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Adictas al tabaco, 250 millones de mujeres en el mundo

Por la Redacción

Son adictas al tabaco 250 millones de mujeres en el mundo, con todas las implicaciones que su consumo tiene para su salud y el entorno, pues se asocia con riesgo de suicidio, depresión, ansiedad, trastornos alimentarios (anorexia o bulimia); así como con la ingesta de alcohol y otras drogas, afirmó Nazira Calleja Bello, profesora de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Al dictar la conferencia Mujer y tabaco, en el auditorio Sotero Prieto del Palacio de Minería, dijo que en la actualidad el tabaquismo está considerado como una pandemia global. Es la primera causa de muerte prevenible y al año ocasiona el deceso de cinco millones de personas.

Asimismo, abundó, este hábito le produce múltiples alteraciones que se conjugan con funciones estrogénicas y ováricas, por lo cual presenta menstruación dolorosa, fertilidad reducida, menopausia prematura, cánceres cérvico-uterinos y de mama, y osteoporosis.

En el embarazo, los riesgos se acentúan con gestación ectópica o fuera del útero, aborto, muerte neonatal, placenta previa, ruptura de membranas y parto prematuro, indicó la psicóloga en el marco de la XXVIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Si fuma durante la lactancia, advirtió, reduce el aporte y calidad de la leche al bebé y éste puede presentar bajo peso, neumonía, bronquitis y todas las afecciones relacionadas con el sistema respiratorio y circulatorio.

En la infancia los menores expuestos generan retraso en el desarrollo, enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, cólicos y, en los últimos años, se ha encontrado que el déficit de atención y la hiperactividad también están asociados con esta adicción, destacó.

Además, refirió, una madre es modelo para sus hijas; de hecho, en un estudio reciente realizado entre alumnas de secundaria, al preguntarles cuándo probaron por primera vez el cigarro, indicaron que su mamá fue quien se los facilitó.

Explicó que la nicotina ?además de ser adictiva químicamente? también lo es psicológicamente, por eso es tan difícil dejar de fumar.

Recordó que hasta hace apenas unas décadas las mujeres no lo hacían, pues estaba mal visto; sin embargo, en los últimos años las tabacaleras han jugado un papel clave en la cultura social y económica de los países al influir en ellas para que consuman tabaco.

Para estas empresas, aseveró, ésta es su mayor oportunidad de negocios, porque la conducta adictiva femenina es distinta a la del hombre. A ellas les es más difícil dejar el cigarro, y es posible que tenga mayor éxito una marca dirigida a este sector, con dosis relativamente más altas de nicotina.

En ese contexto, puntualizó, el reto corporativo es hacer que las mujeres tengan un comportamiento de apego a largo plazo. Por eso les hacen cigarros atractivos: largos, extradelgados, de colores claros, con sabores que les gusten y aromas adecuados.

Además, aclaró, por medio de la mercadotecnia hacen que sea “sexi”, social, a la moda, divertido, romántico, emancipador, adelgazador, saludable y glamoroso.

Particularmente, dijo, la publicidad dirigida a las mujeres jóvenes enfatiza las necesidades psicológicas de confianza en sí mismas, libertad, independencia y empoderamiento.

En cambio, añadió, para las adultas los anuncios responden a las necesidades de placer, relajación, aceptación social y escape del estrés cotidiano, y si además saben fumar con elegancia es una virtud.

Comentó que en la actualidad, muchas organizaciones no gubernamentales, gobiernos nacionales y organismos internacionales se han preocupado por remediar esta problemática, sobre todo porque los costos por atender a personas con enfermedades crónicas derivada del tabaco son altos.

Para ello, suscribieron el Convenio Marco para el Control del Tabaco, el cual parte del hecho de que el tabaquismo es una adicción aceptada y, por tanto, es preciso cambiar el entorno social y desestimular el consumo de cigarro, expuso.

Entre las medidas que se toman, se pide a los países incrementar el impuesto a este producto; etiquetar las cajas con advertencias claras y visibles; prohibir el uso de términos engañosos como “suaves, ligeros o bajo en alquitrán” y su publicidad; educar y hacer conciencia de los efectos del tabaco; ofrecer servicios de apoyo para dejar de fumar y proteger a la población de su contaminación, concluyó.

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