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Castaños: 13 mujeres en vilo

Por Sofía Noriega/ enviada

Los soldados que las agredieron sexualmente el pasado 11 de julio en el bar El Pérsico ya fueron capturados y encarcelados, pero ellas sienten que no hay nada que pueda hacerles recuperar su dignidad. Este sentimiento acompaña a estas 13 mujeres no sólo en su áspera jornada de trabajo, que inicia a las diez de la noche y concluye al amanecer, sino en cada minuto de su vida.

Este proceso judicial que se les sigue a sus agresores es el primero donde se juzga en México a militares por delitos del fuero común, pero no es la primera vez que miembros del ejército mexicano son señalados como responsables de cometer delitos sexuales. Está pendiente, luego de 12 años, el castigo a elementos de la milicia que han violado a indígenas en Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

La abogada Sandra de Luna, quien representa a las mujeres violentadas en el caso que se sigue contra ocho elementos del ejército mexicano, señala que en la etapa de la confrontación (careo), iniciada desde el pasado 21 de noviembre y que concluirá hasta el 16 de diciembre, las víctimas han identificado a sus agresores y sostenido sus declaraciones.

Al respecto, la directora del Instituto Estatal de las Mujeres, Guadalupe Fraire Camacho, indicó que una de las ofendidas entró en crisis cuando estuvo frente al uniformado que la violó.

Hemos puesto a su disposición apoyo psicológico, ellas se estuvieron preparando para este momento, aunque esta etapa del careo ha sido bastante difícil, una de ellas entró en shock y fue atendida en una clínica, con esto nos damos cuenta de las secuelas físicas y emocionales que les quedaron.

Explicó que hasta ahora todas han respondido conforme lo establecido por el juzgado, creo que el proceso va por buen camino, aunque por otro lado es normal la reacción que tienen.

Por su parte, Aída Ramírez Guardiola, abogada de la parte acusada, señaló que tratará de demostrar la inocencia de algunos de los detenidos, quienes incluso han pedido pasar por el detector de mentiras.

La mayoría de las mujeres violentadas rehúsa hablar con la prensa, tienen miedo a las represalias y a ser identificadas, pero hay algunas que sí quieren dar su versión a la opinión pública:

Ellos nos violaron, de eso no cabe duda, repitieron con insistencia dos de ellas a lo largo de la entrevista.

A las tres semanas de que los corchos (como ellas los llaman) las agredieron, tuvieron que volver al trabajo, porque no pueden dejar de ganarse la vida.

Una vida no tiene nada de fácil: asediadas por la prensa, prefieren seguir ocultando sus rostros que ser víctimas de los prejuicios. También temen volver a recibir amenazas por parte de parientes de los militares, como sucedió cuando interpusieron la denuncia penal.

LA INCERTIDUMBRE PERPETUA

Para muchas de las víctimas, el ataque en El Pérsico no fue el primer hecho violento que padecieron en su vida, por su condición de mujeres.

Una de ella suma este suceso a la violación sufrida a manos de su padre y que tuvo como consecuencia un embarazo.

Para otras, la agresión constituyó un golpe de conciencia, una oportunidad para reflexionar sobre el futuro, porque aquí la vida se va muy rápida, eso me dicen las compañeras, y no quiero que sea así para mí. A sus 24 años, piensa en su pequeño hijo y decide que tomará otro rumbo.

Y aunque los gritos del soldado (¡yo para que chingados te quiero!) luego de la violación difícilmente podrán ser olvidados, se dice afortunada, pues ahora sí sabe qué sigue para ella y su familia. La incertidumbre terminó, a pesar del estigma que significa haber sido violada, a pesar de la pobreza, del maltrato y de su vida de desamor.

Para otra de las mujeres, olvidar tampoco es fácil. El careo la hizo volver a vivir el pánico de la agresión. Voltea hacia la maleza, en el mismo lugar donde fue violada, evadiendo la mirada de quien la entrevista. Inquietas están también sus manos, que rozan su falda negra que llega casi a la misma altura que su cabello negro.

Al fin rompe el silencio: Recuerdo cuando uno de lo violadores me jaló los cabellos, luego subió mi falda, nunca había sentido tanto miedo. En el careo sentí igual, al volverme a enfrentar de nuevo al mismo sujeto que me lastimó. Me acuerdo también de las demás, de sus gritos de dolor.

Priscila, como nos pide la llamemos, también sufrió: fue sometida por seis hombres que introdujeron una metralleta en su vagina, pero no puede huir, tiene que seguir trabajando en el mismo lugar donde fue agredida. No terminé ni la secundaria, dice, y en una maquiladora te pagan 600 pesos por semana, eso lo gano aquí en un día.

Todas siguen con vida, pero han tenido que aguantar difamaciones y calumnias de sus victimarios: Hicieron correr el rumor de que un pleito por dinero entre un militar y una de nosotras inició la trifulca, que terminó en una especie de desquite de ellos hacia las nosotras.

Lo cierto es que ellos ya están en la cárcel, dice una de ellas, y por algo están ahí. Los que están encerrados son los culpables.

06/SF/GG/CV

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