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Cecilia Loría, la ciudadanía y el camino de las mujeres

Por Susana Trejo de Jesús

“La construcción de una nueva identidad como mujer pasa por rompimientos internos profundos y dolorosos”, ha señalado la feminista mexicana Cecilia Loría, quien también ha propuesto pelear contra el estereotipo del rol femenino y además recuperar lo que se ha dejado de lado: la maternidad y la pareja.

Feminista, desde hace 21 años, para ella si bien el feminismo ha realizado grandes aportaciones, también tiene problemas internos que superar “se ha vuelto ensimismado; no sabe lo que pasa en el país o en el mundo”, de ahí, afirma, que “existen conceptos que requieren otro significado”.

Por tanto, no podemos seguir con la misma forma de hacer política, dice, “tenemos que reivindicar el género sin perder nuestra identidad ni nuestras demandas, insertarlo en la agenda política nacional, replanteando su inclusión en la comunidad y los grupos sociales”.

A esta y otras conclusiones llega en su autobiografía publicada en 2001 por la Editorial Edicol, Mujeres mexicanas del siglo XX, La otra revolución.

PARTICIPACIÓN POLÍTICA

En una narración escrita por ella misma, titulada Replantear la identidad femenina, Loría cuenta que nació por accidente en la Ciudad de México, durante un viaje de su padre en 1951.

Un año después se mudó a Querétaro, en el Bajío mexicano (al centro del país), donde estudió doce años en una escuela de monjas. De niña se sentía sola y en ocasiones contrariada, porque su madre, de origen europeo, solía ser más liberal, pero su familia era de ideas conservadoras.

Cecilia no quiso seguir estudiando en la escuela de monjas. Su ingreso y estancia en la preparatoria fue una etapa importante, pues el rector Hugo Gutiérrez Vega llevó a conferencistas como el escritor y periodista Carlos Monsiváis, quien se ha distinguido por su punto de vista crítico.

La actividad cultural también fue intensa en esos años en Querétaro. Loría eligió seguir la carrera de Antropología y se trasladó a la Ciudad de México. En esos años la huelga estudiantil de 1968 ocupaba a profesores y estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y se inscribió en la Universidad Iberoamericana, donde, por descuidar sus estudios, perdió su beca y regresó a Querétaro.

Por contactos con sus antiguos compañeros de preparatoria entró a la televisión y fue la primera locutora de Querétaro en la estación XEXC; donde hizo el programa Tribunal Femenil con Cecilia Loría con entrevistas y reportajes.

Casada a los diecinueve años con un joven que conoció en la Escuela de Psicología, siguió trabajando en la radio. Cuando cursaba el tercer año de la carrera tuvo a su primer hijo. Estudios, trabajo y el cuidado de su hijo, relata, fueron experiencias difíciles.

Pronto se recibió como licenciada en psicología en la Universidad Autónoma de Querétaro, y más tarde se especializó como psicoanalista en el Círculo Psicoanalítico Mexicano.

Se separó de su esposo debido a que ella era militante política y sindical. Conoció a su pareja actual, Carlos Rodríguez, psicoanalista y psiquiatra, en la organización política Punto Crítico.

Su nueva familia quedó conformada por dos hijos de su primer matrimonio y dos de Carlos, un quinto nacimiento vino a culminar ese “nuevo proyecto de familia”, cuenta Loría.

Tiempo después, por contacto de un amigo, fue a trabajar a la Universidad de Guerrero, cuando el entonces gobernador Rubén Figueroa había prohibido las campañas de alfabetización en esta entidad.

Cecilia, junto con un grupo de jóvenes universitarios y preparatorianos, emprende programas para alfabetizar y en 1978 se convierte en la coordinadora de una brigada destinada a la Costa Grande, donde fue testigo de la persecución de los hombres en esa región guerrerense.

Trabajó por 10 años con Rosario Ibarra, en el Frente Nacional contra la Represión (FNCR) liberando y buscando desaparecidos políticos, proyecto de la organización Punto Crítico. Dentro de ella formó parte del Primer Encuentro de Mujeres, para impulsar una agenda de las mujeres.

Durante 1995 colaboró en Chiapas con el EZLN. Ahí participó en la planeación y celebración de la Convención Nacional, en junio de 1995, donde se promovió la participación de la sociedad civil en asuntos públicos.

Producto de esta Convención se redactó una carta de derechos ciudadanos, que promovió la participación de la sociedad civil para la creación de una reforma de Estado.

EDUCACIÓN POPULAR Y CUESTIONES DE GÉNERO

Grupo de Educación Popular con Mujeres (GEM) es una de las asociaciones civiles en las que ha trabajado Cecilia. Educación popular, mujeres y cuestiones de género son los temas que trata. Y sus ejes centrales son la mujer y su entorno laboral; las empresas sociales de las mujeres, desde cooperativas hasta problemas administrativos, familia y mujer.

Dentro de esta organización publicó los libros Familias en transformación y códigos por transformar, Construyendo las propuestas políticas de las mujeres para el Código Civil y Para nacer de nuevo, una experiencia de educación popular.

Loría ha trabajado en colaboración con otras feministas mexicanas como Patricia Mercado, en el programa Ganando Espacios. Formó parte y ocupó la dirección de la agrupación política Causa Ciudadana, con el objetivo de obtener espacios para la intervención femenina en la lucha ciudadana.

Para esta feminista el concepto de ciudadanía implica la participación política sin pertenecer a ningún partido. Tal concepto, afirma, está relacionado con la cooperación en el temblor de 1985, el debilitamiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la transición democrática.

Coordinó a escala nacional, con otros colaboradores, a las 300 organizaciones no gubernamentales que participaron en el foro alterno a la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer, celebrada en Beijing. Fue la primera vez en que grupos feministas se reunieron simultáneamente.

Desde dicha conferencia, es parte del Consejo Consultivo del Programa Nacional de la Mujer. Además coordina la organización de Mujeres por un Milenio Feminista. En el año 2000 fue candidata al Senado de la República por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Más tarde, durante el sexenio de Vicente Fox, ocupó la dirección del Instituto Nacional de Solidaridad, adscrito a la Secretaría de Desarrollo Social.

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