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Aguas residuales permiten a familia hñahñu ganarse la vida

Por Carolina Velásquez/enviada

Bajo la supervisión de estudiantes de Biología de la UNAM (FES-Zaragoza) y en coordinación con una familia origen hñahñu, en Ocotza, pequeña comunidad de este valle, está uno de los dos únicos proyectos de tratamiento de aguas residuales que, a nivel doméstico, se realizan en México.

Sin apoyo ni recursos de ninguna institución oficial, sólo en coordinación con las y los universitarios, el proyecto está a cargo de los 8 integrantes de la familia Ramírez Mendoza. Sus resultados se presentaron en el Foro Mundial del Agua, en 2004, y cuenta ya con un permiso de impacto ambiental de la Secretaría de Salud (SS).

El éxito se debe, a decir de su coordinador Noé Ramírez, a la perseverancia: “probando fuimos encontrando nuestra propia técnica” y al buen sazón de doña Clemencia, su mamá.

A través de terrazas de grava, cubiertas con cielo de polietileno de 33 metros de largo, el agua se filtra, tardando entre 14 y 16 horas en caer a los estanques donde se crían los peces, mojarra principalmente, con una producción de 100 kilos a la semana. El 80 por ciento del producto se vende en un pequeño restaurante familiar.

Encima de las terrazas se cultivan alcatraces, mil semanales, que se venden a $3.00 la pieza, como plantas de ornato en mercados y florerías de Ixmiquilpan, la ciudad más cercana a la ex Hacienda de Ocotza, población de 2,500 habitantes y que en hñahñu quiere decir “palo hueco”. El agua que sobra, luego de pasar por los estanques de cría de peces, se aprovecha para sembrar hortalizas.

Luego de una década de estar en el proyecto la familia dejó de emigrar.

“Ya nomás quedaba yo, mis hermanos estaban en los Estados Unidos. Nos volvimos a reunir y ahora todos vivimos de esto”, comenta Noé, de 35 años, quien asegura que el del 90 al 95 por ciento del agua que tratan con filtros naturales, en su terreno de 3 hectáreas, “es limpia”.

LOS CONTRASTES

Un breve recorrido en la zona semidesértica de este valle, por los municipios de Ixmiquilpan y Chilcuautla, da cuenta a quienes lo visitan, gracias a un proyecto de turismo ecológico, de los contrastes de su paisaje y el esfuerzo cotidiano del pueblo hñahñu, mal llamado antes otomí.

Terreno desigual donde se observan lo mismo tierras secas que milpas de riego para cosechar forraje, aprovechando las aguas residuales de la ciudad de México, o una zona de aguas termales, plagadas de balnearios administradas la mayoría por las y los pobladores.

Del pueblo hñahñu, aproximadamente medio millón, se dice que a pesar de las difíciles condiciones naturales en que vive ha sabido adaptarse a su medio, lo cual ha sido posible, entre otras cosas, a su destreza para aprovechar la flora y la fauna de la zona. Testimonio de ello es su cocina tradicional, en la que utilizan insectos, animales y plantas silvestres, flores, granos y frutos de la región.

La promesa que hace en este recorrido Francisco, guía de Al Natural, organismo promotor de turismo ecológico, rural e indígena, es dar a conocer la forma como se organizan algunas familias de aquí y cómo aprovechan sus recursos para generar un ingreso que arraigue a las y los lugareños, en una zona de alta expulsión de mano de obra migrante al norte de México y a Estados Unidos.

Cada año, las y los migrantes hñahñus regresan a la fiesta de su pueblo. Y si no lo hacen, desde allá forman clubes y patrocinan parte de los gastos de las fiestas, como es el caso del Festival de Huapango, que se celebra en la comunidad de Orizabita, Ixmiquilpan. Este evento, que se realiza el quinto viernes de cuaresma desde hace unos diez años, ya es de importancia nacional.

EL PROCESO

El tratamiento de aguas residuales -basura líquida que proviene de tocadores, baños, regaderas y cocinas que se desecha en las alcantarillas- a cargo de la Cooperativa La Coralilla, en la comunidad de Ocotza, es uno de los proyecto productivos exitoso en la región.

Según nos explica el guía, el tratamiento de aguas residuales –o agua residual doméstica– incorpora procesos con los que se “tratan y remueven contaminantes físicos, químicos y biológicos del uso humano cotidiano del agua”.

Su objetivo: producir agua residual ya limpia (o efluente tratado) sustituido por descargas o reutilizables hacia el ambiente, y una basura sólida o lodos también convenientes para futuros propósitos o reusos.

LAS RECETAS DE DOÑA CLEMENCIA

En Ocotza, comunidad de 2 mil 500 habitantes, nos recibe para el almuerzo la familia Ramírez Mendoza, integrantes de la cooperativa La Coralilla, quienes habitan una superficie de tres hectáreas.

Luego de la bienvenida y probar un humeante caldo de mojarra, té y café, gordas de quelites y queso hechas a mano, salsa y “pescadillas”, doña Clemencia ?cocinera y jefa de familia- da a conocer sus secretos culinarios, pues a su manera a combinado distintos ingredientes con recetas “únicas”.

A ella le debemos el éxito de este proyecto, un pequeño restaurante, confiesa su hijo Noé.

“Desde que empecé lo estoy inventando, si no, cómo lo sé”, dice una apenada Clemencia de 60 años. A través del tiempo probó una y otra fórmula al preparar los alimentos con productos de la región. Lleva apenas 5 años con sus recetas que han ganado el gusto de pobladores y turistas.

El caldo de mojarra y las pescadillas, con 16 ingredientes además de pescado deshebrado y queso, son el platillo exclusivo de la casa. Doña Clemencia las prepara con los peces que su hijo Noé cría en estanques con aguas residuales tratadas, y comenta: “Antes, aquí, en el pueblo no se comía pescado, no les gustaba, la gente mejor cazaba lagartijas”.

En el sitio donde se reciclan las aguas residuales que llegan de la Ciudad de México se producen flores, crían peces y se alimenta una pequeña laguna artificial.

Un elemento vital y que ha detonado una actividad económica muy fuerte en el Valle del Mezquital es el turismo, dice el guía. “Muchas familias han optado por el ecoturismo, aprovechando de forma sustentable los recursos naturales, como una alternativa para no emigrar a la capital del país o a Estados Unidos”.

TRATAR EL AGUA

A partir de una visita de estudiantes universitarios, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, en 1994 inició el proyecto para tratar aguas residuales.

“Llegaron así nomás buscando a ver quién se interesaba por usar unos filtros biológicos tratados para cultivar alcatraz. Venía un maestro con ellos que tenía experiencia en reuso de aguas. Me interesé y le entramos”, cuenta Noé Ramírez, quien en ese año terminaba sus estudios de agronomía en la Universidad Autónoma Agraria “Antonio Narro” de Saltillo, Coahuila.

La necesidad los obligó y así “jugando y jugando con el agua” fueron avanzando en una interacción con la FES-Zaragoza que poco a poco dio frutos. Estudiantes y maestros se encargaron de proponer las primeras técnicas de filtración a base de terrazas de grava para mejorar la calidad del agua y, hasta la fecha, de monitorear los resultados.

Noé recuerda y sonríe satisfecho: “Tuvimos resultados hasta después de dos años. Primero, aquí, me tiraban de a loco. Ahora vienen del DF y otros estados. Vamos bien. Producimos mil flores a la semana que vendemos a $3.00 la pieza en Ixmiquilpan, está el restauran con las recetas de mi mamá, que la verdá? han sido todo un éxito, y vendemos el pescado a quien lo quiera, la gente ya lo sabe comer y les gusta”.

Así, sin publicidad ni grandes letreros en la carretera, cada domingo hasta Ocotza, en el Valle del Mezquital, llegan visitantes de DF, Pachuca, Ixmiquilpan, Tlaxcala, Puebla y Querétaro en un negocio que “se recomienda solo” y que se originó a partir del agua sucia.

07/CV/GG

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