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Afectaría seguridad alimentaria nacional ley de Bioseguridad

Por Soledad Jarquín Edgar

La investigadora de Erosión, Tecnología y Concentración Corporativa (ETC Group, por sus siglas en inglés), Silvia Ribeiro, pidió que los legisladores mexicanos rechacen la Ley de Bioseguridad que se discute en la Cámara de Diputados, porque pondría en grave riesgo al país.

Entrevistada al término de su participación en la conferencia sobre Biopolítica 2004, Privatización de la Naturaleza y del Conocimiento, que la Fundación Heinrich Böll realiza en esta ciudad, Ribeiro dijo que la ley busca legalizar los cultivos de transgénicos en México y pone en grave riesgo la seguridad alimentaria.

Aseguró que la propuesta legislativa que fue aprobada por el Senado de la República en abril pasado, está por debajo de las recomendaciones hechas las semana pasada por la Comisión para la Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

La integrante de ETC Group indicó que existe un avance global hacia lo que se llama confinamiento, es decir sacar del interés público tanto los recursos biológicos como los conocimientos, aspecto en el que México lamentablemente no está fuera porque se adhirió a lo que indicaba el TLCAN y la Organización Mundial de Comercio.

Esta privatización del conocimiento y de los recursos, añadió, sólo favorece a las grandes empresas trasnacionales y explicó que las 100 economías más grandes del planeta están en manos de 51 empresas y 49 países, donde por supuesto este país no está presente.

La investigadora subrayó que la enorme biodiversidad de México, como centro de origen de una gran cantidad de cultivos alimentarios, como el maíz y el frijol, entre otros muchos, es un centro de bioprospección, pero que en realidad es biopiratería, pues se llevan los recursos naturales locales que se patentan en otros países y que nos obligaría a pagar por el uso de esos recursos.

Citó el caso del frijol canario, que fue patentado por un ciudadano norteamericano, mismo que esta en litigio desde hace cinco años, lo que provocó que al menos 22 mil productores de Sinaloa no puedan seguir exportando ese grano ante el temor de los comercializadores de ser demandados, lo mismo sucede con las plantas medicinales y otras sustancias que los biopiratas han sacado del país.

Entre otros casos destaca el contrato que realizó al empresa farmacéutica Novartis con comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca, que entre 1996 y 99 sacó del país entre seis y nueve mil hongos microscópicos, endémicos de la región, y que se encuentran ahora en laboratorios suizos.

Silvia Ribeiro indicó que el caso más famoso en el sureste mexicano es el proyecto de IGBC Maya, mediante el cual se recolectaron y llevaron siete mil plantas medicinales del estado de Chiapas y aunque el proyecto se detuvo por la protesta de los organismos no gubernamentales, ahora las plantas se encuentran en la Universidad de Georgina, Estados Unidos.

Advirtió sobre los riesgos de las patentes, mismas que llegan incluso a casos increíbles como el realizado recientemente por Bill Gates, quien patentó la piel humana como método de transmisión de datos o el hecho de que la Virgen de Guadalupe es una marca registrada por una empresa China.

Mientras el nuevo sistema de comercio insiste en que la privatización del conocimiento y de los recursos es una forma para garantizar su uso por parte de la humanidad, históricamente se ha demostrado que la forma más responsable de conservar la naturaleza ha sido mediante la propiedad comunal.

Aunado a ello, también la tendencia demuestra que a mayor confinamiento de los recursos se abandona la tierra, se genera pobreza y hambre en las naciones, tal y como sucedió desde el siglo XVIII en la Inglaterra de los comunes.

Al hablar sobre las formas básicas y emergentes de la propiedad intelectual, Ribeiro advirtió sobre el uso del “lenguaje perverso” como el llamado “reparto de beneficios” y citó, entre otros, la denominación de origen que en realidad se trata de dar un valor comercial a un bien común y que termina en la posibilidad de venderse y por tanto se convierte en mercancías.

“Lo que parecía una forma de defender un derecho resulta al revés”, reiteró la investigadora de ETC Group, quien apuntó que al menos 10 empresas trasnacionales son las mismas que controlan las industrias farmacéuticas, biotecnología y genómica, alimentos, semillas, plaguicidas, bebidas y nanotecnología, con graves implicaciones sociales, biológicas, políticas y económicas para los pueblos.

Mencionó también los riesgos de la tecnología molecular o nanotecnología, al producir aparatos infinitamente pequeños. “Parece ciencia ficción”, dijo, pero Wal-Mart, que tiene 54% del mercado mexicano, ya lo hace: usa códigos de barras invisibles dentro de los alimentos y mediante los cuales, monitoreando radiofrecuencias, se puede obtener información sobre los productos incluso cuando ya fueron ingeridos por los consumidores. Ello, consideró, es una forma extrema de control a la ciudadanía.

La Conferencia sobre Biopolítica 2004 “Privatización de la Naturaleza y del Conocimiento. Bajo el signo BIOS: tecnología, ética, diversidad y derechos” se realiza este viernes 22 y 23 de octubre, con la participación de expertos de 12 países quienes revisan los resultados de los distintos procesos de negociación mundial en los que la propiedad intelectual sobre recursos vivos se convierte en un instrumento de control y privatización de la salud y de la biodiversidad agrícola y silvestre.

2004/SJ/LR

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