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Berta y Rosa, historias en el Frente Estudiantil Revolucionario

Por Adriana Rodríguez González

El Frente Estudiantil Revolucionario (FER), cuyo propósito era democratizar los espacios estudiantiles en la Universidad de Guadalajara, a principios de la década de los 70 ya se adentraba en el ámbito de la clandestinidad con actividades que iban desde repartir propaganda hasta entrenamiento militar.

El Frente Estudiantil, antes Los Vikingos, comenzó a realizar sus primeras actividades en septiembre de 1970 y al intentar realizar mítines para informar a la comunidad estudiantil los últimos acontecimientos, fue reprimido por la Federación de Estudiantes de Guadalajara, la cual inició una balacera en la Escuela Politécnica, donde resultaron heridos varios universitarios, entre ellos el líder de la FEG, Francisco Medina Lúa.

A principios de la década de los 70, a raíz de un enfrentamiento contra miembros de la FEG, un grupo conformado por porros, se descubrió que éste no era sino un brazo armado del sistema autoritario.

A raíz de que la violencia desatada contra el FER trajera como resultado varios asesinatos, entre ellos, Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, sus integrantes cayeron en cuenta que la lucha no era sólo contra el FEG, sino contra el gobierno.

“No conformes con haber matado a nuestros compañeros, balacearon las casas de los principales dirigentes del FER, sin que existiera justicia para nosotros. Frente al cadáver de “El Compa”, lloramos, le prometimos que no descansaríamos hasta lograr el esclarecimiento de su muerte, pero ante todo adquirimos conciencia de lucha, o dicho de otra manera: ¡crecimos”, dice Rosa María González, ex guerrillera e integrante del Frente Estudiantil en la década de los setenta.

Se realizaron las primeras detenciones en el penal de Oblatos, como la de Enrique Guillermo Pérez Mora, y muchas y muchos de ellos no podían acudir a la universidad ante la serie de persecuciones que comenzaron a darse.

BERTA LILIA GUTIÉRREZ CAMPOS

Las mujeres comenzaron a adquirir un papel protagónico. Entonces se conoció a Berta Lilia Gutiérrez Campos, quien fuera novia de Arnulfo Prado, como dirigente del Frente Estudiantil Revolucionario.

“Hubo un momento de repliegue del movimiento estudiantil en el que las mujeres nos convertimos en la cara visible del FER, casi siempre custodiadas por el compañero. Había tal activismo que todas las iniciativas eran bienvenidas y nosotras también participábamos en la toma de decisiones, no sentí ninguna desventaja de género”, señala Berta Gutiérrez.

En el momento en que se desató la violencia en la Politécnica, ella realizaba diversas actividades en la brigada femenil “Mujeres Proletarias”, entre ellas, elaborar y distribuir propaganda, además de realizar pintas.

En 1973 el FER ya era un movimiento clandestino. La fusión de una parte de la organización con la Liga Comunista 23 de Septiembre trajo consigo un intercambió de conocimientos: el Frente Estudiantil aportaba entrenamiento militar mientras recibía capacitación teórica marxista.

Unos meses después, Berta también fue recluida en el Penal de Oblatos. Ahí encontró a las compañeras Hilda Dávila y Alicia Leyva, lo que le hizo más relajada la vida en prisión, donde dio clases de alfabetización.

Al cumplir un poco más de un año encarcelada, las autoridades le ofrecieron firmar un desplegado para obtener la libertad, propuesta que rechazó por considerarla contraria a sus principios, pero en septiembre de 1978 salió en la primera Amnistía. Actualmente se dedica a la educación pública.

ROSA MARÍA GONZÁLEZ

Rosa María González fue otra de las mujeres que vivió el nacimiento del Frente Estudiantil Revolucionario, la fuerza ejercida en la Politécnica, así como la detención y muerte de varios compañeros.

La ausencia de los integrantes motivó que Rosa, otras integrantes y madres de familia participaran más activamente, tuvieron que aprender a realizar volantes y enfrentarse a policías que escondían metralletas.

En abril de 1973 fue citada, junto con su amiga Estrella, en el Panteón Guadalajara por otros integrantes para informarle que se habían adherido a la Liga Comunista 23 de Septiembre, así que la invitaban a unirse también.

Al poco tiempo se deshizo la unión con la Liga 23 de Septiembre y ella se integró a otro grupo denominado Unión del Pueblo, grupo con el cual se sintió más identificada en cuanto a sus lineamientos y formas de lucha.

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