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Brasil debate el papel de las mujeres en política

Por Luna Gámez*

En medio del huracán político que sacude a Brasil, los medios conservadores en el país sudamericano alaban a la esposa del presidente interino, Michel Temer, como el prototipo deseable de la mujer en política: la consorte discreta y elegante, en contraste con el modelo que encarnaba la mandataria destituida Dilma Rousseff.
 
Marcela Temer es considerada una mujer afortunada porque su marido reserva todo un restaurante para que ellos dos cenen en intimidad, bajo la única mirada de sus guardaespaldas.
 
Se le considera además bella, elegantísima y recatada, con preferencia por los colores claros y las faldas por debajo de la rodilla. Madre de un hijo y en búsqueda del segundo, tiene 33 años y se le describe como una mujer del hogar que aparece poco en público. Se dedica a cuidar de la casa, del hijo y de ella misma.
 
Según su peluquero, Marcela “tiene todo para convertirse en nuestra Grace Kelly” (famosa actriz que abandonó su carrera cuando estaba en la cima para casarse con el príncipe Raniero de Mónaco, pasando a ser un mito del cine a una imagen de princesa y esposa ejemplar).
 
Mientras tanto, Michel Temer, 43 años mayor que ella, trabaja en Brasilia –la capital brasileña– hasta la extenuación y al final del día suele fumarse un puro mientras bebe un vino para “sumergirse en otro mundo” viendo los videos de su hijo, que vive con Marcela en Sao Paulo.
 
Aunque estas líneas bien podrían encajar en una pieza de prensa rosa donde el público lector busca información de la vida de gente famosa, no es el caso.
 
Tales afirmaciones sobre la vida de Marcela Temer provienen de la conservadora y popular revista brasileña Veja, que el pasado 18 de abril publicó el artículo “Marcela Temer: bella, recatada y del hogar”, y que está dando mucho de qué hablar en un país que presenta una de las coyunturas social y política más complicadas de su historia.
 
No se sabe si la Marcela que Veja presenta es real y si lo fuera no es el objetivo juzgar su estilo de vida. Sin embargo, es de interés público la imagen que uno de los medios de comunicación más difundidos de Brasil dibuja sobre cómo deberían ser las mujeres en la política justo en el momento previo a que la presidenta Dilma Rousseff fuese destituida.
 
ROUSSEFF: MODELO DE EMPODERAMIENTO
 
Dilma, de 68 años, no encaja exactamente en los cánones de belleza establecidos. Fue activista y guerrillera contra la dictadura militar brasileña que comenzó en 1964, y a sus 23 años fue presa y torturada por el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el mismo al que Jair Bolsonaro, militar de reserva y actual diputado por el Partido Progresista, rindió homenaje y dedicó su voto el pasado 17 de abril, cuando la Cámara de los Diputados acabó aprobando la primera fase de destitución de la presidenta tras obtener mayoría de votos a favor.
 
Dilma, que no destaca por su belleza ni por su recato, tampoco es especialmente “del hogar”, sino más bien es una mujer de la lucha, hecho que incomoda a muchos de los políticos brasileños, casi todos hombres.
 
“Las mujeres que están allí afuera, que no son feministas como muchas de aquí, las mujeres de verdad que se esfuerzan por sobrevivir, no quieren empoderamiento. Ellas quieren ser amadas. Ellas quieren ser cuidadas”, afirmó el pasado 28 de abril Flávio Augusto da Silva, diputado por el Partido Socialista Brasileño (PSB), durante la votación para la creación de una Comisión de Defensa de los Derechos de la Mujer, a la que él se oponía.
 
En este contexto político, generalmente machista, Veja retrata un perfil de mujeres políticas más recatadas que empoderadas, y habla de Marcela como “la casi primera dama”, previendo la destitución de Dilma a través del juicio político aprobado definitivamente el pasado 12 de mayo en el Senado, y que la aparta de su cargo provisionalmente durante los seis meses en los que el Tribunal Superior de Justicia evaluará las acusaciones por un supuesto maquillaje de cuentas públicas.
 
Aunque esta maniobra fiscal ha sido comúnmente usada en otros gobiernos, nunca había sido investigada. Al no haber crimen para proceder, el proceso es considerado por una gran parte de la opinión pública como un golpe institucional contra Dilma, quien además está libre de corrupción por el momento (a diferencia de los 352 diputados que votaron su destitución y que están implicados en el caso “Lava Jato”, el mayor esquema de corrupción de la historia de Brasil).
 
“PRENSA GOLPISTA”
 
Michel Temer, quien ha tomado la batuta del gobierno, plantea rigurosos recortes fiscales junto con la abolición del Ministerio de la Mujer, el de Derechos Humanos y el de Igualdad Racial, todos ahora integrados en el de Justicia.
 
No es casualidad que Veja –que ya ha sido previamente cuestionada por su sesgado posicionamiento político y económico de corte conservador (además de por anteriores tratos machistas)– publicara un artículo sobre Marcela Temer en pleno periodo de votación de la destitución.
 
Según la izquierda brasileña, Veja forma parte del denominado “partido da prensa golpista” junto con otros grandes medios, como O Globo, acusado de haber apoyado el golpe de Estado militar de 1964 y que, al día de hoy, repite la estrategia animando la campaña mediática para la destitución. Sin embargo, lo último que la revista esperaba es que su artículo fortaleciera una ola de protestas feministas.
 
La réplica comenzó en redes sociales, donde se han difundido diversas campañas mediáticas tanto en Brasil como en el extranjero con imágenes de mujeres y hombres cuestionando, e incluso resignificando, los conceptos “bella, recatada y del hogar”.
 
Posteriormente la indignación se trasladó a los espacios públicos. “Ni recatada, ni del hogar, yo voy a la calle a protestar”, fue uno de los eslóganes que atrajeron a miles de mujeres a organizarse en varias ciudades del país.
 
Se pidió también la dimisión de algunas figuras emblemáticas del machismo en la política brasileña, entre ellos, Eduardo Cunha, ex presidente de la Cámara de los Diputados desde que el pasado 5 de mayo el Tribunal Superior Federal lo destituyera por acusaciones de corrupción.
 
Aferrado a sus creencias evangelistas, Cunha afirmó anteriormente que el derecho al aborto no se aprobaría “ni por encima de su cadáver”, y propuso vetarlo incluso en caso de violación, propuesta que no avanzó.
 
También se reclamó la dimisión de Jair Bolsonaro por homenajear a un coronel responsable de violar, matar y torturar a miles de personas durante la dictadura, entre ellas a Dilma.
 
FEMINISTAS RESPONDEN
 
De cierta forma, y sin quererlo, Veja ha contribuido a la reflexión feminista brasileña que cuestiona la forma en la que los medios de comunicación representan a las mujeres: contra la apología mediática al recatamiento y en reivindicación a la libertad de ocupar los lugares políticos que les apetezca.
 
“Las mujeres son del hogar, de la calle, de la lucha y de donde quieran”, coreaban las feministas que fueron a protestar frente al Congreso Nacional de Brasilia contra el golpe mediático y judicial contra Dilma.
 
La camada política machista de Brasil parece haberle ganado un primer pulso a la democracia brasileña: Dilma ha sido apartada de su cargo hasta nuevo aviso de la justicia que investiga el proceso, y Temer reconfigura el gobierno con ninguna mujer en los ministerios (un hecho que no se daba en Brasil desde 1974).
 
Sin embargo, el movimiento feminista no parece rendirse y sigue ocupando las calles para manifestarse. Para las feministas, el espacio político es la calle, las armas las palabras, la motivación, el empoderamiento y el resultado una larga primavera feminista.
 
Muchas voces ya no quieren callar más contra las opresiones de un patriarcado político que nunca aceptó tener una mujer como presidenta.
 
* Este artículo fue retomado del portal Pikara Magazine.

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