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Con información abaten embarazos en adolescentes

Por Guadalupe Cruz Jaimes

"Cuando estaba en secundaria me tocó exponer acerca del condón; fui al centro de salud y cuando pedí los preservativos la enfermera me dijo: ?¿Para qué los quieres? Estás muy chiquita, solamente te vamos a dar uno?", recuerda Blanca Carranza, de 18 años de edad.

Para la adolescente, originaria de la delegación Tláhuac ?una demarcación de corte semirrural al suroriente de la capital del país?, este hecho representa una contradicción porque "nos piden que nos cuidemos, pero no nos proporcionan los anticonceptivos, y cuando los pedimos nos los niegan".

Blanca cursa el sexto semestre de bachillerato en el Instituto de Educación Media Superior (IEMS) y es promotora de los derechos sexuales y reproductivos desde hace dos años, después de tomar varios talleres con la organización civil Salud Integral para la Mujer (Sipam) en su escuela.

Acudió a la convocatoria de Sipam movida por "la curiosidad y el morbo, llena de ignorancia y vergüenza", pero conforme avanzaron las sesiones "me fui capacitando y adopte otra forma de ver la sexualidad", señala.

Antes de recibir información con Sipam "conocía el condón masculino y el dispositivo intrauterino (DIU), también los parches, porque había escuchado de ellos en la radio, pero desconocía su efectividad y cómo se usan".

Blanca asume que a diferencia de otras jóvenes de su edad, quienes tras culminar la secundaria abandonaron los estudios, ella tiene más información y acceso a métodos anticonceptivos.

"Las doctoras (de la escuela) nos proporcionan condones, sólo nos piden nuestro nombre, matrícula y número de preservativos para llevar el control del material que entregan. Eso le molesta a la mayoría porque dicen que no hay confidencialidad", relata.

NIÑAS MADRES

Las jóvenes de la edad de Blanca que están fuera del sistema escolar experimentan otra realidad. "De mis amigas de la secundaria, la mayoría ya son madres de dos o tres niños; algunas son madres solteras. Ellas me preguntan si no me he casado o si todavía no tengo hijos", cuenta.

Ella les responde que aún no, y considera que no está preparada para hacerse responsable de otra persona. Además, antes de unirse en pareja planea estudiar una licenciatura relacionada con el cuidado de la salud sexual y reproductiva, pues descubrió que el tema la apasiona.

La estudiante del IEMS opina que sus compañeras "no tienen hijos por ?calentura?, sino por falta de información ya que si tienen un condón a la mano y la información, lo usarían para evitar una infección de transmisión sexual (ITS) o un embarazo no deseado".

En México cada año se registran 400 mil embarazos en adolescentes, de las cuales cerca del 80 por ciento no acude a revisión médica, según la Secretaría de Salud federal.

La comunidad de Blanca, ubicada en la colonia Zapotitlán, en Tláhuac, "carece al máximo de información", a pesar de contar con un centro de salud donde "a veces pegan carteles, pero no hay nadie que se pare y explique cuáles son los métodos anticonceptivos, cómo se utilizan y de qué nos protegen", denuncia la joven.

Además de este déficit, la adolescente refiere que falta personal capacitado y sensible para que no limite el acceso a métodos anticonceptivos a personas menores de edad.

Asimismo, se necesitan campañas que difundan cuáles son los derechos sexuales y reproductivos, no sólo en los medios de comunicación, también en las escuelas, los parques, "en todas partes hay gente que quiere saber?", enfatiza Blanca.

La información también permite abatir prejuicios que se originan en la familia y se refuerzan socialmente, tales como "debes llegar virgen hasta el matrimonio o si inicias vida sexual ?ya andas de loca?", dice la estudiante de bachillerato.

DERECHO A DECIDIR

Blanca ahora conoce que uno de los derechos sexuales es decidir libremente cuándo, cómo y con quién ejercer su sexualidad. Considera que éste es su derecho favorito.

Conocer su derecho a decidir le ha permitido postergar el inicio de su actividad sexual, señala. "He tenido un par de novios que intentaron presionarme; uno de ellos me decía que ya llevábamos tiempo juntos, que si me gustaría hacerlo, pero yo no quise y sé que será en el momento que yo lo decida, sin presiones".

Ser promotora de la salud sexual y reproductiva también le posibilita orientar a otros: "Con Sipam hemos visitado otros planteles del IEMS en Coyoacán, Miguel Hidalgo e Iztapalapa".

En la impartición de los talleres ha podido constatar el grado de desinformación entre las y los adolescentes y jóvenes. En una ocasión "nos encontramos con un grupo de chavos que pensaban que el VIH se controlaba con pastillas anticonceptivas", narra Blanca.

El beneficio de la información y acceso a anticonceptivos se ha traducido en la disminución de embarazos no deseados, al menos entre las estudiantes de su plantel, destaca.

Y puso un ejemplo: "Cuando entré había muchas chavitas embarazadas; sólo en mi salón había cuatro, pero después de los talleres con Sipam cada vez hay menos compañeras en esa situación".

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