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Adiós a la gran rebelde negra Nina Simone

Por Carmen Torres

Nina Simone, quien falleció ayer lunes en Francia a los 70 años de edad, nunca fue fácil de clasificar.

Fue cantante de protesta, de jazz, pianista, arreglista y compositora. Se paseaba entre la canción popular, el jazz, el blues. Cantaba lo que significaba ser una mujer, de la soledad, del amor, de la dicha y la decepción.

Tuvo pocos éxitos y nunca fue una estrella muy popular. Sin embargo, sus composiciones y su manera de cantar la ubicaron dentro de las grandes divas del jazz. Considerada una de las voces femeninas más personales de la música popular del siglo XX, sabía tocar piano ya a los cuatro años.

Tampoco fue una mujer dúctil. Altanera y vulnerable, era fuertemente apasionada. Se rebeló por el maltrato de mucha de la población blanca hacia los negros.

Nacida en 1933 en una familia metodista de Tryon, en Carolina del Norte, Nina Simone, cuyo verdadero nombre era Eunice Wayman, supo muy temprano lo que significaba ser discriminada por el color de la piel.

En el curso de su primer concierto de piano en una biblioteca, sus padres debieron abandonar la primera fila en la que estaban para dejar que un grupo de blancos se sentara. Eso fue cuando tenía 10 años.

Ese episodio fue la primera de una cadena de experiencias traumáticas para ella, y está, sin duda, en el origen de su compromiso con la lucha por la libertad y por las reivindicaciones de los negros en Estados Unidos.

Gracias a la ayuda económica de su profesor de música, logró estudiar en la famosa escuela de música Julliard, de Nueva York. De allí su familia se trasladó a Filadelfia, donde intentó conseguir una beca, pero fue rechazada… por el color de su piel.

En 1954, a los 21 años, empezó a cantar en un club de Atlantic City para ayudar económicamente a su familia. Fue allí cuando cambió su nombre por el de Nina (tomado, según dicen, de la palabra castellana niña) Simone (de la actriz francesa Simone Signoret).

En 1959 grabó sus primeros discos. I Love You Porgy, de la ópera Porgy and Bess (de Ira y George Gershwin), la lanzó al estrellato y vendió un millón de discos.

Su forma de tocar el piano fue decisiva en muchas de sus interpretaciones, pero especialmente en la conocida My Baby Just Cares For Me.

La influencia de Duke Ellington es patente en toda la obra de Nina, pero muy especialmente en este tipo de composiciones rebosantes de improvisación y de cercanía espiritural.

Nina logra la complicidad del oyente con un empleo intencional de los silencios y minimizando el acompañamiento. Su voz a veces sólo susurra, pero luego grita o gime, transmitiendo todas las sensaciones que el alma humana es capaz de experimentar.

MILITANTE POR LOS DERECHOS CIVILES

Tras los asesinatos de cuatro niños negros -al ser bombardeada la escuela en que se encontraban-, en Birmingham, Alabama (1963), Nina compuso su primera canción de protesta, Mississippi Goddamn, una acusación amarga y furiosa de la opresiva situación de los negros en Estados Unidos.

En 1966, otro de sus temas, Four Women, fue prohibido en Filadelfia y en las emisoras de Nueva York porque, se dijo, era injurioso. En verdad, es una balada llena de sensibilidad.

Militante del movimiento Panteras Negras, su tema Young, Gifted and Black (Jóven, dotado y negro) se convirtió en el himno de los negros estadounidenses por excelencia.

En 1969, Nina Simone decidió dejar Estados Unidos. Martin Luther King había sido asesinado y Nina estaba harta del racismo y del mundo musical estadounidense.

No le gustaba que la encasillaran como una cantante de jazz: «Jazz es un término blanco para definir la música negra: Lo que yo hago es música clásica negra», dijo en una oportunidad.

Quizás por eso cantó versiones propias de piezas de muy variado origen, como Ne me quitte pas, de Jacques Brel, en francés; Suzanne, de Leonard Cohen; Here Comes The Sun, de los Beatles; My Sweet Lord, de George Harrison. En 1990 grabó con Maria Bethania, en 1991 con Miriam Makeba.

En 1984, la canción de su primer disco, My Baby Just Cares For Me, se convirtió en un éxito enorme al aparecer en el anuncio televisivo de un perfume de Chanel.

La canción había sido escrita para la película musical Whoopee, en 1930, una obra de Thornton Freeland y Eddie Cantor que fue cantada y bailada por Ethel Shutta.

Y un último dato. En la película La Asesina (del director John Badham y con la actuación de Bridget Fonda, basada en el filme La femme Nikita, de Luc Besson) se escuchan varios temas interpretados por Nina Simone: Wild Is The Wind; I Want A Little Sugar In My Bowl; Feeling Good; Here Comes The Sun; Black Is The Color Of My True Love’s Hair.

* Publicado en el sitio Mujeres Hoy

       
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