Inicio » Buena salud favorece calidad en vida sexual femenina

Buena salud favorece calidad en vida sexual femenina

Por Sara Más

Disfrutar de una buena salud y seguir un control adecuado de las enfermedades crónicas de la era actual, tiene más relación de lo que muchas personas creen para desarrollar una sexualidad plena y placentera.

La diabetes mellitus, los padecimientos renales, los síndromes metabólicos, el cáncer, la hipertensión o la obesidad, entre otros males no sólo reducen los años potenciales de vida y provocan malestares físicos o dolor. También atentan contra el buen desempeño sexual, de acuerdo con estudios médicos de varias especialidades, informa la agencia SEMlac.

Por lo general se asocia el tema de la diabetes en la mujer con el embarazo, porque se sabe que lo afecta. Sin embargo, no se vincula con la edad media de la mujer y pocas personas saben que también incide sobre su sexualidad, aseguró la doctora Daysi A. Navarro Despaigne, jefa del Grupo de Investigación, Endocrinología y Envejecimiento del Instituto Nacional de Endocrinología.

En la diabetes mellitus, una enfermedad crónica no transmisible que aumenta con los años, el descontrol metabólico se acompaña de hiperglucemia, glicosilación no enzimática de las proteínas, trastornos vasculares y neuropáticos que, de una manera u otra, influyen negativamente en la función sexual, explicó la especialista en el IV Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, efectuado en La Habana a mediados de enero.

Estas situaciones, sin embargo, se han estudiado con más frecuencia en la población masculina, particularmente en lo que respecta a las fallas en la erección. De acuerdo con estudios clínicos, la disfunción sexual eréctil puede presentarse en un rango del 20 al 80 por ciento de los hombres con diabetes mellitus.

Esa enfermedad constituye un factor de riesgo para arteriosclerosis. El pene es un órgano fundamentalmente vascular; por tanto, no es de extrañar que en él también se expresen las consecuencias del proceso de arteriosclerosis, explicó Navarro. Estas situaciones, sin embargo, parecen ser dominadas por los varones diagnosticados, quienes al menos suelen conocer que esa patología endocrina supone una amenaza para su sexualidad.

Entre las mujeres diagnosticadas, en cambio, las investigaciones se han enfocado fundamentalmente al ámbito de la reproducción, el embarazo y el feto. Pocas veces la información y los estudios profundizan en los efectos que, quizás con menor énfasis que en el hombre, tiene el flujo sanguíneo sobre el clítoris y algunos cambios genitales y extragenitales que expresan la respuesta sexual femenina.

Según la experiencia de investigaciones realizadas en nuestro medio, las mujeres entrevistadas no consideran que la diabetes mellitus influya negativamente en su actividad sexual. Pero el hombre, incluso con una función sexual normal, sí tiene referencia de que la enfermedad puede afectar su “virilidad, comentó la doctora Navarro,

Tales comportamientos vienen a confirmar lo que, a juicio de otra especialista, la doctora Beatriz Torres, no sólo tiene que ver con las afecciones reales y la necesaria rehabilitación, sino con los mitos y prejuicios que acompañan aún al tema de la sexualidad.

En su opinión, cuando llega el diagnóstico de alguna enfermedad crónica, la persona pasa a desempeñar un papel inferior: de fuerte a débil, de normal a discapacitada, de proveedora a proveída, de autónoma a dependiente, de activa a pasiva. Para lo varones significa sexo fallido, deber incumplido, acotó.

OBESIDAD: PROBLEMA FÍSICO Y PSICOLÓGICO

Los nexos hay que buscarlos también en lo que de común hay entre esas enfermedades crónicas no trasmisibles y las disfunciones sexuales, consideran investigadores y especialistas, pues los factores de riesgo de las primeras coinciden con los que propician la aparición de las segundas: tabaquismo, obesidad, alcoholismo, sedentarismo…

Pero igual que las patologías crónicas tienen un efecto nocivo en la salud y la sexualidad, la regresión de estos problemas le abre paso a una práctica sexual gratificante. De ahí que el cambio hacia estilos de vida saludables tenga una repercusión directa favorable en la salud del cuerpo y la sexualidad.

Así lo comentó a SEMlac el doctor Alberto Quitantes, jefe del servicio de Endocrinología del Hospital “Salvador Allende”, en la capital cubana. Con más de 30 años de experiencia exitosa en una consulta de adelgazamiento en ese centro, el médico refiere que la obesidad y los malestares que provoca, incluidos los sexuales, son procesos completamente reversibles. Casi todas las personas que acuden a su consulta son mujeres obesas o con sobrepeso, que desean recuperar su masa corporal o alcanzar la ideal, a las que les cuesta hablar fácilmente de su vida sexual.

Su pobre imagen corporal, al sentir que tienen una figura grotesca; la baja autoestima y la depresión son, en estos casos, catalizadores de un funcionamiento sexual fallido o indeseado.

La mujer obesa es discriminada, se siente rechazada, evade los lances sexuales y se cree culpable de su estado, sin solución aparente. No enciende la luz, evade el momento, evita buscar pareja. Se vuelve vulnerable sexualmente, describe Quirantes.

A ello añade las que él califica de dificultades mecánicas: posiciones imposibles, contacto incompleto de genitales o ninguno (lo que se agrava en la pareja de obesos) y sustitución permanente del coito por la masturbación, el sexo oral u otras variantes.

Tampoco se siente a gusto con su pareja, que a veces la margina, no la presenta a sus amistades, le destina agresiones verbales y extraverbales, lo que redunda en inseguridad, inestabilidad y a veces hasta en ruptura. Por si fuera poco, la obesidad condiciona la aparición de otros males como la diabetes complicada, la sepsis vaginal, lesiones dérmicas, enfermedades osteoarticulares, poca agilidad y movilidad e hipertensión arterial.

De las entrevistas a siete pacientes que ingresaron a su consulta con obesidad o con obesidad mórbida, un promedio de edad de 37 años y que han reducido entre 10 y 35 kilogramos de peso, confesaron haber sentido rechazo de sus parejas antes de empezar el tratamiento de adelgazamiento y tres rompieron el vínculo con sus compañeros.

Una de ellas, diagnosticada y tratada además por cáncer, confesó que el motivo de su separación no fue esa enfermedad, sino la gordura: Supe después que mi esposo hacía chistes con ese tema, incluso con mis hijos. No fui consciente de cuánto nos íbamos distanciando. Ahora soy otra persona, le contó al médico, luego de haberse librado de aproximadamente 30 kilos y recuperar la confianza en sí misma.

08/SM/GD/CV

Este Web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las cookies. Sin embargo, el usuario tiene la opción de impedir la generación de cookies y la eliminación de las mismas mediante la selección de la correspondiente opción en su Navegador. En caso de bloquear el uso de cookies en su navegador es posible que algunos servicios o funcionalidades de la página Web no estén disponibles. Acepto Leer más

A %d blogueros les gusta esto: