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Arropan a Lydia Cacho ante hostigamiento latente en su contra

Por Adriana Varillas

Lydia Cacho está viva. Después de 27 amenazas de muerte y el atentado sufrido a bordo de una camioneta; después de ser torturada durante un trayecto de más de dos mil kilómetros en carretera –de Quintana Roo a Puebla– hace casi una década.
 
Viva, después de un proceso judicial económica, física y emocionalmente costoso; tras campañas de desprestigio que intentan afanosamente desacreditar su trabajo periodístico.
 
Viva, pese a la persecución y el hostigamiento que sigue enfrentando por parte de “Los Demonios del Edén” y de sus cómplices, cuyos tentáculos se mueven dentro de la política mexicana, el mundo empresarial y el ámbito periodístico, para intentar desprestigiarla o silenciarla.
 
Viva, más allá de la sentencia que –sabe– firmó al documentar y denunciar la operación de una red de pornografía y comercio sexual infantil, asentada en Cancún, cuyos integrantes y protectores permanecen impunes, despachando desde los más altos círculos de poder en México, con excepción del otrora magnate, Jean Succar Kuri, sentenciado a 113 años de cárcel.
 
“Con perdón de quienes sé que están sufriendo más que cualquiera de nosotros, sí quiero celebrar que estamos aquí (…); sí quiero celebrar que estamos con vida y que nos estamos viendo a los ojos”, expresó Lydia Cacho la noche del jueves 24 de septiembre, cuando centenas de personas acudieron a la presentación de la segunda edición de su libro, “Los Demonios del Edén”.
 
Frente a centenas de personas, que esa noche llenaron el Museo de la Ciudad de México, en el Centro Histórico, Cacho Ribeiro afirmó que la sonrisa y la salud de las niñas sobrevivientes y el saber que han retomado su vida o que incluso alguna estudia la carrera de Psicología, “me recuerdan que todo ha valido la pena”.
 
Parafraseando el mensaje que algunas de estas niñas quisieron hacer llegar, dijo que “la justicia sí existe, aunque se haga a cachitos”, y que si bien no todos los participantes de la red de pornografía y explotación sexual infantil están presos, “sus vidas sí quedaron tocadas”, gracias a la valentía de las niñas, al periodismo que dio voz a las víctimas y fue a fondo en la investigación en contra de los implicados, y a la acción ciudadana.
 
Cacho Ribeiro reiteró que deseaba celebrar que estaba viva y que esas niñas lo están “gracias a que alguien las escuchó y me escuchó”, refiriéndose a las y los periodistas que dieron seguimiento al caso Succar Kuri y al suyo, a partir de la persecución de la que fue y sigue siendo objeto por parte de “Los Demonios del Edén” y de sus cómplices y protectores.
 
Para celebrar su vida y la de las niñas y adolescentes de entre 11 y 17 años de edad –víctimas de la red de explotación sexual comandada por Succar Kuri, alias “El Johny”–, ellas estuvieron ahí con la periodista.
 
También acudieron Javier Sicilia, el poeta transformado en activista, luego del asesinato de su hijo; Carmen Aristegui, la comunicadora con mayor credibilidad en México y la quinta mujer más poderosa e influyente del país, de acuerdo con la revista Forbes.
 
Igualmente, el secretario de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, Eduardo Vázquez Martín; el académico y especialista en temas de seguridad, Edgardo Buscaglia –cuyo mensaje fue transmitido vía internet–, y Ricardo Cayuela, editor de Random House, la firma editorial que publicó la primera edición de “Los Demonios del Edén”.
 
Afuera del recinto, una multitud que no alcanzó a entrar pedía el acceso, tocando la puerta o a gritos, mientras en el interior se transmitía un video a manera de recuento sobre el caso de un grupo de menores de edad, que reside en Cancún, cuya valentía y aplomo fue clave para dar a conocer la existencia de la red de pornografía infantil, su desarticulación y el castigo de al menos uno de sus principales operadores.
 
Vázquez Martín, el primero en ponderar la importancia de “Los Demonios del Edén”, documento periodístico que “logró desarticular una cruel red de trata y pornografía infantil”, resaltó que además de aportar elementos para la elaboración de leyes que castiguen ese tipo de delitos, Lydia Cacho hizo algo más.
 
El funcionario mencionó que la periodista dio voz a las víctimas, dibujó su contexto social, explicó su desamparo, pobreza y fragilidad; y sobre todo “el valor y la dignidad con que muchas de ellas afrontan el infierno que se les impone y se rebelan a él con una entereza y dignidad ejemplar”.
 
Añadió que las consecuencias de aquello convirtieron a la también autora de “Esclavas del Poder”, en víctima de esa misma red de empresarios, políticos y autoridades, que se confabularon para iniciar en su contra procesos judiciales, persecución y presiones que se han mantenido hasta la fecha.
 
“Ella misma ha sido víctima del hostigamiento de la red que su trabajo ha puesto en evidencia”, advirtió.
 
Para el investigador por la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, Edgardo Buscaglia, el resultado del trabajo periodístico de Cacho Ribeiro se tradujo “en mejores instrumentos jurídicos” para combatir y castigar delitos como la pornografía y explotación sexual infantil, modalidades de la trata de personas.
 
Y es también –indicó– una muestra de cómo identificar y neutralizar a “estos demonios” que se instalan en el poder político y empresarial, y recordó algunos de los nombres que aparecen en el libro: Emilio Gamboa Patrón, Miguel Ángel Yunes, Alejandro Góngora, Jean Succar Kuri y Kamel Nacif, entre otros.
 
Presentada por el secretario de Cultura como una periodista que “no se pone al servicio de banderas políticas, ni de poderes económicos”, Carmen Aristegui evocó el diálogo telefónico entre Mario Marín, entonces gobernador del estado de Puebla, y el empresario textilero Kamel Nacif, difundido en el diario La Jornada a través del trabajo periodístico de la reportera Blanche Petrich.
 
Aristegui puso en contexto a los poderes que, como parte de un pedazo de la historia, enfrentó Cacho Ribeiro, “una periodista valiente que un buen día se topó con la historia de una niña”, una niña que fue seducida por Jean Succar Kuri.
 
“Esa periodista quedó tocada” –resaltó Aristegui– y decidió dar seguimiento al caso de esa niña y de las otras  y otros que fueron sumando la lista de víctimas del pederasta y de la red criminal que encabezó.
 
Esa investigación, que incluyó la obtención y el análisis de material fotográfico, videos, audios y testimonios, “descubrió una red de la cual era y es partícipe Jean Succar Kuri”.
 
Aristegui también nombró entre los cómplices del pederasta a Kamel Nacif, el llamado “Rey de la Mezclilla”, quien hace casi una década llevó a juicio a Cacho Ribeiro, valiéndose de sus influencias y amistad con Mario Marín.
 
“Succar Kuri arremetió contra esa periodista con toda la ayuda, no sólo de un gobernador, sino de todo un sistema de justicia que se puso a la orden de ese gobernador y que usa para la venganza del empresario, contra la periodista (…).
 
“Gracias a las gestiones de Mario Marín, a petición de su amigo Kamel Nacif, la procuradora de Puebla y todo el sistema judicial hicieron lo necesario para ir por Lydia hasta Cancún y llevarla en un trayecto infernal hasta Puebla”, recordó sobre la detención de Cacho Ribeiro en diciembre de 2005, concretada por dos agentes poblanos, con la colaboración de la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo.
 
La comunicadora remarcó la importancia de la activación de redes de periodistas locales y nacionales –entre ellas la agencia Cimacnoticias, encabezada por Lucía Lagunes–, activistas nacionales e internacionales, y amigos de Lydia Cacho, para dar la voz de alerta sobre su aprehensión y traslado durante 20 horas por carretera de un estado a otro.
 
Ese factor –subrayaría Cacho Ribeiro en su oportunidad– fue decisivo para salvarle la vida.
 
“No sabemos si hubo intenciones (durante el trayecto) de eliminarla de otra manera (…); pudo haber pasado cualquier cosa”, observó Aristegui.
 
La periodista abordó la colusión de servidores públicos para concretar la venganza de Succar Kuri y Kamel Nacif, a través del aparato gubernamental de Puebla, en contra de Lydia; la llegada del caso hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la solicitud de juicio político en contra de Marín, como capítulos de una historia de “luces y sombras, de virtudes y vilezas”.
 
Al terminar su intervención, afirmó que Lydia Cacho “es parte del México que se resiste a la reinstalación autoritaria” que enfrenta el país, y calificó su trabajo como “profundo, emblemático, incisivo y trascendente”.
 
En su turno, Javier Sicilia, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, coincidió en que la investigación periodística de Cacho sigue siendo una denuncia, pues varios de los integrantes de aquella red delictiva permanecen impunes, y existen políticos y empresarios que “siguen consumiendo prostitución”, bajo la premisa de que “los niños de nuestra patria pueden ser usados como mercancía”.
 
Lamentó la persecución que sufren tanto Aristegui, como Cacho, a quienes agradeció por “mantener la dignidad de los vivos y de este país”; y auguró que el hostigamiento hacia el periodismo ético, honesto y crítico prevalecerá, lo cual implica “la persecución de toda la sociedad”.
 
Lydia Cacho, antes de concluir el evento, subrayó que en la historia que vivió junto con las niñas, hubo policías, jueces, autoridades, ciudadanos que resistieron y nunca se dieron por vencidos ante el miedo o la corrupción.
 
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