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Amigas

Por Cecilia Lavalle

No sé si, como algunos científicos afirman, la química tiene un peso fundamental en algunas de las mejores emociones que podemos experimentar los seres humanos. Lo que sí sé es que sea como sea yo soy muy afortunada.

Recién me entero que la Universidad de Los Ángeles, California, publicó un estudio que muestra el enorme poder que tiene la amistad entre las mujeres, a partir del descubrimiento de las distintas respuestas que damos hombres y mujeres al estrés.

Durante cinco décadas las investigaciones clínicas sobre el estrés se habían realizado en varones. Así, se suponía que todos y todas al encontrarnos en aprietos o en condiciones de máximo estrés producíamos fundamentalmente adrenalina y reaccionábamos peleando o huyendo. Pero cuando se realizaron estudios sólo en mujeres los hallazgos sorprendieron.

Laura Cousin Klein, profesora adjunta del área de Ciencias del Biocomportamiento y coautora del estudio, afirmó que ante el estrés las mujeres producimos un repertorio hormonal y químico mayor al de los hombres.

Entre ese repertorio se encuentra la oxitocina, hormona que regula el deseo de huir o de agredir y provoca un sentimiento de protección maternal y la agrupación con otras mujeres como medida de seguridad.

Estas reacciones, afirma, se presentan en mayor medida en las mujeres debido a que los estrógenos femeninos aumentan la producción de la hormona, mientras que la testosterona masculina tiende a neutralizar sus efectos.

La oxitocina está relacionada asimismo, con la afectividad y la ternura, influye en el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el acto de amamantar. Incluso, en fechas recientes científicos suizos afirmaron que la oxitocina es capaz de estimular y generar la confianza, la generosidad y los lazos de afecto entre las personas.

Por todo ello se afirma que la amistad que puede existir entre mujeres es fuente de fuerza, bienestar, alegría y salud.

Se destaca, por ejemplo, que las mujeres que pueden confiar en sus amigas reaccionan a pérdidas importantes, como la del cónyuge, sin enfermedades graves y se reponen en un lapso menor que otras que no tienen en quién confiar.

En síntesis, y hasta donde entendí, la amistad entre mujeres es un maravilla gracias a la oxitocina.

Ahora bien, lo que no sé es si la oxitocina permite que mis amigas se alegren conmigo cuando la vida me sonríe y me acompañen a llorar cuando el mundo se me derrumba. No sé si es la oxitocina la que les motiva a quedarse al final de una fiesta para ayudarme a recoger el tiradero.

No sé si gracias a la oxitocina cuidan de mis hijos, me ayudan lo mismo a corregir un texto que a colgar un cuadro que a quitarme un dolor de muelas; y se preocupan cuando tengo gripa, me rompo un dedo o no sé qué ponerme para alguna ocasión especial.

No sé, tampoco, si mis amigas cuya producción de estrógenos va en franca decadencia porque atraviesan la menopausia tengan reservas masivas de oxitocina y por eso siguen siendo tan amorosas y solidarias.

Sí sé, en cambio, que pase lo que pase siempre están cuando las necesito, las invoco o las convoco. Sí sé que soy muy afortunada al tener amigas con cuya presencia me siento bendecida. Y sí sé que los lazos que me unen a mis amadas amigas no deben tener nada que ver con una palabreja tan fea como oxitocina.

*Periodista mexicana

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06/CL/LR

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