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Abusos y arbitrariedades en el caso Nadia

Por la Redacción

Una tarde salió de su casa sin pensar que la palabra “salir” se convertiría en la más importante. Una noche no llegó a dormir y ni siquiera se reportó con su familia. Cuando su mamá tuvo noticias de ella, Nadia ya estaba encarcelada en el Reclusorio Preventivo Femenil Oriente. Desde entonces ha pasado más de un año.

Era un jueves de enero como a las seis de la tarde. Nadia y sus amigos iban saliendo de un café internet en las calles de Sur 2 en la colonia Agrícola Oriental. Solían ir allí a chatear o consultar el correo electrónico, pero esa tarde todo fue diferente.

Ella, junto con su novio y un amigo, esperaban en la esquina a otra amiga que estaba en la tienda cuando vieron que un grupo de policías encapuchados salían de una casa. Al sentirse observados, los policías se acercaron empezaron a interrogarlos.

Desde ese instante comenzó a ser tratada como criminal y de la manera más absurda, casi risible, de ser una colegiala de 18 años, se convirtió en una mujer peligrosa para la sociedad.

Cuando llegan al Ministerio Público lo primero que hacen es sacarles fotos: “Nos acomodaron y luego pusieron unos huacales delante de nosotros, los forraron con periódico y encima acomodaron una cantidad impresionante de droga.”

A Nadia la separan de sus amigos. Ella aún no entendía qué hacía allí ni para qué la querían hasta que ellos le empiezan a decir: “tú eres la buena”. Entonces ella pidió hablar por teléfono, pero antes de hacer la llamada la hicieron firmar una hoja.

Cuando Nadia les dice que va a hablar a un celular, le dicen que eso no se puede. “Es que en mi casa no hay teléfono, mi mamá sólo tiene un celular. “Mentira, seguro le quieres avisar a alguien de tu banda”. Y ella se queda sin poder hablar con su familia, sin poder hacer nada para defenderse.

Dos noches pasó Nadia incomunicada. Fue hasta el sábado en la noche cuando la trasladaron al Reclusorio Preventivo Femenil Oriente, que una señora la prestó una tarjeta y pudo llamar su madre.

“Cuando Nadia me llama, me dice que está en el reclusorio y que al día siguiente era la visita. Llegué ahí, el domingo en la mañana y a Nadia ya le estaban dictando auto de formal prisión. Yo no pude hacer nada, el abogado de oficio que le asignaron, al parecer tampoco”.

A Nadia se le acusa de portar 192 grapas. Cuando fue trasladada al reclusorio, Nadia se dio cuenta que sus amigos ya habían salido y que con ella sólo venía Julio César, el chavo que no conocía, pero que según le dijeron, era “su causa”.

Los policías presentaron una puesta a disposición. Ahí narran, con puño y letra, que mientras patrullaban la zona, vieron a tres jóvenes y a una mujer en medio círculo “sospechosos”.

Agregan que cuando se bajan de la patrulla, los jóvenes se echan a correr, y que entonces los detienen y se dan cuenta de que traían droga. Que el muchacho este, de nombre Julio César, traía un cuarto de piedra, una pistola de diábolos, una pesa y alrededor de 10 mil pesos. Que Nadia traía las 192 grapas y los otros dos muchachos, una y tres grapas.

La verdad es que la joven se resistió a ser violada y eso enfureció a sus captores.

Desde entonces a la fecha, Nadia ha tenido dos abogados: el primero, que se desapareció una vez que Carmen le dio ocho mil pesos y la abogada actual, amiga de la familia, quien finalmente fue la que le explicó a Carmen cómo era el procedimiento. Fue también a través de ella que se enteró que a su hija no sólo la acusaban de posesión sino también de comercialización.

Feministas y defensoras de los derechos humanos han hecho suya la causa de Nadia y se han sumado a la lucha. Sabine, del Movimiento Autónomo Feminista ha organizado acciones directas no violentas frente del Juzgado Quinto de Distrito donde se está llevando a cabo el procedimiento.

Adriana Carmona, de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos también ha estado asesorando a Carmen. Fue ella quien la impulsó a poner una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Hasta el momento se ha llevado a cabo la ampliación de declaraciones y tres careos entre Nadia y los policías. En uno de esos careos, la abogada constató que los policías en cuestión no tuvieron ningún entrenamiento especial para reconocer la droga. Por otro lado, hay varias contradicciones en sus declaraciones. Por ejemplo, ellos afirman que pertenecen al Grupo Sagitario de Seguridad Pública.

No obstante, cuando la CNDH realiza investigaciones, el jefe de seguridad dice que esos policías no participaron en ninguna detención ese día y que la patrulla F034 no existe. También dice que antes de la aclaró que dos de ellos sí habían pertenecido a este grupo y que uno no. Según Seguridad Pública no existe ninguna puesta a disposición de ese día.

Por esta razón y por la injusticia de la que Nadia ha sido objeto, Carmen confía en que la juez Olga Sánchez Contreras se sensibilice y tome en cuenta estas contradicciones: “Yo confío en que ella se una a la lucha contra la violencia hacia las mujeres, porque es un hecho que Nadia no es la única”.

Independientemente de la resolución de la juez y de la voluntad de las autoridades mexicanas, es un hecho que Nadia Zepeda Molina lleva más de un año presa y que al parecer, su única culpa es ser mujer.

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