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Apenas 32 por ciento de cubanas ocupan cargos de dirección

Por Helen Hernández Hormilla
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La sobrecarga doméstica y familiar de las mujeres afecta la eficiencia y productividad de la economía, y limita el desarrollo del capital humano e intelectual acumulado por ellas, sostuvieron especialistas durante un taller sobre indicadores en la gestión empresarial celebrado el pasado 15 de noviembre en esta capital.
 
El encuentro, convocado por el grupo Gestión del Conocimiento y la Tecnología (Gecyt) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, se orientó a profesionales del mundo empresarial en Cuba para sensibilizar al sector en la importancia de diagnosticar las brechas de género en las empresas y realizar acciones para erradicarlas.
 
La economista Teresa Lara explicó que los roles tradicionales de género terminan limitando a las mujeres en el ejercicio de responsabilidades de dirección o a la hora de asumir horarios inflexibles, sin que existan mecanismos de apoyo en la estructura empresarial para responder a estas situaciones.
 
Estilos patriarcales de dirección, planificaciones poco ajustadas a las capacidades reales y jornadas laborales que se extienden más allá de las ocho horas establecidas por derecho para trabajadores y trabajadoras, son algunos de los factores coadyuvantes para esta situación.
 
Aunque las cubanas son más del 65 por ciento de la fuerza técnica y profesional en el país, solo representan el 38 por ciento de las ocupadas en el empleo total y se concentran en los trabajos con menor remuneración, fundamentalmente en el sector de los servicios (62 por ciento), según cifras oficiales.
 
La brecha entre el talento y los niveles de ingreso de las mujeres requiere ser atendida en un contexto de reforma económica como el que experimenta el país, donde se redefinen modalidades de empleo y el sector estatal revalúa sus “plantillas infladas” (excesivas).
 
Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información refieren que en 2011 salieron del empleo estatal 24 mil mujeres, mientras que los hombres se incrementaron en más de 49 mil. En el mismo lapso, ellas alcanzaron una tasa de desocupación de 3.5 por ciento, con 15 mil mujeres más que el año anterior.
 
En su evaluación de las estadísticas públicas, Lara aprecia un incremento de las mujeres capacitadas y en edad laboral entre la población “que no busca empleo”, un signo de que ellas pudieran estar optando por actividades económicas informales para asumir en casa las necesidades del cuidado familiar, entre otros motivos.
 
Las mujeres no superan el 32 por ciento en los puestos de dirección, ni siquiera en sectores como la salud y la educación, donde son mayoría entre las personas ocupadas.
 
“La decisión de quién es promovido tiene alto componente subjetivo”, expuso Lara aludiendo a la subvaloración generalizada de las mujeres para ejercer este tipo de cargos debido a sus responsabilidades hacia sus descendientes y adultos mayores de la familia.
 
Si bien la paridad de salarios y la igualdad de acceso al trabajo están garantizadas por la ley cubana, las mujeres terminan ganando menos en las empresas porque pierden estimulaciones salariales cuando se ausentan o llegan tarde por cuidar a algún familiar, incluso si han cumplido eficientemente con su plan de trabajo.
 
“Es necesario establecer políticas de Estado para aprovechar la capacidad de las mujeres que se escapa por la desigualdad”, sustentó la especialista. Lara sugirió flexibilizar los medidores de cumplimiento para que ellas no queden en desventaja. “Eficiencia no es sólo productividad”, refirió.
 
Su propuesta es crear un sistema de indicadores que, a partir de los datos recabados en departamentos de recursos humanos y otras instancias evaluativas de calidad de las empresas, diagnostiquen el estado de las relaciones de género y analicen soluciones específicas.
 
Los indicadores propuestos por la especialista van desde lo cuantitativo a lo cualitativo y responden a una metodología flexible a las necesidades de cada organización.
 
Entre ellos se incluye el porcentaje de trabajadores y trabajadoras, desglosados por diferentes condiciones contractuales, por edad y años de antigüedad en la empresa.
 
Además, la distribución funcional y ocupacional, índice de ausentismo y causas, horas laborales trabajadas por sexo, índice de segregación ocupacional, diferencia salarial entre mujeres y hombres, relaciones entre productividad y dirección masculina o femenina, entre otros.
 
Por otra parte, debe estudiarse el aporte del trabajo doméstico no remunerado a las dinámicas económicas del país y medirlo como parte del Producto Interno Bruto (PIB), indicó la economista.
 
En el encuentro trascendió también la aplicación en Cuba de un estudio piloto para aplicar un Sistema de Gestión de Equidad de Género a las empresas interesadas, según experiencias similares de 12 países de la región.
 
El proyecto está acompañado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y se aplica de manera experimental hace un año y medio en nueve entidades de la agricultura. En 2014 comenzará en otras tres del sector salud.
 
La especialista del PNUD Inalvis Rodríguez explicó la intención de conformar una norma para garantizar el ejercicio de los derechos laborales entre mujeres y hombres, con la posible creación de un Sello de Equidad de Género para las empresas comprometidas con esta causa.
 
Los requisitos a evaluar comprenden varios niveles, desde el compromiso con la igualdad hasta su consolidación.
 
Entre lo más novedoso para el contexto cubano, destaca la mirada a la conciliación entre familia y trabajo con un enfoque de respeto a los derechos laborales, pues el sello tiene en cuenta las acciones de cada empresa para favorecer el cuidado familiar y doméstico.
 
Los beneficios directos radican, a decir de Rodríguez, en la consolidación de los colectivos, mejores resultados económicos y en las dinámicas laborales, mayor índice de permanencia de su personal y prestigio ético.
 
Durante el taller se impartió además la conferencia “La evaluación de empresas: uso de indicadores de gestión”, a cargo de Sergio Espinosa Moré, segundo jefe del Grupo Ejecutivo de Perfeccionamiento Empresarial.
 
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