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Banalizar la globalización, Davos

Por Redaccion

Todos los años, en el mes de enero, se celebra en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial, donde participan políticos de renombre, desde presidentes a primeros ministros, directivos de las grandes corporaciones, y algunos académicos, un espacio de celebración y reproducción de la globalización que ha generado beligerantes críticas ciudadanas.

El Foro Social Mundial, que tiene como sede en estos momentos a la Ciudad de México, inició en 2001 en Porto Alegre, Brasil, como un contrapunto con Davos “para demostrar que otro mundo es posible”, informa el servicio informativo de ALAI AMLATINA.

Como respuesta a estas críticas, subraya, los organizadores del foro de Davos intentaron algunos cambios: permitieron abandonar el uso de corbatas, ampliaron los temas abordados, discutiendo cuestiones como el SIDA o el “matrimonio y el sexo”, y organizaron talleres en grupos más pequeños.

En un artículo titulado Davos: la Bono banalización de la globalización, publicado por ALAI AMLATINA en su página Web, Eduardo Gudynas, investigador en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad­ América Latina) en Montevideo, Uruguay, relata la historia de estos cambios en el Foro Económico Mundial de Davos.

El apogeo ocurrió en 2005, cuando el foro de la elite empresarial y política fue tomado por asalto por estrellas de la música como Bono y Lionel Richie, y artistas como Angelina Jolie, Richard Gere y Sharon Stone, así “cayó en la banalización de apelar a fórmulas mágicas y mediáticas para terminar con la pobreza en el sur” del mundo.

Muchos recordarán, relata Gudynas, cuando Stone tuvo una “repentina revelación” en Davos, al sostener que África necesitaba ayuda en forma inmediata.

De pie en una de las sesiones del foro, se puso a recolectar en ese mismo momento un millón de dólares entre los empresarios que la rodeaban. Por supuesto, todos apoyaron su pedido y prometieron abrir sus billeteras…., pocos lo hicieron. Tomó casi un año hacer cumplir aquellas promesas, la actriz no regresó a Davos, y el millón de dólares no solucionó los problemas de África.

LA PRESENCIA DE BONO

El cantante de U2, Bono, asiste regularmente a Davos para presentar distintas recetas de solución a los dramas globales.

Su apoyo conceptual está en las ideas del economista Jeffrey Sachs –autor del libro El fin de la pobreza­cómo conseguirlo en nuestro tiempo, con prólogo de Bono– quien afirma que la solución transita esencialmente por un aumento masivo de la ayuda externa a los países en desarrollo.

“Recordemos que Sachs tuvo un célebre papel como asesor económico en Bolivia y en países de Europa del Este, incluyendo Rusia, aplicando terapias de shock, las que terminaron en profundas crisis económicas”, dice Gudynas.

Las recetas del economista para acabar con la pobreza se editaron casi al mismo tiempo del foro de Davos 2005, cuando Bono lanzó su campaña enfocada en África al lado de Tony Blair y Bill Gates.

¿Cuáles son las posturas de Sachs?: una visión reduccionista de la pobreza, muy dependiente del ingreso monetario, fuertemente condicionada por la geografía y carente de una historia previa que explica la dinámica por la cual unos países del mundo se volvieron ricos a costa de la pobreza de otras naciones.

Por lo tanto, puntualiza Gudynas, “la receta de Sachs es mantener las relaciones globales actuales pero aumentando la ayuda externa. No se cuestiona la esencia de la globalización, no se pretende reformar el comercio global ni los flujos de capital, y no se apunta a otros estilos de desarrollo”.

Propuestas muy simplistas, subraya, pero difíciles de criticar por la presencia de Bono y otros actores, los que revisten esas posturas mercantiles de un glamour contestatario y “cool”.

En su opinión, “Bono es simpático, y nadie quiere cuestionar a un rockero simpático. Pero por ahora la ‘Bono política’ no es suficiente. Son recetas simples que no atacan las raíces de los problemas que generan la pobreza aunque alivian las conciencias de algunos de sus responsables”.

Una estrategia que resulta muy cómoda a los empresarios que se reúnen en Davos, argumenta.

“Cumple con muchos propósitos, tales como darle un rostro humano al foro y entretener a la prensa en seguir a las estrellas del rock en lugar de cuestionar a los CEOs de las corporaciones. Es una postura basada en el espectáculo; no en vano estos intentos de Bono fueron tema central en un número de la revista Vanity Fair”.

Para Gudynas, de esta manera también se brinda un canal para las donaciones corporativas con lo cual “se justifica una estrategia de acción contra la pobreza basada en la caridad”.

Poco se discute sobre las relaciones de producción y la equidad, agrega, sino que se debate sobre el monto de la donación; “el énfasis no está en cómo revertir los procesos que originan las desigualdades globales, sino en la competencia de quién será el empresario que alcance la mayor donación”.

Así, las posturas del dúo Sachs-Bono se vuelven funcionales a la globalización actual, sin poner en riesgo su estructura y dinámica.

QUÉ DICE LA ACADEMIA

En el campo académico, señala Gudynas, si bien hay algunas críticas serias a las posturas tipo Sachs-Bono (tanto por derecha como por izquierda), son muy pocas. Y es que “también entre los académicos se observa el embrujo de la banalización”.

Como ejemplo, expone el caso del economista Kenneth Rogoff, docente en la Universidad de Harvard, quien celebra en las páginas de la revista Times que Bono llegó al Foro de Davos 2006 con una “idea excelente”: una tarjeta de crédito American Express Roja, “donde el 1 por ciento de las compras debían ir a un Fondo Global para combatir el SIDA, tuberculosis y malaria”.

Roggoff agrega, refiere Gudynas, “alguien me mostró un ejemplo de la tarjeta y lucía muy bien (cool)”, para enseguida señalar que “las fiestas y cenas en Davos fueron notablemente más ligeras y relajadas”, donde la consultora McKinsey logró contar con “la mejor música, como casi siempre ocurre, y me dijeron que la gente se quedó bailando hasta las 3 de la mañana”, mientras que en el cocktail de Google “se servía vino y champagne”.

“Asumir que la pobreza se solucionará desde el uso de una tarjeta de crédito mientras se disfruta de una fiesta en Davos. Como evidentemente eso es inefectivo, la presencia de los actores y músicos, parece más cercana a un plan para responder a las críticas y reacciones ciudadanas, un ‘plan B’ tal como advierte George Caffentzis, que permite acallar las protestas populares para mantener la columna vertebral de la economía global”, es el resultado de esta “Bono-banalización” de las temáticas globales, opina.

DAVOS, ¿PARA QUÉ?

Para el investigador uruguayo, Eduardo Gudynas, el verdadero papel de Davos está en promover los mercados globales y liberalizar el comercio internacional.

Este año, sus raíces son evidentes, dice, ya que se retoman los temas clásicos, y se enfocará el “poder de la innovación colaborativa” a partir de cinco pilares: empresarial, economía y finanzas, geopolítica, ciencia y tecnología, y valores y sociedad.

Los coordinadores del encuentro 2008 son el ex-premier británico Tony Blair, los presidentes de Pepsico, Chevron, de los bancos J.P. Morgan e ICICI de la India, el presidente de la empresa China Mobile Communications, y Henry Kissinger, precisa.

El Foro de Davos no incide en la raíz de los problemas globales, sostiene, por el contrario reproduce las condiciones que generan la desigualdad y la pobreza.

“Decir que el hambre es un problema, y además un drama a escala global no es suficiente. Intentar resolver esto con una tarjeta de crédito es ridículo. Es necesario dar los pasos hacia soluciones concretas, muchas de las cuales serán dolorosas para los países industrializados, y en ese esfuerzo no hay nada para festejar y hay mucho para cambiar”.

08/CV

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