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Aumenta dieta mediterránea la esperanza de vida

Por la Redacción

La correcta práctica de la dieta mediterránea puede aumentar hasta un año la esperanza de vida en la población europea, especialmente entre griegos y españoles, según indica un estudio publicado en el British Medical Journal.

El trabajo fue coordinado por Antonia Trichopoulou y Dimitrios Trichopoulos, del Departamento de Higiene y Epidemiología de la Universidad de Atenas, en Grecia, y constituye la investigación europea más amplia sobre la epidemiología del cáncer y factores de riesgo asociados.

En los últimos años ha aumentado el interés en los efectos que la alimentación, en especial la dieta mediterránea, tiene sobre ciertas enfermedades. La mayor parte de las investigaciones se han centrado en los patrones de alimentación, en los que se establecen complejas relaciones de nutrientes dentro de la dieta, difunde el portal Mujereshoy.

Casi todos los patrones se han estudiado en relación con la mortalidad de las personas ancianas, tanto por la importancia de este grupo de edad como por cuestiones metodológicas, como por ejemplo los efectos acumulativos de la dieta sobre la tasa de muertes.

El trabajo coordinado por Trichopoulou contó con la participación de 74 mil hombres y mujeres mayores de 60 años de nueve países europeos.

El equipo de investigación recabó información sobre la dieta, el estilo de vida, historia médica, tabaquismo y la actividad física, y midió el nivel de adherencia a la dieta mediterránea en todas las personas participantes.

Las tasas más elevadas de adherencia se asociaron con una menor mortalidad. De hecho, el aumento de dos puntos, en una escala de 10, en la puntuación de adherencia suponía una reducción de la mortalidad del ocho por ciento, mientras que el aumento de tres o cuatro puntos se relacionó con una disminución del 11 y el 14 por ciento, respectivamente.

Por ejemplo, un hombre sano de 60 años que practica de manera correcta la dieta mediterránea (puntuación entre seis y nueve) puede vivir hasta un año más que un hombre de la misma edad que no sigue la dieta mediterránea.

Esta asociación entre la alimentación y la supervivencia fue aún mayor entre las personas participantes de España y de Grecia, tal vez porque en estos países se sigue una dieta mediterránea más estricta, con escasas influencias de otras.

En tanto, en otros países, la dieta es mucho más rica en grasas saturadas y poli-insaturadas, y existe una mayor presencia de comida precocida o rápida.

La dieta mediterránea se caracteriza por un alto consumo de verduras, legumbres, frutas, cereales y grasas insaturadas, especialmente aceite de oliva; ingesta moderada de pescado y bajo consumo de grasas saturadas, productos lácteos y carne. Asimismo, incluye pequeñas cantidades de vino tinto.

La valoración de los datos totales de adherencia a la dieta en todos los países participantes mostró una reducción global de la mortalidad de hasta un siete por ciento.

Según Trichopoulou, el estudio “confirma los beneficios de la dieta mediterránea y su influencia sobre la esperanza de vida, lo cual puede ser especialmente útil en las personas ancianas, un grupo de población que está aumentando de manera vertiginosa en Europa”.

MORTALIDAD CARDIOVASCULAR Y ONCOLÓGICA

El trabajo presentado por Trichopoulos confirma los datos obtenidos antes que relacionaba la dieta mediterránea con una mayor supervivencia en la población griega.

El estudio, realizado en 22 mil 43 pacientes y que publicó The New England Journal of Medicine, mostró una significativa reducción en la de mortalidad cardiovascular y oncológica entre quienes seguían una dieta mediterránea.

Estos resultados también coinciden con los de otros dos estudios sobre prevención secundaria de enfermedad cardiovascular basados en el seguimiento de los patrones básicos de la dieta mediterránea en pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular.

No obstante, la principal ventaja del presente estudio reside en su naturaleza prospectiva, su tamaño y en el hecho de que toda la muestra corresponde a países europeos.

Asimismo, ha facilitado el ajuste y comparación de la exposición dietética entre los países participantes y ha permitido obtener información no relacionada con los hábitos dietéticos, como la actividad física o el consumo de sustancias tóxicas, que puede ayudar a valorar, modificar e incluso controlar en cierta medida los hábitos saludables de la población europea.

2005/MH/SJ

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