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Acusan mujeres a Estados Unidos por crímenes de guerra

Por MADRE

Si los soldados estadunidenses en Fallujah tuvieran copias de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, verían que reciben órdenes de cometer algunos de los crímenes que dieron origen la Declaración –pensada para detener a los nazis—y otros instrumentos de derechos humanos.

Desde el siete de noviembre, Estados Unidos intenta conquistar la ciudad iraquí de Fallujah contra los insurgentes que controlan la ciudad desde abril. Los soldados norteamericanos han forzado la huida de las familias de Fallujah a las zonas de bombardeo: en un caso balearon a una familia de cinco mientras trataban de cruzar el río Eufrates. Amnistía Internacional estima que la mitad de los 300 mil habitantes de Fallujah lograron huir antes del ataque pero ciento de miles están atrapados una ciudad ardiente donde más de 70 por ciento de los hogares y tiendas han sido bombardeadas hasta hacerlas caer. La historia nos enseña que la mayoría de personas rezagadas en zonas de combate son mujeres que cuidan a aquéllos demasiado vulnerables como para huir: niñas y niños, mayores de 60, enfermos y heridos.

A mediados de noviembre, la Cruz Roja Internacional estimaba que por lo menos 800 civiles habían sido asesinados en Fallujah. Los voceros del Pentágono deliberadamente contaron a toda la gente iraquí como insurgentes para negarse a registrar el número de civiles muertos o heridos. Sin embargo, las imágenes de la ciudad destrozada revelan que el bombardeo de precisión es sólo un término para publirrelacionistas. De hecho, la destrucción favorecida por Estados Unidos mediante las bombas de racimo, los ataques aéreos y el fuego a distancia desde los tanques, constituyen un crimen de guerra.

Luego está la práctica de hacer blanco de la infraestructura civil, otro crimen de guerra, que inició con la toma del Hospital General de Fallujah el siete de noviembre. Según las fuerzas militares, el hospital fue un blanco porque era un centro de propaganda desde donde se esparcieron rumores sobre las bajas civiles desde al ataque de abril.

Durante la ocupación, los pacientes fueron reunidos por los soldados y se les pidió que se tiraran al piso con las manos a su espalda: otro crimen de guerra.

Dos días más tarde, Estados Unidos bombardeó el Centro de Salud de Fallujah –un crimen de guerra—matando a 20 enfermeras y médicos y a un número indeterminado de pacientes. También hay evidencia dura de que Estados Unidos utiliza napalm (arma prohibida), bombas de fósforo o impregnadas con uranio.

En una muestra de los valores morales de Washington, las fuerzas armadas se han negado a dejar entrar la ayuda de emergencia a la ciudad iraquí, otro crimen de guerra, y también se niegan a permitir la entrada de personal médico para evacuar a la gente herida a hospitales fuera de la ciudad, un crimen de guerra.

Se han dado detenciones y baleos de efectivos estadounidenses a periodistas independientes que intentan cubrir el drama de Fallujah: crimen de guerra. Una orden estadunidense de marzo del 2004 otorga amplios poderes para controlar a los medios al gobierno iraquí puesto por el país americano. El primer ministro Allawi recientemente envió una misiva a los medios de comunicación para apegarse a los lineamientos estadounidenses en la ofensiva a Fallujah o a enfrentar, de lo contrario, acción legal.

La represión mediática y la complaciente prensa comercial nos ha dejado con poca información para corroborar sobre el llamado de las familias atrapadas en Fallujah. Sabemos que la primera cosa que las fuerzas estadunidenses hicieron fue cortar el abasto de agua, un crimen de guerra. Desde entonces, las mujeres y sus familias han estado atrapadas en sus casas por toques de queda y francotiradores norteamericanos, sin agua, comida, atención médica ni electricidad.

En Fallujah, como en todos lados, la guerra contra la población civil significa una guerra contra las mujeres, que por ser las cuidadoras primarias en la sociedad, batallan para asegurar la supervivencia de sus familias de cara a los bombardeos, la deshidratación, el hambre y las infecciones. Las fuerzas estadounidenses han dejado a las mujeres de Fallujah y a sus familias a merced de esta tragedia sin ningún servicio público, lo que constituye también un crimen de guerra.

Pese a la creciente crisis alimentaria, las tropas estadounidenses distribuyen muy poca ayuda, aunque la cadena ABC informó sobre un punto de entrega donde los soldados distribuyeron el cereal Frosted Flakes y panecillos tostados. Una declaración reciente del teniente coronel Dave Bellon, cabeza del regimiento de marines apostados en el centro de Fallujah, evidencia el esquema mental capaz de ofrecer botanas americanas a iraquíes hambrientos. Bellon sostiene que Estados Unidos ha fracasado en lograr el respeto de los iraquíes porque muestra debilidad al preguntar ¿Cuáles son sus necesidades?, ¿Cuáles son sus necesidades emocionales? La gente iraquí, según Bellon “quiere saber cuál es la tribu dominante y decir ‘estoy con ustedes’. Necesitamos ser la tribu dominante y benevolente.”

REGRESO AL FUTURO

¿Qué hará Estados Unidos con la gente de Fallujah una vez que pacifiquen la ciudad? Los oficiales del ejército han anunciado planes para crear brigadas de trabajo de tipo batallón militar para que los hombres de Fallujah ayuden en la reconstrucción, una vez que las tropas estadounidenses concluyan su destrucción. La población completa será enviada a centros de procesamiento de ciudadanía donde generarán una base de datos mediante pruebas de ADN y mapas retinales. La gente entonces tendrá gafetes de residencia que tendrán que usar todo el tiempo.

* Artículo enviado por la organización internacional de derechos humanos de las mujeres MADRE, con sede en Nueva York.

Traducción: Miriam Ruiz

2004/MR

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