daba clases a las personas adultas.

Algunos estudiosos dicen que rechazaron su petición para ser maestra rural porque los artículos que escribía resultaban incómodos para algunas personas. Por ejemplo, en su texto La instrucción de la mujer, publicado en La Voz de Elqui, aboga porque la mujer tenga derecho a la educación.

En 1907 fue trasladada a la escuela de La Cantera, en el pueblo de Coquimbo, donde conoció al que fue su único amor, Romelio Ureta Carvajal, ferrocarrilero, quien tiempo después dejó a Mistral para trabajar en otra región con la promesa de regresar, peroal volver él ya tenía otra relación amorosa, lo que ocasiona la ruptura de la pareja.

Más tarde, cuando ya no tenían trato alguno, la poetiza se entera del suicidio de Ureta. El hallazgo de una foto en la bolsa del saco provocó que la acusaran de ser culpable de su muerte. La tragedia de Romelio, su amor inconcluso, inspiraron Gabriela para su obra Sonetos de la muerte, publicada en 1907 que influyeron en su estilo intenso y pasional.

“Del nicho helado en que los hombres te pusieron,/ te bajaré a la tierra humilde y soleada./Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,/y que hemos de soñar sobre la misma almohada (…) Me alejaré cantando mis venganzas hermosas, /¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna / bajará a disputarme tu puñado de huesos!”, escribió Mistral en esos años.

Gabriela, en su segunda década de vida colaboró intensamente en periódicos como El Coquimbo y La Tribuna y en la revista Idea. Muerte, naturaleza, infancia, Neruda, su madre, el suicidio de su prometido y el de su sobrino, a quien cuidaba, eran los temas presentes en sus escritos, que la convirtieron en una poetiza oscura, como en Desolación (1922).

No se sabe con certeza cuánto de la obra de Mistral se desconoce o permanece inédita, ya que cada vez se suman más de sus escritos.

El investigador chileno Pedro Pable Zégers, autor del libro Gabriela Mistral y México, asegura que la publicación de este trabajo implicó un “gran problemón”, ya que “hay una serie de escritos que no conocemos por este carácter errabundo”.

Dice Pable: “No me cabe la menor duda que hacen falta agregar unas cien (páginas) más por los textos que van apareciendo sistemáticamente, no sólo en archivos públicos, sino también en archivos privados”.

EN ASCENSO

Gabriela Mistral destacó poco a poco. Como maestra viajó de un lado a otro del territorio: dio clases de secundaria en Traiguén y en la población minera Antofagasta, donde enseñó a geografía e historia.

En 1914 obtuvo su primer reconocimiento, gracias a los Sonetos de la Muerte. Siempre humilde al ser premiada, obtuvo también el primer lugar en los Juegos Florales de Santiago, concurso organizado por la Sociedad de Artistas y Escritores de Chile.

Fue en ese año, año también del inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando decidió adoptar un seudónimo. Y, entre las opciones de Soledad, Alguien, Alma, o X, se decidió por Gabriela Mistral, una combinación entre los nombres de sus autores favoritos: Gabriel D´Annunzio y Federico Mistral.

A Gabriela le afectó la guerra civil española, protestó por la intervención estadounidense en Nicaragua en contra de Sandino. Y su imagen, pintada por Diego Rivera en un mural de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se convirtió en el símbolo de la reconstrucción posrevolucionaria en México.

En 1944 Gabriela Mistral recibió el premio Nobel de Literatura –el mismo año en que se le otorgó a los científicos que descubrieron la penicilina– fecha memorable para Hispanoamérica, pues fue la primera escritora latinoamericana en recibir el galardón y la quinta mujer en recibir el reconocimiento.

Mistral padeció diabetes y murió por cáncer en el páncreas, señala Inmaculada García Guadalupe, en su cronología publicada por el Centro Virtual Cervantes, del Instituto Cervantes de España, en la Web.

Sus conferencias y su trabajo como literata le produjeron ganancias, que ella donaba a las y los niños de su tierra natal.

Intensa fue su vida, donde permanecieron el amor hacia un hombre y el amor hacia la niñez, a quienes dedicó en 1924 su poema Ternura, y también la pasión hacia el paisaje chileno, que quedó descrito en su Poema a Chile, su obra póstuma.

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