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Abusivos avalan golpes de Estado, mientras feministas exigen

Por Rosalinda Hernández Alarcón*
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Las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza, los retrocesos en garantizar una vida sin violencias y el irrespeto a la legalidad liberal que implica la división de poderes, junto con los avances de fundamentalismos religiosos y las campañas de manipulación al servicio de poderes reaccionarios han motivado a miles de mujeres de diferentes partes del continente a movilizarse.

Entre ellas hay feministas quienes están construyendo análisis colectivos que demuestran en la acción que son capaces de constituirse en sujetos políticos de cambio, que reconocen la corrupción y la inseguridad como lacras propias del sistema.

Si bien tales movilizaciones adquieren rasgos distintos, lo cierto es que existen movimientos importantes en varios países porque hay una convicción de que la mayoría de gobernantes defiende una ideología ajena a las aspiraciones ciudadanas (especialmente de las mujeres, la niñez y la juventud), al igual que un modelo que reproduce la pobreza y la dependencia.

En estas acciones se ha hecho evidente que la articulación entre mujeres incluye diferentes edades, procedencias y clases sociales, al igual que la convergencia con hombres dispuestos a rechazar el machismo junto con otras injusticias sociales. Abarca mujeres de distintos orígenes, hartas de los femicidios y de las agresiones sexuales, convencidas de que urge despenalizar el aborto y es un crimen obligar a niñas a ser madres tras una violación y dispuestas a visibilizar el racismo como una forma de opresión estructural, entre otras exigencias.

La creatividad de ellas se ha hecho evidente en las calles, las redes sociales y en diversidad de acciones. Si sus consignas y demandas mantienen enfoques críticos, se conectan con necesidades concretas y adquieren la defensa de la naturaleza, seguramente sumarán fuerzas.

Mucho hay que aprender de lo ocurrido recientemente en países del Cono Sur y México, así como de otras experiencias locales en diferentes partes de Latinoamérica. Y si bien en momento, la indignación es mucha y las perspectivas de solución lejanas, lo cierto es que –a pesar de la criminalización de activistas sociales y el predominio de la ideología opuesta a los cambios- existe una masa insatisfecha porque vive múltiples injusticias en su realidad concreta y su indignación va en aumento, por ello las campañas de manipulación pretenden borrarla en diferentes ámbitos de la sociedad, pero existe aunque todavía no se mueva.

La activista chilena Judith Muñoz Saavedra escribió recientemente que las experiencias de Argentina, Brasil y Chile “permiten vislumbrar la irrupción de una nueva y vigorosa ola feminista, nacida en el Sur y capaz de poner en evidencia las estrechas relaciones entre capitalismo, patriarcado y fascismo. Elementos constitutivos de las dictaduras cívico-militares que ya tuvieron que enfrentar las feministas de finales del siglo pasado. Porque esta nueva ola feminista es, también, continuidad de una historia de resistencia, desobediencia y luchas compartidas. Y es fruto del riguroso y arduo trabajo llevado a cabo por activistas y organizaciones feministas…”.

*Periodista mexicana, residente en Guatemala y coeditora de la publicación feminista LaCuerda.

19/RHA

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