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Castaños: retractación de 2 mujeres podría influir en sentencia

Por Soledad Jarquín Edgar/ enviada

Dos de las 14 mujeres que fueron agredidas sexualmente en la zona de tolerancia del municipio de Castaños, la madrugada del 11 de julio de 2006, se retractaron de sus dichos meses después y esas declaraciones podrían ser la diferencia en la sentencia que este lunes 1 de octubre dictará el juez de la causa.

Según ex compañeras de Wendy, también agredidas sexualmente por soldados, ella fue presionada y habría recibido 18 mil pesos. “Por 18 mil pesos vendió su dignidad”. Ahora trabaja en una maquiladora donde gana no más de 700 pesos semanales, “porque aquí no vuelve, aquí no la queremos”, advierten otra de las mujeres.

Wendy tenía 24 años cuando fue agredida por los soldados. Como la mayoría de ellas, dejó temprano la escuela por razones económicas. Luego vino un embarazo adolescente y el abandono de su pareja. Trabajaba en tiendas comerciales y alguna vez una amiga le contó que de bailarina le irá mejor, que no siempre trabajar en la zona de tolerancia significa “acostarse con los clientes”, así llegó a El Pérsico cuando tenía apenas 20 años”.

El día en que las mujeres fueron agredidas por los soldados, Wendy estaba encerrada en la cocina junto con otras ocho de sus compañeras. Escuchó los golpes e insultos contra la gente que no tuvo tiempo de esconderse. Temblaba como las demás por el miedo que se apoderó de su cuerpo pequeño que la hace parecer una adolescente, aunque intente parecer de más edad con sombras brillantes en los ojos y labiales de colores chillantes.

Los relatos de Wendy tras la agresión impresionan, parece que se le han grabado en la memoria. Lo repite una y otra vez, a todos los medios. Es la que más entrevistas concede a la prensa, recuerdan sus compañeras de El Pérsico. Entonces estaba indignada, dolida, el abuso sexual de los militares le recordaban todos los abusos que sobre su cuerpo se habían cometido antes.

Como lo hicieron otras de las mujeres de El Pérsico, desde su celular marca al 066 para pedir ayuda. Le dicen que pronto llegará la ayuda. Que ya están en camino. Pero la ayuda no llega. Los minutos corren y el escondite se convierte en una trampa. Un militar apunta con una pistola desde la ventana. Prefieren salir, una hora después, ante la promesa de que nada les pasará.

Wendy narró a Cimacnoticias en julio de 2006 que cuando camina rumbo al salón, puede observar cómo los militares abusan de una de sus compañeras en el baño, otra es violada en uno de los cuartos del centro nocturno. Sigue sin detenerse, temblando, porque dos militares las custodian y amagan con sus armas. En el salón las obligan a desnudarse y a bailar en círculo mientras les apuntan.

Un soldado le sujeta el brazo, la lleva a uno de los cuartos, donde la somete con amenazas de muerte y la encañona con su arma porque ella opone resistencia y llora. Después de cometer la violación, el hombre alto y delgado le pregunta si tiene alguna enfermedad porque no usó condón y le advierte que si lo denuncia volverá para matarla.

Cuando el soldado la deja en libertad vuelve al salón con sus compañeras, de inmediato “el líder” (Juan José Gaytán Santiago) la sujeta del brazo y se la lleva a otro cuarto, escucha que el militar que la agredió primero le grita; “acábatela”. Éste la somete a una serie de vejaciones. La historia de la amenaza se repite: si me denuncias regreso para matarte.

Con lágrimas en los ojos y a medio vestirse corrió a esconderse nuevamente. Pero otra vez, un tercer militar, la toma del brazo y se la lleva al baño, donde otra vez es violentada sexualmente. Una voz en el patio interrumpe la agresión: “llegó el comandante”.

Sus compañeras no dan crédito a lo que pasó después con Wendy y Nubia. Ambas se retractaron de sus dichos en los primeros días de marzo. Pero recuerdan que Wendy fue una de las tres que se acercaron al gobernador Humberto Moreira el 20 de julio, durante un acto en que él inauguraba obras. En entrevista con Cimacnoticias (el 11 de agosto de 2006), ella dice: “Le pedí que no nos deje solas, que exija a la Zona militar que le entreguen a los soldados, porque ellos saben quiénes son”.

El mandatario contestó ahí mismo: “dile a tus compañeras que no las voy a dejar, esto no se va a quedar así, vamos a llegar hasta donde se tenga que llegar”.

La vida -explicaba Wendy entonces- se le convirtió una pesadilla. El miedo se había apoderado de ella y le era difícil conciliar el sueño. Pero estaba dispuesta a seguir adelante, les había dicho una y otra vez al resto de las mujeres de El Pérsico que habían sido agredidas aquella madrugada. Incluso fue una de las primeras que denunció los hechos la misma mañana del 11 de julio y se sometió a las pruebas de medicina forense y psicología que demostraron que sí había sido objeto de una violación.

El 20 de agosto de ese mismo año, Wendy amplía su declaración y señala que ha reconocido a alguno de sus agresores por unas fotografías que aparecieron en un diario de Monclova. Se trataba, de “Yahir”. La fotografía había sido tomada al soldado mientras estaba prestando su servicio en el Instituto Federal Electoral.

La Procuraduría General de Justicia Militar señala en un reporte sobre los hechos sucedidos en la zona de tolerancia de Castaños que nueve soldados abandonaron el servicio la madrugada del 11 de julio, de lo cual se enteran a las 03:00 horas, cuando la policía estatal con base en Monclova le informan telefónicamente que personal militar del 14 Regimiento de Caballería Motorizada escandalizaban en la zona de tolerancia.

Versiones de las afectadas apuntan que no eran nueve sino más de 20 los soldados y que fue después de la 04:30 horas cuando otro grupo de militares llegó a sacarlos de El Pérsico. Es decir, más de una hora después de haber sido reportado el asalto a Castaños.

INTIMIDACIÓN

Ocho soldados fueron remitidos a las autoridades de justicia de Coahuila el 18 de agosto, a partir de entonces las mujeres agredidas denunciaron que en varias ocasiones fueron “visitadas por familiares o amigos de los militares detenidos”.

Este mismo fin de semana llegaron hasta los domicilios de dos compañeras familiares de los soldados que viven en Sabines, quienes dijeron que les darían lo que quisieran pero que retiraran las denuncias (Cimacnoticias, 21 de agosto de 2006).

Durante varios meses las mujeres agredidas por los militares fueron intimidadas. “Creemos que eso pasó con Wendy”, dicen sus compañeras, quienes muestran rabia y coraje porque la retractación podría afectar la sentencia de los soldados, “pero esperamos que haya justicia, esperamos que se condene a los ocho”.

Durante los meses que siguieron, Wendy empezó a cambiar. Dejó de asistir a sus terapias, no se presentó a declarar y se mostró molesta con sus representantes legales. Finalmente, acompañada de otro abogado, el 3 de marzo de 2007, llegó a declarar y aseguró que la firma en los documentos no era su firma y que había sido obligada a acusar a los soldados.

Que en realidad ellos no la forzaron a tener relaciones, pero tampoco les cobró para que no se molestaran, dijo entonces. No sin antes involucrar a la encargada de Comunicación Social de la Diócesis de Saltillo, Jacqueline Campbell; a la titular del Instituto Coahuilense de la Mujer, Guadalupe Freire, y a su ex abogada, Sandra de Luna.

Las primeras –dijo en su retractación– le dieron 200 pesos y la última una despensa para que acusara a los soldados.

Lo que pasó, dice una de sus compañeras entrevistadas, es que nosotras sabemos que le dieron dinero. ¿Cuánto? Pues, serían unos 18 mil pesos, eso es lo que se dice. “Por 18 mil pesos vendió su dignidad”, acusa otra de ellas. Una tercera, apunta que a El Pérsico o Las Playas no volverá, no la queremos.

De acuerdo con algunas trabajadoras de la zona de tolerancia, Wendy no sólo vendió su dignidad, también afectó el proceso, eso no se perdona, nos parece inaudito, increíble. De Nubia todavía, “ella es capaz de vender hasta su madre”. Señalan mientras esperan nerviosas la resolución del juez, la cual ?afirman– no puede ser otra que una condena a los ocho detenidos.

07/SJ/GG/CV

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