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Alcanzar un mejor funcionamiento humano, objetivo del rolfing

Por Carolina Velásquez

La integración estructural o rolfing fue nuestro tema en las entregas pasadas. Un sistema corporal que se aplica en diez sesiones continuas, en el cual mediante presiones físicas la o el terapeuta manipula el tejido conectivo (fascias) del cuerpo, buscando generar en la persona un modelo nuevo en su postura y movimiento, permitiéndole asumir una estructura (corporal) más ordenada.

Las ventajas de esta propuesta, según sus practicantes, son varias.

Crea, por un lado, en el cuerpo nuevas oportunidades de establecer relaciones más económicas y apropiadas en varios niveles: energético, mental, físico y emocional, aumentando en general mediante una amplia regeneración metabólica– la vitalidad.

Y por otro, las ganancias obtenidas por las manipulaciones en el tejido conectivo, son permanentes y progresivas. Los efectos, dicen, no se cierran al final de las diez sesiones, pueden continuar durante semanas, meses o quizá años.

La estructura del cuerpo es el tema principal y la esencia del rolfing, creado por la estadounidense Ida Rolf en la década de los ’60, destacando la necesidad de que en el cuerpo humano exista un orden sistematizado.

“Es un método físico para alcanzar un mejor funcionamiento humano al alinear las unidades del cuerpo. Invariablemente, en la materia un orden apropiado economiza más energía que el desorden”, dice Rolf (Rolfing. La integración de las estructuras del cuerpo humano, 1977).

En virtud de él, la mujer o el hombre toman conciencia de sí como una estructura más organizada y se siente revitalizada/o.

Para Rolf, la palabra estructura implica una relación.

Por tanto, una parte importante del trabajo de un terapeuta de rolfing no será cambiar la postura de la persona –como objetivo aun cuando sea un resultado—sino descubrir cual es el patrón estructural de cada persona.

Pues, subraya la creadora del rolfing, “un reconocimiento amplio de la estructura humana no sólo incluye a la persona física, sino también, en última instancia, a la personalidad psicológica, la cual abarca comportamiento, actitudes y capacidad”.

Finalmente, cabe añadir que para las y los practicantes de la integración estructural también hay resultados estéticos.

El aspecto corporal mejora, aseguran, con el surgimiento de una línea de cintura más delineada, un perfil más esbelto, una postura más erecta y una mejor distribución de la masa en nalgas, abdomen y cadera.

* Periodista y psicoterapeuta Gestalt
[email protected]
06/CV/LR

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