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Argentina: “la lógica demencial del femicidio” *

Por la Redacción

El crimen de María Soledad Morales, en Catamarca, puede inscribirse como parte de una zaga de asesinatos de género que incluye el caso de Liliana Tallarico o las 113 puñaladas de Carolina Aló. O los crímenes sexuales de Mar del Plata. Todos tuvieron un punto en común: fueron producto de las desiguales relaciones de poder entre hombres y mujeres y parecen responder a la lógica demencial del femicidio.

El concepto de femicidio se refiere al asesinato de las mujeres por el hecho de ser tales y opera como forma de dominación, poder y control hacia las mujeres. El asesinato de género puede existir en condiciones de paz y de guerra. Puede ser cometido por conocidos ?maridos, convivientes, novios, familiares, amigos? o desconocidos ?violentos, violadores, asesinos, grupos criminales?.

Todos tienen en común su origen en las relaciones desiguales de poder entre los hombres y las mujeres. Hay femicidio/feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad o en la casa. Más aún, cuando las autoridades no cumplen con eficiencia sus funciones.

Este es un recuento de tan sólo 10 casos, de los muchos que se han cometido en este país latinoamericano, donde las víctimas son mujeres argentinas, pero el agravio es para todas las del mundo.

MARÍA SOLEDAD MORALES

La sociedad pone en jaque a los “hijos del Poder”

El 11 de septiembre de 1990 fue hallado el cuerpo de María Soledad Morales, con evidentes signos de haber sido violada, en un descampado a siete kilómetros de la capital catamarqueña. Las pericias dictaminaron que la muerte de la estudiante de 17 años ‘ocurrió por una feroz golpiza que recibió y un paro cardíaco posterior’. Luego se comprobó la presencia de cocaína en su organismo.

El asesinato reveló una trama de encubrimiento entre investigadores policiales, poder político, Iglesia Católica y medios de comunicación locales, y el caso derivó en la intervención del Poder Judicial catamarqueño primero y de los otros dos poderes después.

Los catamarqueños señalaron a los “Hijos del poder” y se movilizaron para esclarecer el asesinato. El 13 de septiembre de 1990 se realizó la primera Marcha del Silencio que tuvo a la monja Marta Pelloni como una de sus impulsoras.

En 1996 se inició el juicio oral, anulado por imparcialidad de los jueces en el que fueron imputados Guillermo Luque y Luis Tula. Un nuevo juicio se inició en 1998 y el 27 de septiembre, luego de siete años, la Justicia condenó a 21 años de prisión por el asesinato y violación de María Soledad a Guillermo Luque, y a 9 años de prisión a Luis Tula como partícipe secundario del delito de violación agravada por el uso de estupefacientes. Ambos ya están libres.

Los jueces dieron por cierta la acusación del fiscal Gustavo Taranto: a la estudiante la llevaron a una fiesta sexual donde la violaron entre dos y cuatro personas, tras suministrarle una dosis letal de cocaína que le provocó la muerte. El Tribunal ordenó investigar el encubrimiento, procedimiento que no determinó responsables.

GLADYS MAC DONALD, ELENA ARRECHE, ADRIANA BARREDA Y CECILIA BARREDA

‘Me sentí degradado, no aguanté más y comencé a disparar’

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda mató a su esposa, sus hijas y su suegra.

Fue condenado, en abril de 1995, a reclusión perpetua por triple homicidio calificado y homicidio simple. La condena no está firme porque fue apelada ante los tribunales superiores.

Barreda nunca negó haber asesinado a las mujeres, pero se justificó diciendo que dentro de la casa lo maltrataban. Frente al juez dijo que las asesinó debido a “la humillación y degradación a que era sometido” y que al hacerlo sintió ‘alivio, liberación’.

La defensa del homicida pidió la revisión del fallo y la reducción de la pena, pero la condena se ratificó. Luego solicitó el arresto domiciliario al cumplir los 70 años pero le fue negado.

Hoy cumple condena en la Unidad 9 de La Plata y espera acceder al beneficio del 2X1. Sus abogados dicen que “si se computa doble el tiempo que pasó con prisión preventiva, ya cumplió 22 de los 25 años de condena’, los tres años que restan los pasaría con arresto domiciliario.

*Este material fue realizado por la Corresponsalía en Argentina de difusión de la Campaña por los 16 días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres.

06/GG

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