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Ceci Loría, el feminismo como quehacer cotidiano

Por Lucía Lagunes Huerta*

Cecilia Loría, Ceci, como le decimos con cariño, nos regaló la oportunidad de estar con ella y con su familia. Nos reunió, ayer domingo, para compartir con ella la despedida de este mundo terrenal.

Ahí estuvieron con quienes compartió la vida: las feministas, organizaciones sociales, defensoras y defensores de derechos humanos, artistas, periodistas. También funcionarias como Malú Mícher, directora de Inmujeres DF; el maestro Emilio Álvarez Icaza, presidente de la CDHDF. También estuvo Margarita Zavala, Josefina Vázquez Mota y José Ángel Córdova.

Me despedí de mi maestra. Agradezco la dicha de haberla conocido y compartido con ella, de haber aprendido de ella. Porque Ceci es una mujer que, más que en el discurso, en el quehacer cotidiano aplicaba el feminismo.

Durante la misa que ofició el padre Miguel Concha, se recordó la entereza de Ceci, su fortaleza espiritual para seguir adelante. Recuerdo cuando en mayo del 2007 la vida quiso que el día que visité a Ceci en su casa, se anunciara el Premio Nacional de Periodismo para CIMAC, estaba feliz, cuando llegué me abrazó, me felicitó y sacó el tequila, si bien ella no podría tomar “había que festejar”.

Ella conoció muy bien el proyecto de CIMAC, la vida interna de nuestra institución, nos acompañó en el proceso de construcción y nunca nos dejó, siempre estuvo ahí.

En días pasados, conversaba con otra amiga sobre nuestras maestras en la vida, quienes nos han enseñado, más allá del conocimiento, con sus acciones, quienes nos han compartido el amor, la amistad, la hermandad. Nos han prestado sus manos para agarrarnos cuando sentimos que necesitamos apoyo.

Estas son nuestras maestras feministas, con quienes una puede compartir la vulnerabilidad sin sentirse en desventaja o creer que puede ser usada en contra de una. Quienes tejen lazos de cariño y amistad sin estar esperando con ello sacar algo de provecho personal.

Ceci fue esa maestra y hasta el día de hoy lo sigue siendo y lo seguirá siendo, una mujer cuyos ideales defendió, luchó por lo que ella creía, por una vida digna para las mujeres, por un país justo para toda la población mexicana, apostó hasta el último momento por un proceso democrático, construyó su cuarto blanco en el proceso electoral presidencial del 2006.

Por eso nos duele que su cuerpo ya no esté, porque como dice María Zambrano: No tener una maestra es no tener a quién preguntar y, más hondamente, no tener ante quién preguntarse.

Pero está ahí sus regalos en la vida, sus enseñanzas cotidianas, su sonrisa…

Sus enseñanzas nos sirven para seguir construyendo ese mundo posible, para que las mujeres sigamos ejercitando en la práctica la sororidad y el afidamento, la confianza, el respeto, la construcción de pactos ético para seguir avanzando hacia ese mundo justo e igualitario.

*Periodista y feminista mexicana, coordinadora general de Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC).

08/LLH/GG

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