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Chicas superpoderosas

Por Cecilia Lavalle

Por siglos las palabras “mujer” y “poder” se consideraron antónimas. Simplemente no podían ir juntas, no podían asociarse; a menos, claro, que se hablara del “poder” de un lavatrastes. Actualmente, las cosas no han cambiado mucho, pero algunos avances hay. Al menos ya hacen una lista de chicas superpoderosas.

El pasado jueves, la prestigiada e influyente revista estadounidense Forbes publicó la lista de las 100 mujeres más influyentes del mundo. Conformó esa lista a partir de criterios de visibilidad (el número de veces que una persona es nombrada en los medios de comunicación), e impacto económico. Para este último criterio tomó en cuenta el estatus o jerarquía y el radio de influencia económica sobre el cual la persona ejerce su dominio.

Entre las seleccionadas para este año lo mismo hay políticas que empresarias que luchadoras sociales. Hay una escritora, dos premios Nobel, una corresponsal y una presentadora de televisión. Las hay norteamericanas, chinas, latinas, francesas, africanas. La gama es amplia. Sólo tienen algo en común: tienen poder y lo ejercen en su ámbito de influencia.

Este año entre las primeras 10 se encuentran cuatro políticas, cinco empresarias y una presentadora de televisión que también es empresaria. El primer lugar lo ocupa por segunda ocasión Condolezza Rice, secretaria de Estado del gobierno estadounidense. El segundo lo tiene la viceministra china Yi Wu, conocida como “la dama de hierro” del coloso oriental.

El tercero es para Yulia Tymoshenko, primera ministra de Ucrania. En el cuarto se encuentra la presidenta de Filipinas, Gloria Arroyo. El quinto y sexto lo ocupan respectivamente la presidenta del sitio de subastas en línea eBay.com, Margaret Whitman, y la presidenta ejecutiva de Xerox, Anne Mulcahy. En el octavo se encuentra Brenda Barnes, presidenta ejecutiva de Sara Lee. En el noveno, la famosa presentadora de televisión Oprah Winfrey. Y en el décimo Melinda Gates, cofundadora de la fundación Bill & Melinda.

Entre otras mujeres con poder político figuran, Mary McAleese, presidenta de Irlanda (en el lugar 21), Helen Clark, primera ministra de Nueva Zelanda (24), Chandrika Kumaratunga, presidenta de Sri Lanka (25), Hillary Rodham Clinton, senadora norteamericana (26), Khaleda Zia, primera ministra de Bangladesh (29).

Las latinoamericanas aparecen en la lista con Carla Cicco, presidenta de Brasil Telecom en el lugar 32, y con la mexicana María Aramburuzabala, vicepresidenta de la cervecera Grupo Modelo en el lugar 53.

Dos premios Nobel de la Paz ocupan asimismo un sitio en la famosa lista. Aung San Suu Kyi, de Birmania, premio 1991 y privada de su libertad desde 2003 por su lucha en favor de la democracia, ocupa el lugar 15; y Wangari Maathai, premio 2004, viceministra del MedioAmbiente en Kenya, en el lugar 68.

La millonaria escritora J.K. Rowling, creadora del fenómeno literario Harry Potter, está en el lugar 40, y Cristiana Amanpour, corresponsal del canal norteamericano cnn está en el sitio 72, por encima de la reina de Inglaterra, Isabel ii, quien ocupa el puesto 75.

Seguramente no están todas las que se consideran que son; y, acaso, tampoco se considera que son todas las que están. Pero independientemente de ello me parece que la mejor noticia con respecto a esta lista es la variedad. Porque es tal, que no podemos encontrar en estas mujeres un solo estilo de ejercer su influencia o poder.

Culturalmente se considera que el ser analítico, fuerte, dominante, son cualidades masculinas; y, por el contrario, el ser emocional, débil, pasiva, son cualidades femeninas. Con estos estereotipos, es fácil entender por qué poder y mujer han sido palabras que difícilmente se imaginan asociadas.

Muchísimas mujeres a lo largo de la historia, por ocupar cargos de poder, debieron asumir las cualidades consideradas exclusivamente masculinas y olvidar las consideradas exclusivamente femeninas. Es más, podemos decir que aún es largo y tortuoso el camino para validar el ejercicio del poder desde códigos menos estereotipados. Margaret Thatcher, quien fuera poderosa primera ministra de Inglaterra, solía decir que se le criticaba como mujer lo que se le aplaudiría como hombre. Cabe decir que también afirmaba que “por mucho que cante el gallo, la que pone los huevos es la gallina”.

Resulta entonces alentador encontrar en esa lista a mujeres de tan diverso origen, con tan distintas luchas, ejerciendo poder o influencia de tan variadas maneras. Se trata sin duda de chicas superpoderosas que, queriéndolo o no, están rompiendo moldes y abriendo brechas para otras. Y ya que rompen moldes ¿qué tal sería una reunión con las cien? ¿Alguien se atrevería a llamarle aquelarre?
05/CL/GM
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