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Cómo detectar en forma temprana trastornos alimenticios

Por la Redacción

Los trastornos de la alimentación, en especial la anorexia y la bulimia nerviosa, preocupan enormemente a la sociedad actual debido a los alarmantes índices de incidencia que presentan.

Son trastornos que, una vez instalados, tienen una curación larga y costosa, un diagnóstico precoz es fundamental para conseguir una curación más rápida y evitar algunos de los efectos devastadores que este tipo de patologías ocasionan en la vida personal, familiar y social de los afectados.

En primer lugar, la anorexia nerviosa afecta mayoritariamente a mujeres prepúberes o adolescentes, pero también, aunque en menor medida, a mujeres adultas y a hombres jóvenes.

Se caracteriza por un deseo intenso de pesar cada vez menos, por el miedo a la obesidad y por un trastorno del esquema corporal que hace verse más gordo/a de lo que se es en realidad, de acuerdo con una nota publicada en el portal Mujeres Chile.

Para conseguir la progresiva pérdida de peso, las personas anoréxicas hacen una intensa restricción alimentaria que se acompaña, en muchas ocasiones, de ejercicio físico excesivo y conductas de purga (vómitos autoinducidos, laxantes, diuréticos).

Estos pacientes acostumbran a resistirse a la recuperación porque no valoran correctamente la gravedad de su problema. Los pacientes con bulimia nerviosa presentan también un miedo intenso a la obesidad y, como en la anorexia, tienen pensamientos relacionados con la comida, el peso y la figura.

Pero lo que caracteriza a este trastorno y lo diferencia del primero es la pérdida de control sobre la conducta alimentaria.

Aparecen episodios de ingestión voraz, durante los cuales consumen una gran cantidad de comida en muy poco tiempo (atracones), seguidos de conductas compensatorias para evitar el aumento de peso: ayuno, vómitos autoinducidos, abuso de laxantes y/o diuréticos y ejercicio físico excesivo.

Los pacientes con bulimia suelen tener mayor conciencia de enfermedad ya que consideran que sus conductas no son normales, lo cual favorece la aparición de sentimientos de fracaso, vergüenza e impotencia.

Una pregunta que se hacen muchos padres es ¿Cómo se desarrolla un trastorno alimentario? Algo que deben tener muy claro es que los trastornos de la alimentación son multifactoriales, es decir, que es necesaria la presencia de diversos factores para que lleguen a desarrollarse.

No existe una causa única, en primer lugar, para que acabe desarrollándose el trastorno es necesaria la existencia de unos factores que predispongan a la persona haciéndola más “sensible” a padecer estas patologías y no otras.

Estos factores de predisposición destacan el sobrepeso infantil; perfeccionismo; gran autocontrol, alta autoexigencia, impulsividad, ausencia de normas estables, ausencia de hábitos bien estructurados, baja autoestima y miedo a madurar.

Entre las causas familiares se ubican hábitos alimentarios desestructurados, preocupación excesiva por la figura en la familia, obesidad de algún familiar; conflictos familiares, baja resolución de conflictos, pobre comunicación, sobreprotección, rigidez o laxitud de las normas, mezcla de roles familiares.

Y finalmente se anotan causas socioculturales, estereotipos culturales femeninos (delgadez extrema), prejuicios contra la obesidad, determinadas profesiones y deportes (moda, gimnasia rítmica, patinaje, etc.)

Los chicos/as que presentan alguna predisposición pueden llegar a tener actitudes anormales respecto al peso y la figura de manera que, probablemente, ante la presencia de un factor precipitante, desarrollarán un trastorno alimentario.

Cambios en sus hábitos alimentarios o en su forma de relacionarse con la comida , es probable que haya empezado a evitar ciertos alimentos (dulces, carne) o algunas formas de cocinarlos (rebozados, fritos).

En ocasiones empiezan a interesarse por hacer su propia comida o controlan a quién la está haciendo, diciéndole la cantidad que debe servir en los platos o qué platos debe cocinar y cuáles no, etcétera.

Debes fijarte en si se da atracones de comida, es decir, si come mucha cantidad de alimento en poco tiempo, y lo hace de forma “ansiosa”.

Va al baño de forma sistemática después de las comidas o, incluso mientras está comiendo, se encierra en el lavabo durante un rato, se va a su habitación y cierra la puerta.

Hace mucho ejercicio físico, le cuesta estar relajado/a y se muestra en general inquieto/a, muy activo/a, además de que es común que deje de usar el ascensor y suba siempre escaleras, o si camina más de lo acostumbrado.

Cambios en el carácter, irritabilidad o coraje por cualquier cosa, especialmente cuando se habla de la alimentación y repentinos cambios de humor, son otros de los posibles focos rojos.

2004/LR

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