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Afectan estados mentales al sistema inmunológico

Por la Redacción

Investigadores de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, demostraron que los estados mentales y de ánimo inciden en la salud o enfermedad del cuerpo ya que afectan directamente al sistema inmunológico.

¿Qué ocurre en la mente de las personas que están siempre sonriendo? ¿Cómo funciona el cerebro de aquellos cuyos días están siempre nublados? ¿Es cierto el dicho mente sana en cuerpo sano?

Estas son algunas de las dudas que investigadores e investigadoras de la Universidad de Wisconsin, en Madison (Estados Unidos), quisieron resolver con un estudio en el que analizaron la actividad cerebral de mujeres y hombres sometidos a emociones positivas y negativas.

“Las emociones juegan un importante papel en la modulación de los sistemas corporales que influyen en nuestra salud”, explica Richard Davidson, neurocientífico y uno de los autores del trabajo.

Numerosos estudios han mostrado que conservar una actitud positiva puede ayudar a mantener a una persona sana, sin embargo el motivo hasta ahora todavía no se conocía, comenta este investigador.

Mientras que investigaciones anteriores relacionaron salud física y emoción, al igual que actividad cerebral y afectividad, Davidson comenta que nadie ha establecido una asociación directa entre la actividad cerebral y la función inmunológica o defensiva de nuestro organismo.

ORIGEN FISICO

El origen de esa relación parece estar en la actividad del cortex prefrontal, una región del cerebro que durante mucho tiempo ha sido asociada con la afectividad, que funciona de forma distinta en las personas optimistas que en las pesimistas y que está asociada con el sistema defensivo del organismo.

Esta investigación “nos ha permitido probar que el sistema inmunológico interactúa con el endocrino y el nervioso para ofrecer una protección conjuntamente”, explican los autores.

A esta conclusión llegaron después de trabajar con 52 individuos, de entre 57 y 60 años, para ver si aquellos que mostraban mayor actividad del lado izquierdo del cortex prefrontal –zona relacionada con respuestas emocionales positivas– presentaban también una inmunidad superior al virus de la gripe después de haber sido vacunados.

Para ello, se vacunó a todos los participantes contra el virus de dicha enfermedad. Antes de esta inmunización, se midió la actividad cerebral de todos ellos, al comienzo del estudio y mientras realizaban algunas pruebas de memoria.

Estos tests consistían en recordar dos hechos, uno que les hiciera sentirse intensamente felices y otro, profundamente tristes, enfadados o temerosos. Durante el minuto que estaban experimentando esas emociones, los investigadores midieron la actividad eléctrica en ambos lados del cortex prefrontal.

Fueron analizados de nuevo los niveles de actividad de esa área cerebral después de que las personas pasaran cinco minutos escribiendo sobre sucesos particulares.

A la vez fue medido el reflejo del parpadeo de los participantes como respuesta a ruidos repentinos. Estos cálculos ofrecen una forma objetiva y conveniente de saber si una persona reacciona negativa o positivamente ante un estímulo.

Finalmente, también se tomaron muestras sanguíneas en tres ocasiones durante los seis meses siguientes a la vacunación, para conocer el número de anticuerpos contra el virus de la gripe que había creado cada participante, y determinar de esta manera el funcionamiento del sistema defensivo de su organismo.

EL LADO IZQUIERO DEL CEREBRO

Los investigadores observaron que seis meses después de la vacunación, las personas que mayor número de anticuerpos tenían eran las que habían presentado una mayor actividad en el lado izquierdo del cortex prefrontal, es decir, las más optimistas.

“Este estudio, publicado en la revista Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencia, establece que las personas con un determinado patrón de actividad cerebral, que ha sido asociada con un estilo afectivo positivo son también los que muestran una mejor respuesta a la vacuna de la gripe”, explicaron los y las investigadoras.

“Es un comienzo para sugerir un mecanismo que explica el porqué los sujetos con una disposición emocional más positiva pueden ser más sanos”, agregaron.

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