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Anticonceptivos ganan la batalla en Uruguay

Por Isabel Villar

Casi ocho de cada 10 personas en pareja en Uruguay declaran haber usado algún método anticonceptivo en su última relación sexual para evitar embarazos: 85 por ciento corresponde a estratos socioeconómicos altos y 72 a los bajos, según el estudio demográfico intersectorial Proyecto Género y Generaciones, financiado por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Más del 95 por ciento conoce el preservativo y las pastillas como métodos anticonceptivos, y efectivamente son los más utilizados: 40 y 31 por ciento, respectivamente. Comparando con los datos de la Encuesta Nacional de Fecundidad de 1986, se advierte que el uso de preservativos por parte de las mujeres se ha duplicado, en detrimento de las pastillas y otros métodos como el dispositivo intrauterino (DIU), que ha caído del 25 al 16 por ciento.

La encuesta actual confirma que, pese a la prédica de la Iglesia católica y sus aliados, no sólo el condón gana en adhesiones, sino que tanto los métodos naturales como el coito interruptus tienen una mínina expresión: 2 y 0.9 por ciento, respectivamente. Mayor presencia, pese a las dificultades para obtenerla, exhibe la ligadura tubaria: 7 por ciento. No se considera la vasectomía, por no figurar en el horizonte de opciones de la población.

Un dato auspicioso es el nivel de conocimiento de la anticoncepción de emergencia: 67 por ciento en general, llegando al 80 por ciento entre las y los adolescentes.

Una de cada cuatro uruguayas nunca acudió a una consulta ginecológica sin estar embarazada, una evidencia de que el modelo materno-infantil vigente hasta los cambios introducidos por la presente administración no estimulaba el autocuidado.

El 20 por ciento de las mujeres de entre 20 y 59 años no se hizo examinar las mamas por un ginecólogo y el 30 por ciento nunca se realizó un Papanicolaou (PAP), necesario para prevenir el cáncer cérvico-uterino. Incide el nivel socioeconómico: cuanto más bajo, menos prevención.

VIH-SIDA: EL DISCURSO FUE APRENDIDO PERO NO SE CREE

Dos décadas después de instalada la epidemia de VIH-Sida, el 38 por ciento de la población encuestada sigue creyendo que no tiene ningún riesgo, y el 51 por ciento estima que es pequeño o moderado; sólo un 8 por ciento lo toma en serio, opinando que es alta su probabilidad de adquirir el virus.

En cuanto a las conductas preventivas, casi la totalidad (96 y 95 por ciento, respectivamente) menciona el uso de preservativo y no compartir jeringas; la pareja única y fiel es invocada por el 91 por ciento.

La amplísima mayoría (96 por ciento) está de acuerdo en que las personas que viven con VIH-Sida reciban asistencia y tratamiento gratuitos, y el 71 por ciento acepta que niñas y niños portadores compartan aulas con otros infantes.

Finalmente, en lo que se refiere a violencia familiar, más de nueve de cada diez personas sin distinción de sexo identifican la violencia física como forma de violencia familiar existente, mientras que sólo el 28 por ciento de las mujeres y el 27 por ciento de los varones perciben la violencia sexual como una manifestación de lo mismo.

05/IV/GM

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