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Chiapas: pobreza extrema expulsa a las mujeres a EU

Chiapas concentra 6 de los 10 municipios más pobres del país, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), principal razón de la migración femenina en el estado.
 
Con una población mayoritariamente rural e indígena, el menor índice de desarrollo humano y más alta marginación, la situación de pobreza extrema en las familias rurales en Chiapas es alentada y reproducida por los salarios bajos, la ineficacia de los programas sociales y las nulas políticas de desarrollo.
 
En su investigación “El papel de las remesas en los hogares de Chiapas” (2010), Óscar Peláez Herreros señala que la pobreza extrema ha obligado cada vez en mayor medida a las personas a emigrar a las principales ciudades del estado, al norte del país o a Quintana Roo y Estados Unidos, con el afán de encontrar mejores condiciones de vida para sus familias.
 
Para 2012 de los 11 millones 700 mil mexicanas y mexicanos que  viven en EU, las mujeres representan el 46 por ciento (4 millones 680 mil) que mandaron remesas en promedio de unos 10 mil 324 millones de pesos, según el Banco de México (Banxico).
 
Datos oficiales para la elaboración del Plan de Desarrollo 2006-2012 indican que Chiapas ocupa el último lugar nacional en el Índice de Desarrollo Humano y el segundo lugar en marginación,  lo que representa que de sus 118 municipios, 53 de ellos se consideran de “muy alta” y 40 de “alta” marginación. 
 
Las familias que emigran por ejemplo a EU desde Chiapas piden dinero prestado y recurren a las casas de empeño para obtener de 5 mil a 50 mil pesos.
 
A diario en Chiapas salen camiones de las principales ciudades, cómo Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de Las Casas, Palenque y Tapachula, en viajes directos a la frontera norte. Un boleto a Tijuana vale desde mil 850 pesos.
 
Los polleros o coyotes (traficantes de personas) pueden cobrar desde 150 o hasta 5 mil dólares por persona (entre mil 900 a 63 mil pesos mexicanos), dice el director del Instituto Estatal de Migración (IEM), Rigoberto Castañeda Espinosa.
 
En busca del “sueño americano”, las familias más pobres de Chiapas se endeudan con lo poco que tienen, cómo son su tierra donde trabajan y viven, ganado, o de plano firman pagarés para juntar lo suficiente para llegar a la frontera, medio alimentarse y pagar a un “coyote” para cruzar la frontera.
 
Para 2010 en el estado había un millón 580 mil 626 personas en pobreza extrema; 2 millones 197 mil 97 chiapanecas y chiapanecos con pobreza moderada, y 3 millones 777 mil 723 en situación de pobreza, afectando a 86 municipios con un muy alto y alto grado de pobreza, de acuerdo con el Comité Estatal de Información y Estadística de Chiapas.
 
POCA MEJORÍA CON REMESAS
 
En su estudio, Peláez Herreros reporta que para 2010 si bien el impacto de las remesas en el conjunto de la economía chiapaneca es aún bastante reducido, para los hogares receptores estas transferencias suelen ser su principal fuente de ingreso.
 
En términos medios, las remesas representan 43.04 por ciento del ingreso total de los hogares que las reciben en la entidad. En 2011 el monto fue de 594.8 millones de dólares.
 
El ingreso promedio de los hogares que perciben remesas supera ligeramente al de los hogares sin acceso a esta fuente de ingreso.
 
Peláez Herreros argumenta que las familias receptoras de remesas se limitan a acumular el ingreso y darles, en parte, el uso habitual que da al resto de los ingresos.
 
“La mayor parte de los hogares o familias que reciben remesas tienen jefa de hogar como jefe sustituto, lo que indica que se trata de familias divididas por el fenómeno migratorio donde la disponibilidad para emprender actividades productivas es prácticamente anulada por el peso de las tareas domésticas y de cuidado de los hijos”.
 
La pobreza en las familias está más extendida en las zonas rurales que urbanas: 8 de cada 10 chiapanecas y chiapanecos en poblaciones rurales se encuentran en pobreza extrema, cuyo gasto en consumo es inferior a la línea de pobreza alimentaria o canasta básica, según el Comité Estatal de Geografía y Estadística de Chiapas 2012.
 
En el estudio “Migración y remesas en el estado de Chiapas” (2008) se advierte que la situación económica chiapaneca es de un persistente atraso económico, tomando en cuenta que las actividades productivas de la entidad tienen más de dos décadas de crecer a ritmos mínimos, y en algunos casos con tasas de desempeño económico negativas.
 
Las y los migrantes mexicanos en EU ganan menos que los ciudadanos de otras nacionalidades y de estos las mexicanas migrantes obtienen menos ingresos, según Adolfo Albo Márquez, economista en jefe para México de BBVA Bancomer.
 
Su ingreso promedio apenas llega a unos 10 mil dólares anuales (unos 129 mil 996 pesos mexicanos), es decir 10 mil 833 pesos al mes.
 
El sector rural en Chiapas representa 51 por ciento de la población total. Datos sobre la Población Económicamente Activa Ocupada (PEAO) indican que sólo 29 por ciento de esta población son mujeres, la mayoría empleada en el sector informal.
 
MIGAJAS CON LOS PROGRAMAS SOCIALES
 
Desde el año 2000, los programas de desarrollo y de combate a la pobreza en el estado han privilegiado a las mujeres como principales beneficiarias.
 
Sin embargo los niveles de pobreza siguen siendo altos, lo cual ha obligado a que las familias emigren primero a otros estados y después a EU.
 
Mayra Moreno Trujillo, directora de Chiapanecos en el Exterior de la Secretaría para el Desarrollo de la Frontera Sur, considera que actualmente unos 40 mil chiapanecas y chiapanecos dejan sus comunidades para emigrar al vecino del norte.
 
Un informe de organizaciones de mujeres presentado en 2012 ante el Comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) señala que la mayoría de los programas sociales no promueven la libertad ni la capacidad de las mujeres para tomar decisiones que afectan sus vidas.
 
Agrega que tales programas las convierten en dependientes de un sistema asistencial que las inmoviliza política y socialmente, desconociendo su calidad de titulares de derechos y con capacidad de transformar su propia realidad.
 
En el informe hacen referencia al programa federal Oportunidades: “Carece totalmente de un enfoque de género e intercultural, no garantiza los derechos civiles ni sociales de las personas beneficiarias, y en particular de las mujeres.
 
“Es un programa que transfiere recursos a las mujeres para la educación, la salud y nutrición de sus hijos. Es asistencialista porque perpetúa la pobreza, reduciendo el gasto social que implicaría para el Estado garantizar a la población el acceso efectivo al derecho a la educación, el derecho a la nivel más alto de salud, así como el derecho a los alimentos.”
 
Las consecuencias de estas políticas asistencialistas –remarcan las organizaciones civiles– “han estado sujetas a mayor violencia familiar por no asistir a las reuniones (…) o al resistirse a dar el dinero (la transferencia monetaria) a sus maridos. Otras mujeres advierten que el dinero que fue entregado se convirtió en fuente para financiar el alcoholismo de sus esposos, y en otros casos éstos dejaron de trabajar”.
 
En México, en 46 por ciento de los hogares que reciben remesas una mujer es la jefa del  hogar. Además, casi 70 por ciento de los hogares receptores de remesas tienen una jefa o jefe de hogar sin instrucción escolar o sólo con primaria.
 
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