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Africanas víctimas de matrimonios forzados huyen de ese infierno

Por la Redacción

“Tenía 19 años cuándo mi padre me entregó a un viejo que además, estaba enfermo, pero ¿cómo podía amarlo? ¡Era un desconocido! Mi vida era un infierno, una violencia continua”, dice Thérèse y agrega:

“No he conocido el amor, la ternura, sólo la violencia y las ganas de huir… hoy estoy aquí y ¡he descubierto por primera vez lo que significa ser amado, ser respetado!” .

Thérèse es una de las cientos de huéspedes de la Asociación para los derechos de las mujeres de la casa de las Religiosas de la Inmaculada Concepción que acoge a chicas víctimas de matrimonios forzadas con la excusa de las tradiciones locales.

Esther Marie Judith, integrante de la Asociación asegura “para comprar a una mujer como esposa basta una papelera de cola, una droga que se masca, o una cabra. O bien se da a la chica como esposa porque un jefe de tribu quiere tener buena relación con otro jefe. Así sucede que una niña de 12 años es dada a un hombre de 60”.

¡Como puede una niña, honrar al padre y la madre que la han vendido, la han cambiado por una cabra. Y que la entregan a un viejo! ¡Y por la codicia de esos viejos! Se cuestiona la activista.

Según difunde la Agencia FIDES, “las niñas son atadas por sus maridos porque luego quieren huir del horror a que son sometidas. Las leyes del país africano castigan estas costumbres, pero después en la realidad es difícil hacerlas observar. Es una esclavitud contra la que debemos luchar todos, por la emancipación no sólo de las mujeres, sino también de nuestra nación y de África”.

Sor Kantyono Euphrasie de la asociación para los derechos de las mujeres de Burkina Faso (antes Alto Volta) -situada al norte de Ghana, cuya tasa de fertilidad es de 6.8 hijas e hijos por cada mujer-, afirma “las jóvenes que vienen a nosotras huyen del matrimonio forzado y tratando de olvidar hechos atroces”.

Como prueba de ello –relata el testimonio de Maria-, otra de las víctimas de matrimonios forzados: “Mis padres me entregaron a una tía que me casó cuando tenía tan solo 10 años. Pero a los 15 años me entregaron a otro marido en Costa de Marfil.

“Entonces yo huí y volví a mi aldea con mis padres, pero no me querían. Me escondí durante un mes. Luego me encontraron. Primero me pegaron y después me mandaron con mi primer marido. Mientras tanto él enfermó y ya no le interesaba. Sí, me tuvo en casa, y no sé dónde me habrían mandado, quizás a Costa de Marfil.

“Una chica del catecismo me habló de las Religiosas y me ayudó a escapar por la noche atravesando el bosque. Ahora me encuentro en el centro de las Religiosas. Desgraciadamente mis maridos han venido a buscarme. Pero las Religiosas me defienden y gracias a ellas estoy a salvo. Desde hace algún tiempo mis maridos no vienen a reclamarme, porque las religiosas han recurrido a la ley para defenderme”.

Un testimonio más es el de Gladys: “Me regalaron a un hombre que no conocía y era mucho mayor que yo. Tenía otras mujeres que me sometían a todo tipo de violencia… trabajaba incluso más que ellas. Huí y me refugie con las Religiosas. El hombre me secuestró obligándome al matrimonio. Escapé de nuevo y ahora sólo me busca para poder abusar de mí”.

Y por último la narración más dramática, la de Zalissa: “Las mutilaciones que nos hacen a las chicas es una cosa terrible y hace mucho daño. Cuando era pequeña veía lo que le hacían a las mujeres y cuánto sufrían. Durante el matrimonio, lloré. Sólo deseaba o de escapar o de morir. Cobré valor y huí del hombre al que me habían vendido. Espero que ninguna de mis amigas pase por estas experiencias porque la mutilación es una cosa desastrosa, humillante”.

En la nación africana la esperanza de vida del total de la población: 43.21 años; 42.95 años para las mujeres y 43.46 años para los varones.

2004/GV/SM

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