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Bajos salarios y empleos clandestinos, en el sector turístico

Por la Redacción

De acuerdo con un informe presentado en una reunión tripartita de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las personas empleadas en el sector turístico se caracterizan por tener bajos salarios, condiciones de trabajo difíciles y los numerosos empleos clandestinos.

Por ejemplo, en la Unión Europea, la remuneración es inferior en 20 por ciento al salario medio. En la mayoría de los empresas turísticas los trabajadores, en su mayoría mujeres, se enfrentan a horarios irregulares, trabajo en días festivos y horas extraordinarias no pagadas.

Además, se ha demostrado que en muchos países, sobre todo meridionales, el turismo contribuye a la explotación del trabajo infantil. Los menores trabajan de camareros, en restaurantes de comida rápida; en el servicio doméstico, como pinches de cocina, de jardineros; en lavanderías, como guías turísticos no oficiales, conductores autónomos, vendedores ambulantes en las playas, artesanos fabricantes de souvenirs, etcétera.

En todo el mundo hay entre 13 y 19 millones de jóvenes menores de 18 años que trabajan en alguna profesión ligada al turismo, revela un informe de la OIT.

En la India, por ejemplo, hay miles de jóvenes que trabajan en la limpieza en hoteles, como ayudantes de conductores de autobús o como porteros en estaciones de tren, aeropuertos y hoteles. Un informe de la ONG suiza Arbeitskreis Tourismus und Entwicklung, indica que en Filipinas hay 66 mil infantes de entre cinco y17 años que trabajan en el sector turístico.

Por último, la llegada de visitantes con los bolsillos llenos de dinero y el ambiente relajado que suele asociarse con los destinos exóticos fomenta el desarrollo del comercio sexual, y las mujeres no son las únicas víctimas: la Coalición sobre Prostitución Infantil y Turismo, con sede en Bangkok, ha demostrado que el turismo es un factor que influye en la aceleración de la explotación sexual de los menores.

En Cuba, por ejemplo, casi todas las “jineteras” (prostitutas) son menores,

y un solo “cliente” supone una cantidad de dinero equivalente al salario de tres meses de un profesor.

En Camboya cada día hay más chicas jóvenes empleadas en cabarets y “karaokes” frecuentados por visitantes chinos y occidentales.

En algunos destinos turísticos como: Cancún en México, Fortaleza en Brasil, Pattaya en Tailandia, Manila en Filipinas, los ingresos derivados del “turismo sexual” benefician a todos los elementos de la cadena de suministro (gerentes de bares y cabarets, intermediarios, guías, personal de los hoteles, taxistas, etcétera).

Se estima que en todo el mundo hay dos millones de niños víctimas de explotación sexual con ánimo de lucro, y el turismo es en parte responsable de esa situación.

Desde un punto de vista más general, el contacto de los turistas ricos con las poblaciones pobres de los países en desarrollo supone un choque social. La cultura local sucumbe ante la ganancia comercial.

El turismo provoca una “dolarización” del comercio que empobrece a los habitantes que utilizan la moneda local y les impulsa a beneficiarse del comercio turístico, explica un informe presentado pocos días antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

Al acelerar el abandono de las pautas de producción tradicionales, el turismo conduce también al abandono de actividades que garantizan la autonomía.

Las nuevas actividades estimulan que se fomenten la dependencia. En Djerba, Túnez, donde se recibe 800 mil turistas al año, la construcción de gran número de hoteles ha reducido rápidamente la cantidad de suelo agrícola, hasta el extremo de que la isla produce sólo el 10 por ciento de los productos alimenticios que necesita. Y esto dista mucho de ser un ejemplo aislado.

EL TURISMO NO ECOLOGICO

Además, el turismo afecta a las economías de los países anfitriones hasta el extremo de que incurren en costos directos de infraestructuras, para la construcción de aeropuertos, carreteras, abastecimiento de aguas, electricidad, etcétera, y de tratamiento de residuos.

Los complejos turísticos generan toneladas de basura, estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, un solo barco crucero produce 70 mil toneladas de basura al año.

El turismo ejerce asimismo efectos catastróficos sobre el medio ambiente natural, sobre todo cuando los recursos naturales son ya insuficientes.

Las duchas y piscinas y el riego de céspedes pueden destruir las reservas de agua, y con frecuencia los turistas no saben que las poblaciones locales carecen de agua para el consumo personal y para regadío.

La implantación artificial de campos de golf ha sido catastrófica en varios países (Filipinas, Indonesia, etc.), pues ha agravado la escasez de agua y provocado la expropiación de pequeñas propiedades agrarias y la deforestación, hasta el extremo de que ha dado lugar al nacimiento de un movimiento internacional de resistencia: la “Red Mundial Antigolf”

Asimismo, la construcción desordenada de hoteles ha modificado con frecuencia el equilibrio natural, y la erosión litoral ha alcanzado proporciones críticas en algunos países como Túnez, India, Filipinas.

También el rápido desarrollo del “turismo ecológico” oculta realidades ambiguas; en efecto, a veces contribuye a financiar la conservación de zonas rurales protegidas y la subsistencia de poblaciones locales, pero también ejerce efectos negativos, pues aumenta la presión demográfica y lleva aparejados costos de mantenimiento elevados en regiones que no pueden permitírselos, como, por ejemplo, el frágil archipiélago de las Galápagos, en Ecuador.

La asociación francesa Transverses, que aboga por un turismo responsable, estima que el turismo ya no puede hablar de desarrollo sostenible si sólo responde a las necesidades de los turistas y no tiene en cuenta las repercusiones locales.

“En la actualidad, la introducción de actividades turísticas es producto de acuerdos celebrados entre los estados y los líderes del sector, pero jamás se consulta a las poblaciones locales”, explica Dora Valayer, presidenta de Transverses, en su participación en el informe de la OIT. La asociación cita, por ejemplo, la expulsión de la tribu masai de su territorio en Tanzania a fin de crear un espacio para safaris.

Asimismo, la asociación Equations denuncia el desalojo de pescadores de una zona costera de Kerala, en India, para construir un megacomplejo turístico que diariamente consume 47 millones de litros de agua y produce 58 toneladas de basura. “No sólo debería consultarse antes a las poblaciones locales, sino que además éstas deberían ser los verdaderos agentes del desarrollo local sostenible”, exige Transverses.

LA ESPERANZA

Afortunadamente, cada vez son más las ONG que defienden un turismo “ético” y exigen que los profesionales respeten a las poblaciones indígenas y el medio ambiente, utilicen medios de transporte ecológicamente aceptables, respeten los derechos sociales, boicoteen a los países totalitarios (en particular a Myanmar) e informen a los viajeros sobre estos aspectos (actúan en este sentido organizaciones como Earthwise Journeys, International Bicycle Fund, Partners in Responsible Tourism, Responsible Tourism Network o Sustainable Tourism Research Interest Group).

       
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