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Chile: las marginadas del campo, reunidas en tiempos de siembra

Por la Redacción

Unas dos mil mujeres pobres, campesinas e indígenas, que conforman la voz de las marginadas del campo, convergirán en la capital chilena del 21 al 23 de marzo para exigir relaciones de igualdad en términos de género, clase y etnia, informa el servicio especial Mujeres del Tercer Milenio, de Prensa Latina.

Las chilenas del campo buscan también un medio ambiente equilibrado entre las personas y la naturaleza.

De manera callada pero sin descanso, estas mujeres vienen celebrando reuniones en todo el país desde abril del año pasado, reflexionando sobre el futuro del campo, que consideran se encuentra en grave peligro.

El impacto del modelo neoliberal en el sector rural, la defensa de la biodiversidad, las expectativas de la juventud rural e indígena y la violencia de género son temas que se analizarán aquí durante el Primer Congreso de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI).

En el encuentro expondrán los problemas de este importante sector de la población ante las autoridades y ante representantes de otras organizaciones sociales, incluyendo a medio centenar de invitados extranjeros.

ANAMURI, según las organizadoras, defiende los derechos de las mujeres de los sectores rurales, promueve su capacitación y su intervención en el control ciudadano y alienta el debate sobre las propuestas sociales y políticas del movimiento.

Asimismo, exige una adecuada atención de las necesidades básicas de las mujeres, a fin de mejorar su calidad de vida y su inserción en la sociedad en igualdad de condiciones.

ESFUERZO INTERNACIONAL

En el ámbito internacional, ANAMURI es parte del movimiento anti globalización neoliberal, miembro de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y, a nivel mundial, de la Vía Campesina (VC).

Francisca Rodríguez, la encargada de ese frente, explicó el interés de ANAMURI en integrarse con otros movimientos para enfrentar la globalización económica y las políticas de libre mercado y de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Igualmente, para desarrollar la solidaridad y la unidad dentro de la diversidad con los movimientos sociales y las organizaciones campesinas del mundo, y promover las relaciones de igualdad y de justicia social entre los géneros y entre los pueblos.

Rodríguez planteó además la necesidad de impulsar la lucha por la tierra, la preservación de la biodiversidad, la soberanía alimentaria, la producción agrícola sostenible de pequeña y mediana escala, y los derechos de las asalariadas agrícolas y las emigrantes.

Aunque abarcará numerosos temas relacionados, ANAMURI considera la Soberanía Alimentaria su principal propuesta política, el motor de nuestro trabajo durante los últimos años, según la convocatoria del Congreso.

Para la exitosa realización del evento, las chilenas seleccionaron cuidadosamente la fecha, en el Equinoccio de otoño, ciclo de la naturaleza que anuncia: Las cosechas ya terminaron, es tiempo de semillas, es tiempo de celebrar, es tiempo de sembrar.

También el lugar del encuentro es significativo: la Estación Mapocho, un antiguo terminal ferroviario capitalino, convertido en centro cultural de primer nivel.

Las dos mil delegadas -en representación de seis mil afiliadas-

acamparán en torno al lugar porque esa estación fue el primer acercamiento del campo a la ciudad, las campesinas trajeron allí sus productos para ofrecerlos a los capitalinos.

Ahora volverán a exponer allí sus productos agrícolas (yerbas medicinales, hortalizas, vegetales, flores, productos procesados, comidas típicas campesinas e indígenas y artesanía), todo en consonancia con la naturaleza, como les enseñaron sus abuelas.

Ninguno de esos alimentos es producido con agrotóxicos, sin venenos -dice la ANAMURI- que atentan contra la vida no sólo de los seres humanos, sino de todo el planeta.

La presidenta Michelle Bachelet fue invitada al Congreso, así como otras autoridades y dirigentes de organizaciones sociales y populares, según la Asociación Mujeres Aymaras, Kollas, Diaguitas, Mapuches y Quechuas, concluye el servicio Especial de Prensa Latina.

La mayoría de ellas son pequeñas productoras, pescadoras, artesanas, crianceras, asalariadas agrícolas, cultoras del folklore y de las tradiciones del campo, organizadas en asociaciones, talleres, sociedades productivas, sindicatos, cooperativas y comités.

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