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Ámbar de la Educación

Por Gabriela Delgado Ballesteros

La globalización, entendida como el flujo de capital, informaciones y personas; ha determinado la inseguridad de las instituciones, en la educación superior se refleja en que los objetivos de la formación de sus estudiantes no tengan el impacto deseado por las inseguridades, los azares y los espejismos del mercado autorregulado.

En el caso de los flujos es evidente que ellos afectan a las mujeres, en cuanto que los capitales fluyen de norte a sur, la pobreza generada por esta desigualdad es una carga para las mujeres: Respecto al flujo de información es reconocido que está matizada por una serie de estereotipos que determinan prejuicios hacia el género femenino que impide el contar con los apoyos familiares y comunitarios para su desarrollo. En cuanto al flujo de personas quienes emigran por lo general son hombres vaciando sus poblaciones de origen y dejando con las responsabilidades totales a las mujeres; en el caso de que las mujeres migren su condición de género las exponen a serios problemas de violencia que van desde hostigamientos sexuales hasta la muerte.

Se ha suscitado incertidumbre y miedo: a lo otro, a qué pasara el día de mañana, al desempleo, a la mesa vacía, al desamparo de la infancia, la vejez y la edad adulta. Miedo a que aquello que se estudia no sea apropiado para el posible mercado laboral en el cual pretende uno incorporarse. La pertinencia educativa resulta ser una fantasía.

Enfocándome en la educación superior y en la historia de las universidades, desde su creación y fortalecidas por el positivismo del siglo pasado, han atomizado los conocimientos y a las personas, creando individuos especializados y solitarios que se enfrentan a una fuerza de trabajo en la cual se requiere de aplicación de saberes que van más allá de las disciplinas estudiadas.

El mundo globalizado influye en la vida diaria tanto como en los acontecimientos que se suceden a escala mundial; la transmisión rutinaria de información e imágenes a lo largo del planeta, la posibilidad de estar en contacto regular con otras personas que piensan diferente y viven de forma distinta causa temores, así como aspiraciones y crea nuevos retos a alcanzar como es el caso de los avances en la ciencia y la tecnología de punta que son evidentes para aquellos que están o se dedican a la academia.

Para bien o para mal nos vemos impulsadas a un orden global que nadie comprende del todo, pero que hace que todas sintamos sus efectos. La impotencia que experimentamos no es señal de carencias personales sino que refleja las deficiencias de nuestras instituciones. Necesitamos reconstruir las que tenemos o crear nuevas formas de educarnos.

Seguimos hablando de los procesos de enseñanza – aprendizaje como si todo fuera igual que en el pasado. No lo es. Las instituciones educativas se han vuelto inadecuadas para las tareas que están llamadas a cumplir.

La indiferencia crece en la enseñanza donde en los últimos años el prestigio y la autoridad del cuerpo docente prácticamente han desaparecido. El discurso de maestras y maestros ha perdido respeto e interés, los medios de comunicación han adquirido más relevancia que lo que se puede aprender en el aula.

Pareciera que lo común en las instituciones de educación superior es la deserción, ya sea en el proceso de formación o en el mercado laboral, pocas son las personas que obtienen sus títulos y cédulas profesionales y pocas trabajan en aquello para lo que fueron formadas. Esto despoja a las instituciones de su grandeza anterior; sin embargo, podemos pensar que el sistema funciona, las instituciones se reproducen y se desarrollan, pero por inercia, en el vacío, sin adherencia ni sentido, cada vez más controladas por los “especialistas”, todavía pensando que existe sentido, valor, allí donde ya no hay otra cosa que rutina sin sentido.

Transformar las instituciones de educación superior es un imperativo para actualizar la vida social y económica a las posibilidades técnicas, sociales y culturales; tener políticas económicas y educativas con rostro humano, en un mundo globalizado, es tomar en cuenta la condición de equidad de género, esto se refiere a que las condiciones y especificidades de las mujeres y de los hombres nos son las mismas, pero que sus derechos humanos deben garantizarse tomando en cuenta la igualdad en la diferencia ante sus deseos, su educación, su cultura, la región en la que habitan, la totalidad de sus posibilidades sociales, psíquicas; así como de sus habilidades y capacidades científicas y técnicas.

Las instituciones de educación superior requieren un cambio de rumbo en sus objetivos y modalidades de investigación, docencia y difusión, para dar respuesta los nuevos dispositivos abiertos, diversos y plurales de conocimientos complejos. En los cuales la autonomía institucional y personal es fundamental, de tal forma que se reduzcan las relaciones autoritarias e incrementando las opciones personales. Es imperativo responder a las nuevas modalidades y necesidades de la identidad y la inserción al mundo globalizado; previendo y organizando el quehacer y el tiempo colectivo en búsqueda de la calidad de vida, la participación y la expresión; rehabilitando lo local, lo regional y teniendo en mente que la diversidad del mundo es parte de una realidad nueva.

El conocimiento es un bien humano de ahí que sea necesario disolver la preeminencia de la centralidad y las brechas entre los centros globales y centros periféricos que muestran y reproducen iniquidades. Cualquier persona tiene derecho a todas las opciones disciplinarias, a la realización en el colectivo social, a ser libre de elegir entre diferentes opciones y al reconocimiento social.

En cuanto al sistema educativo se requiere de una especie de cohabitación de todos lo niveles educativos que de coherencia y articulación, sin contradicción ni postergación, para adoptar activamente y dar respuesta a los retos y riesgos que implica la globalización y mantener la educación en situaciones constantes de innovación. Vivir en una era global significa manejar una variedad de nuevas situaciones a veces desconocidas e impredecibles, es aprender en y para la vida de una forma compleja, con respeto a las diferencias y bajo la equidad de género.

En el saber es necesario garantizar la calidad de los servicios educativos, la libre circulación y transferencia de conocimientos, nada debe imponerse de un modo imperativo y duradero, la audacia tiene que ser la actitud para la innovación científica y los cambios en el modelo de las instituciones de educación superior.

Es en este sentido necesario tomar como ejemplo que las mujeres tenemos un pensamiento complejo, esto es podemos razonar paralelamente sobre diversos problemas, los cuales anteponemos como una forma de guía para su solución a partir de los conocimientos adquiridos en la escuela y los saberes de la vida, no anteponemos las disciplinas desarticulando nuestro actuar. ¿Podrán las instituciones de educación superior en cuenta las formas de ser y resolver de las mujeres?

*Investigadora del Centro de Estudios sobre la Universidad UNAM y Maestra de la Facultad de Psicología UNAM

2004/GDB/LR

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