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Con envío de remesas, mujeres contribuyen al desarrollo

Por Rubí López, corresponsal
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Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en Guatemala hay un millón 323 mil 139 receptores de remesas, de los cuales 65 por ciento son mujeres.
 
“Las mujeres guatemaltecas tienen una gran responsabilidad del buen uso de las remesas”, explica Amílcar Vásquez de la Pastoral de Movilidad Humana.
 
“En primer lugar utilizan esos recursos para gastos de consumo, después priorizan el pago de la deuda que la familia adquirió con el ‘coyote’ (traficante de personas), luego la educación de sus hijas e hijos y la salud, en ese orden”, según Vásquez.
 
De hecho, las remesas son una forma de supervivencia para muchas mujeres que se quedan en el país centroamericano, mientras su esposo, sus hijos u otros familiares viajan a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.
 
Un ejemplo de ello es Darili Camposeco Morales, de 30 años y madre de dos hijos.
 
Ella administra las remesas que le envía su esposo desde EU. “El dinero que recibo me sirve para comprar la comida diaria, el gasto y la educación de mis hijos”, relata desde San Antonio Huista, departamento de Huehuetenango, lugar donde vive.
 
Con el tiempo y un poco de ahorro, también ha logrado hacer mejoras a su vivienda.
 
MODO DE SUBSISTENCIA
 
En 2012, Guatemala recibió por medio de las remesas 4 mil 782 millones 728 mil 700 dólares, la cifra más alta registrada en los últimos cinco años, según el Banco de Guatemala (Banguat). 
 
Otras mujeres, en cambio, envían remesas a sus familiares en Guatemala desde EU.
 
“Mensualmente le mandaba 100 dólares (mil 211 pesos mexicanos) a mi suegra, otros 100 le mandaba a mi mamá y a mi hermano”, cuenta “Claudia Pérez” (nombre ficticio), de 44 años. “Mi madre no ha podido trabajar, pues mi hermano tiene discapacidad”, explica.
 
“Yo me fui con mis dos hijos en 2005 con la ayuda de un ‘coyote’ que me cobró 6 mil dólares (cerca de 73 mil pesos mexicanos) por cada uno de nosotros”, relata. El sacrificio rindió frutos: lo primero que pagó fue la deuda adquirida con el “coyote”.
 
“Con el dinero que gané trabajando de ama de llaves durante más de siete años en Florida, mi madre mejoró sus condiciones de vida y de vivienda, y mi suegra pagó su tratamiento médico, pues padecía cáncer”, recuerda.
 
“Pérez”, quien fuera emisora de remesas, hoy es receptora y administradora de los recursos que le envía su esposo desde EU. Ella fue deportada en enero pasado.
                               
Según los datos de la “Encuesta sobre remesas 2010: Protección de la niñez y adolescencia”, publicada por la OIM, 49 por ciento de las remesas que recibe Guatemala se utilizan para bienes de consumo y 20 por ciento para el ahorro o la inversión.
 
Los representantes de las organizaciones civiles consultadas coinciden en que el envío de remesas produce un “efecto cascada”, que no sólo beneficia a las familias de las mujeres que las reciben sino también a la comunidad.
 
Gemayel Fuentes Citalán, asesor jurídico de la Casa del Migrante en la ciudad de Tecún Umán, explica: “Las y los migrantes duplican los resultados que obtienen en EU, pues con ese ingreso no sólo generan el sustento en el país del norte, sino que generan empleo a más personas que viven en Guatemala. Es decir que no sólo dan el pescado, sino también el anzuelo”.
 
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