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Atrapada en un laberinto de acoso sexual y omisión judicial

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa
violencia02adnarg_blogspotcom

Laura tiene 32 años y es madre soltera de dos menores de edad; desde 2012 hasta principios de este año fue también víctima de acoso sexual y hostigamiento por parte de quien era su jefe directo, Gonzalo Mendoza Ríos, gerente de ventas de la línea de autobuses Enlaces Terrestres Nacionales (ETN).
 
En mayo pasado Laura denunció la agresión, pero a cambio se encontró con el enjuiciamiento de sus compañeros y compañeras, se quedó sin empleo y recibió el maltrato del sistema judicial.
 
En entrevista Laura cuenta que desde 2009 inició a trabajar como taquillera en la empresa ETN, siempre bajo la responsabilidad de Mendoza Ríos, quien era su jefe directo en una de las sucursales.
 
En 2012 ella enfrentó una separación conyugal, por lo que tuvo que cambiar de domicilio y encargarse de la manutención de sus dos hijas, una de ellas en ese entonces recién nacida. Ante ello pidió permisos y cambios de horarios en reiteradas ocasiones para realizar trámites, así su jefe se enteró de la separación marital.
 
Apenas Mendoza Ríos supo la noticia le dijo a Laura que entendía  su situación y que la apoyaría aprobándole comisiones especiales y promoviéndola de puesto, siempre y cuando aceptara tener una relación sentimental con él. Además, en varias ocasiones la llamó para que acudiera a solas a su oficina.
 
Insistentemente le decía que quería apoyarla. Dos meses después, durante una de las reuniones privadas, empezó a acariciarle la mano, a presionarla para invitarla a comer, e incluso le mandó mensajes en los que le advertía que la estaba observando a través de las cámaras y que le gustaban sus piernas.
 
Laura, quien se sentía confundida e incómoda con la situación, no se atrevió a manifestar sus emociones; no obstante, por lo evidente del acoso, sus compañeras y compañeros le hacían burla. Un año después de que iniciaron las agresiones, dos compañeros que la pretendieron fueron despedidos por su jefe, quien le recriminaba que otros hombres la buscaran.
 
A este punto, dice, tuvo malestares físicos: sentía ansiedad y sufría ataques de pánico por el acoso, daños que fueron constatados en pruebas médicas que están en su poder. También tenía miedo de ser despedida si no accedía a estar sola con él y tenía mucho temor de que la viera acompañada, sobre todo ahora que acababa de iniciar una relación sentimental con una persona externa a su trabajo.
 
Una de las ocasiones en las que Mendoza la mandó a llamar intentó besarla y la tocó. Cuando sucedió esto, Laura quiso poner un alto, pero él la presionó y le dijo que “dejara de verlo como un jefe porque también era un hombre”. Ese día ella salió de su oficina, no comentó con nadie la agresión, regresó a su casa y en el baño intentó suicidarse.
 
Cuando regresó a su trabajo después de tres días de incapacidad, Gonzalo Mendoza –quien la misma tarde del intento de suicidio la vio acompañada de su novio– llamó a Laura a su oficina.
 
Criticó su trabajo y le hizo saber que “ya no era productiva para la empresa”, y le propuso renunciar o cambiar de área en otra sucursal y ahora como telefonista, lo que implicaría que Laura invirtiera más tiempo en el traslado y tuviera que aprender desde el principio esta nueva labor.
 
Sobrevino un hostigamiento constante. Mendoza Ríos la exponía frente a sus compañeras, motivaba la rivalidad entre ellas y la insultaba. La hacía trabajar turnos extras y no le permitía descansar. En una ocasión, mientras Laura se encontraba en el baño, éste abrió la puerta y, a la vista de todos, la mandó de regreso al trabajo.
 
Debido al hostigamiento, ella padeció nuevamente ansiedad y depresión, pero estaba segura de que no quería perder su trabajo. En mayo pasado pidió vacaciones, mismas que Gonzalo Mendoza le autorizó con la advertencia de que al regresar ya no tendría trabajo.
 
Por todo esto, el pasado 3 de junio Laura solicitó por escrito una audiencia con Gustavo Ascencio Origel, gerente operativo de Ventas de la empresa, para informarle el acoso y el hostigamiento. Nunca recibió respuesta.
 
Cuando terminaron sus vacaciones, según narró Laura, se enteró de que, por órdenes de Mendoza Ríos, ya no tenía trabajo en la sucursal porque ahora laboraría en la otra área.
 
Para denunciar el acoso y la falta de atención del gerente Gustavo Ascencio, Laura mandó un oficio –del cual Cimacnoticias tiene copia– a Francisco Javier López Barrón, director general de ETN, quien en respuesta llamó a Laura y prometió una investigación.
 
Un mes después, el director la citó para encararla con Gonzalo Mendoza. Al principio el acosador negó todo, pero finalmente aceptó que la pretendía y que era un acto natural de los hombres.
 
El director le dijo a Laura que como ella no hizo nada durante mucho tiempo se sobreentendía que a ella le gustó, e intentó conciliar la relación entre ambos.
 
Como ella se negó, el director resolvió despedir a ambos. Cuando ella cuestionó por qué perdería su empleo, el director le propuso que perdonara a Gonzalo, “que no fuera mala” y comprendiera que él tenía una familia.
 
De acuerdo con su testimonio, ella se negó a perdonarlo, entonces el directivo le dijo que la despediría por supuestas “faltas a la moral”. También le propuso darle una indemnización de 20 mil pesos (una cantidad supuestamente mayor a la que Laura merecía por el despido), si no denunciaba penalmente.
 
Laura no regresó a su empleo ni tampoco recibió la indemnización por el despido; supuestamente Mendoza Ríos tampoco podría regresar a trabajar; sin embargo, a decir de Laura, 15 días después de la reunión él aún laboraba en la empresa.
 
Para corroborar el hecho, Cimacnoticias llamó a la oficina de Gonzalo Mendoza. Si bien una mujer dijo que ya no trabaja ahí, su nombre y cargo siguen en el directorio electrónico de la empresa.
 
AUTORIDAD INDOLENTE
 
Ante el primer rechazo del director por apoyarla, Laura interpuso el pasado 18 de junio una denuncia penal en la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), la cual derivó en la averiguación previa FDS/FDS-6/T1/424/14-06.
 
Allí le pidieron pruebas y testigos, pero ninguna de sus compañeras la apoyó, por lo que la agente del Ministerio Público (MP), Esperanza Alba Aguirre, y la secretaria del MP del Tercer Turno de la Fiscalía, Elizabeth Galván Ibarra, le dijeron que su demanda no procedería por falta de elementos.
 
Laura afirma que insistió y logró que le tomaran la declaración, le dijeron que “si ella quería denunciar, que supiera que así eran las cosas, que se aguantara”. Le advirtieron que lo que venía después sería peor para ella, y que se estaba metiendo en más problemas. Al final escribieron que no padecía ninguna afectación psicológica por la agresión y archivaron dos meses su expediente.
 
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), donde Laura también interpuso en junio la queja CDHDF/IV/121/CUAUH/14/D3751, pudo constatar la violencia institucional cuando la mujer acudió otra vez a la PGJDF para ampliar sus declaraciones.
 
La visitadora adjunta de la CDHDF, Lesslie Yosahandy Vicente, observó que la actitud del personal judicial “no era adecuada y denotaba insensibilización y revictimización”.
 
El pasado 4 de junio Laura presentó otra queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred); no obstante, Delfina Cecilia López Moreno, jefa de Departamento de Conciliación, le dijo que no se podían tomar medidas de emergencia, pero que pediría un informe a la empresa.
 
El Conapred informó varios días después a Laura, y luego de que ella insistiera por medio de varios correos electrónicos (de los que también Cimacnoticias tiene copia), que ETN envió una carta de respuesta para señalar que Mendoza Ríos negó los hechos y que por lo tanto las declaraciones de Laura “quedan en entredicho”, además de que no fue despedida, sino que ella dejó de ir a trabajar.
 
Asimismo, en la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo, donde Laura se acercó a pedir orientación, le dijeron que si demandaba a la empresa ella saldría perdiendo, ya que conciliarían un monto económico menor que el que le propuso el director y que si la denuncia penal en contra de Gonzalo Mendoza no procedía entonces ella iba a perder todo.
 
Por esto, la CDHDF remitió el pasado 30 de julio el caso a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), donde también se investigarán las omisiones del Conapred.
 
Pero hasta hace dos días, y luego de que un grupo de activistas feministas emitieran a todas las instancias implicadas un pronunciamiento –firmado por más de 60 defensoras de Derechos Humanos de las mujeres–, que Laura empezó a recibir respuestas.
 
Recibió un correo de Conapred enviándole la carta en la que la empresa da respuesta al organismo, y las autoridades de la PGR la citaron para entrevistarse con ellos y darle detalles de su caso. No obstante, Laura reconoció que la justicia –lo único que podría darle un poco de paz a ella y otras mujeres que están en la misma situación– aún está muy lejos de concretarse. 
 
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