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Apoyo a las mujeres, vía para librar la crisis económica

Por Guadalupe Cruz Jaimes

La pérdida de crecimiento económico, la sobrecarga de trabajo doméstico y las peores condiciones laborales de las mujeres en tiempo de crisis, las coloca, junto con las niñas y niños, en mayor riesgo de aumentar sus niveles de pobreza y de entrar al sector de la economía informal, coinciden autoridades mexicanas y organismos internacionales.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, asegura que la caída de 1.9 por ciento del producto interno bruto en América Latina y el Caribe repercutirá directamente en la pérdida de empleos de contratación formal y de salarios “dignos” para las latinoamericanas y caribeñas.

En México la situación es más grave, pues registró la mayor disminución del PIB de toda la región en el primer semestre de 2009. Su crecimiento económico fue menor a 9 por ciento, que implica un aumento de las mujeres en la economía informal, dijo Bárcena durante el seminario Análisis de la crisis económica y financiera desde la perspectiva de género: entendiendo su impacto sobre la pobreza y el trabajo de las mujeres, realizado el 23 y el 24 de julio en esta ciudad.

“El punto de partida de ellas siempre es peor que el de los hombres”, opina Bárcena, por eso el desempleo en la región es en promedio 3 por ciento mayor para las mujeres, comparado con el de los varones.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía parecen demostrar lo contario —en junio pasado, la tasa de desocupación en las mujeres avanzó de 3.93 a 4.82 por ciento frente a la masculina, que pasó de 3.31 a 5.37 por ciento—pero su estadística no incluye contempla a las personas inmersas en el sector informal, con mayoría de mujeres, y del sector terciario (comercio y servicios), donde se ocupa 80 por ciento de las trabajadoras en el país, explica Carmen Ponce, economista especializada en temas de género.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2008, en el país cuatro de cada diez personas que trabajaban en la informalidad son mujeres y tres de cada diez son hombres.

CONSECUENCIAS

Ponce considera alarmante que las cifras del INEGI contradigan las estimaciones de organismos internacionales, que señalan como consecuencia de la crisis niveles más altos de desempleo femenino, “porque si no se reconoce, no hay manera de llevar acciones para abatir el impacto de la crisis sobre ellas”.

Rocío García Gaytán, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, sostiene que las mujeres resentirán más el impacto de la recesión económica debido a que la mayoría de los 16 millones de trabajadoras en el país se ocupa en el sector terciario, “uno de los más afectados por la crisis”.

Esta situación se agudiza por la terrible combinación de desempleo y pobreza, ya que, a diferencia de otros países del mundo, en Latinoamérica y el Caribe, con 180 millones de pobres, cuando una persona “pierde el trabajo, lo pierde todo” por los esquemas insatisfactorios de seguridad social y los inexistentes seguros de desempleo, opina Bárcena.

En México la pobreza aumentó en los últimos dos años y se espera un crecimiento aún mayor durante 2009, opina la economista Carmen Ponce, quien además pone en duda los resultados que recién dio a conocer el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, donde se dice que en el país hay 50.6 millones de personas pobres de patrimonio, es decir, no cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de salud, de educación, de alimentación, de vivienda, de vestido y de transporte público.

Al respecto, la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer estima que 70 por ciento de las habitantes del país viven en pobreza.

Carmen Ponce agrega que un factor a tomarse en cuenta es el cruce de la pobreza y la discriminación, que padece, según el Coneval, 30 por ciento de las mexicanas. “Diversos estudios confirman que las personas que padecen exclusión tienden a vivir en condiciones de mayor pobreza y marginación”, expresa Ponce.

De 2006 a 2008, el porcentaje de personas en condición de pobreza alimentaria a escala nacional aumentó de 13.8 a 18.2 por ciento. Y las que padecen pobreza patrimonial en el país pasaron de 42.6 a 47.4. Por la crisis económica, refiere Carmen Ponce, la proyección para este año y 2010 se vislumbra “aún peor”, sobre todo para las mujeres que se ocupan en la informalidad, los servicios y el comercio, donde además de recibir bajos salarios, no cuentan con seguridad social.

MÁS TRABAJO EN EL HOGAR

En este momento de crisis económica otro factor que se suma a los que desfavorecen la situación de las mujeres es la “sobrecarga” de trabajo doméstico.

Según la Cepal, en Latinoamérica y el Caribe entre 22 y 46 por ciento no cuenta con ingresos propios. De ellas, 81 por ciento trabaja sin remuneración, 73 por ciento realiza trabajo doméstico, 11 por ciento están desocupadas y 8 por ciento laboran en actividades económicas familiares.

La responsabilidad de las tareas domésticas y el cuidado de las y los hijos recae principalmente en las mujeres. Ellas se dan a la tarea de conciliar las labores del hogar con el trabajo remunerado sin encontrar opciones que les garanticen el respeto de sus derechos, por el contrario “pierden, en el ámbito de las remuneraciones, prestaciones” ante la necesidad de tener un ingreso en horarios que les permiten llevar a cabo la doble jornada, afirma la secretaria ejecutiva de la Cepal.

Ante este escenario, Gladys Acosta, jefa para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, exhorta a los gobiernos de la región a ofrecer condiciones más justas de trabajo y oportunidades de desarrollo para las mujeres, niñas y niños latinoamericanos y caribeños para que se garantice el respeto de sus derechos y la red de contención que ellas forman no se rompa.

09/GCJ/GG

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