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Camino al bipartidismo

Por Sara Lovera

¿Conviene a las mujeres un bipartidismo? Las recientes rencillas ínter priístas, el llamado de Manuel Bartlett al voto útil a favor de Andrés Manuel López Obrador, indican que el PRI se está desmoronando, esta vez en serio. Tal vez pase todavía un sexenio, pero su crisis es profunda e irreversible.

Voto útil por AMLO podría significar que en México, en los tiempos por venir, podrían crearse claramente dos polos políticos, como sucedió en el siglo XIX: liberales y conservadores. Ello dejaría más claramente establecido un camino, en el siglo XXI.

Creo que de este camino las mujeres nos podríamos beneficiar en términos de conocer hacia donde encaminar nuestras demandas y denuncias, con quién negociar y con quién hacer alianzas temporales o coyunturales. No habría en el panorama político cortinas de humo, ni desvíos desesperados.

En los Estados Unidos el partido llamado Demócrata, representa a los liberales. Históricamente se han conseguido cambios legislativos con reflejo en acciones o políticas públicas. Hace unos años el sistema de atención al aborto legal fue realmente importante, así como las políticas de salud.

Y aunque no hay otras definiciones, desde los demócratas se impulsaron algunas políticas que llamaríamos de género. Se reconoció la violencia contra las mujeres por ejemplo.

Los conservadores, se sabe, se supo, se conoce que combatieron el aborto legal, incluso los grupos más radicalizados emprendieron muchas y variadas campañas contra las clínicas de atención, a veces violentas y homicidas; desde los conservadores nacen y se reproducen las políticas de guerra, antiemigrantes y contra los servicios de salud estatales.

La lucha así es clara y abierta. Se sabe hasta dónde puede llegarse. Casi nunca las feministas norteamericanas han podido llegar al Congreso, por el sistema norteamericano de reelección, pero participan de los gobiernos locales, colocan sus asuntos en los temas del congreso, negocian con los gobiernos estatales y frecuentemente, logran importantes movilizaciones.

En México el bipartidismo, dejaría en claro que los conservadores del PAN “el yunque”, representan la mayor amenaza a nuestros derechos reproductivos, a la posibilidad de reconocer a las familias y a la educación laica y pública. Eso lo sabemos, amén de las políticas económicas.

Un partido socialdemócrata fuerte, con perredistas, priístas, liberales sin partido, sindicatos relativamente progresistas, haría posible, no volver al antiguo PRI, el que abanderó la Revolución Mexicana a fondo, ¡no¡ eso sería absurdo e inocente creerlo.

Pero para el siglo XXI un partido socialdemócrata fuerte o una corriente integrada, incluso por otros partidos más pequeños, sería bueno para las mujeres, a pesar de que no cambiarían algunas políticas económicas ligadas al sistema globalizado.

Con las y los integrantes de una corriente así se podría avanzar en la aplicación de políticas públicas con las leyes existentes: la de igualdad, la relativa a la no discriminación, la del servicio civil de carrera, y otras a mejorar, como la del trabajo o de comunicaciones.

Permitiría a las mujeres avanzar más claramente en agendas compactas, precisas, sabiendo que no podríamos ir más allá, mientras ese partido no avance en una concepción moderna antimisógina feminista. Su programa nacional, podría ser intervenido con estrategias profesionales.

La conformación de un real estado de derecho, es algo todavía utópico. Pensar en la justicia para las mujeres que sufren violencia, abuso de poder y violación a sus derechos reproductivos, sólo sería posible en un estado democrático y eso es todavía difícil, pero en ese camino podríamos embarcarnos hoy.

La gobernabilidad nos favorece, para avanzar. Igual nos favorece una elección apegada a los resultados finales. Con un partido socialdemócrata fuerte, no importaría perder ahora la presidencia de la República, porque podrían fortalecerse las demandas y el trabajo político feminista, como oposición respaldada por un cuerpo ideológico-partidario, interesado en alianzas importantes como la del movimiento feminista.

Este nuevo panorama político nos obligaría, digo a las feministas, a reorganizarnos, a no caer en coyunturas engañosas, como sucedió con el gobierno de Vicente Fox, cuya careta se desbarrancó estrepitosamente y dejó en claro que se radicalizó hacia la derecha más feroz.

La derecha saltó a la palestra. No puede obviarse hoy que estamos como en los años 60, sólo falta una campaña como aquélla de ¡Cristianismo sí, Comunismo no!, o la levantada soterradamente contra el aborto legal o la participación política de las feministas.

En todo caso, estos movimientos pragmáticos de políticos y políticas conocidos prominentes de aquél partido de Estado que nos dominó hacia los últimos 40 años del siglo pasado, da para pensar en salidas posibles, donde la democracia genérica pudiera avanzar.

06/SL/LR

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