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Con Moya Palencia inició la planificación familiar en México

Por la Redacción

Mario Moya Palencia, ex secretario de Gobernación en los años 70 durante el sexenio del presidente Luis Echeverría, falleció hoy a los 73 años.

Históricamente el nombre de Moya Palencia se relaciona con la salud reproductiva de las mexicanas, ya que fue durante su gestión que en el Congreso se aprobó, en 1974, la Ley General de Población, iniciando con ella la planificación familiar en México y un cambio demográfico significativo en la sociedad mexicana.

Con la aprobación de la Ley General de Población, entre 1976 y 2003 se incrementó la prevalencia del uso de anticonceptivos de 30 a 72.7 por ciento entre las mujeres en edad fértil con pareja y se creó el Consejo Nacional de Población (Conapo), como órgano rector de nuestra política demográfica.

En esa época, la salud reproductiva se entendía dentro del contexto exclusivo de la planificación familiar vista como una herramienta demográfica para abatir el crecimiento poblacional.

El término de los derechos reproductivos tardó 20 años más, producto de la batalla por la equidad emprendida por las feministas, durante la década de los 70, logrando el despertar paulatino de una conciencia combativa que aportó dos ideas fundamentales: la libertad de elección del número de hijas e hijos y el derecho al aborto.

Antes, entre los años 50 y 60, el concepto de derechos sexuales y reproductivos ni siquiera existía en México y en un laberinto de ideas patriarcales, las mujeres tuvieron que caminar juntas para salir de este panorama oscuro.

Los años 60 trajeron una mayor libertad sexual para hombres y mujeres, pero nos encontrábamos lejos de una definición de los derechos reproductivos.

INICIÓ SISTEMA DE PLANIFICACIÓN FAMILIAR

Con la Ley de Población, en la sociedad mexicana se empezó a hablar de planificación familiar, a través de los servicios educativos y de salud pública, y se difundió información acerca de este tema para mujeres de escasos recursos.

Con esta legislación se estableció sistema de planificación familiar, toda vez que hasta entonces sólo las mujeres de clase media y alta tenían la posibilidad de hacerlo a través de la medicina privada.

Si bien, esa nueva Ley se centró en el carácter demográfico, fue un primer paso que se dio en México para avanzar hacia un concepto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Moya Palencia tuvo un papel activo para promover las reformas al marco jurídico que dieron origen a esta nueva política, así como para impulsar, tanto en México como en el ámbito internacional, otra visión de las interrelaciones entre población y desarrollo.

DERECHO A TENER EL NÚMERO DE HIJOS DESEADOS

Hoy en día, la planificación familiar dejó de ser vista como un arma demográfica para convertirse en un asunto de salud, la cual reconoce la Organización de Naciones Unidas (ONU) como un derecho inalienable y universal.

Antes el movimiento de mujeres tuvo que librar varias batallas.

Enfrentamientos entre distintas perspectivas y puntos de vista se sucedieron en las Conferencias del Población Mundial realizadas en Bucarest, en 1974, y en la Ciudad de México en 1984 año que marcó un cambio importante con respecto a este tema.

En 1984, en el marco de la Reunión Internacional sobre Mujeres y Salud realizada en Ámsterdam, se consideró a los derechos reproductivos como derechos humanos con validez universal.

Pasaron nueve años para que se considerara cualquier violación a los derechos de las mujeres como una violación a los derechos humanos, lo que ocurrió durante la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena, en 1993.

Estos cambios se tradujeron paulatinamente en políticas públicas orientadas a dar mayor protección a las mujeres: en la mayor parte de los países, la planificación familiar se integró a los servicios de salud materno-infantil, que se concentraban principalmente en el embarazo, el parto y el puerperio.

El derecho a tener el número de hijos deseados se reconoció más tarde.

En 1994, durante la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo, Egipto (conocida como El cairo +5), se estableció un programa de acción que incluyó una clara definición de salud reproductiva y de derechos reproductivos y sexuales.

De manera general, esta acepción, ratificada y ampliada en la Cuarta Conferencia sobre la Mujer (Beijing, 1995), que dio pie a una plataforma de acción a la que la ONU aún da seguimiento, aclara que, en lo que atañe a la sexualidad y la salud reproductiva, los derechos humanos se basan en el reconocimiento del derecho de las parejas y los individuos a decidir responsablemente sobre el número de hijos, e incluyen el derecho a adoptar medidas relativas a la reproducción sin sufrir discriminación o violencia.

Hoy todavía estamos lejos de la meta de hacer respetar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

A más de diez años de la CIPD, y a 16 de la Conferencia de Pekín, aún se requiere promover la participación de las mujeres en la toma de decisiones relativas a su sexualidad y reproducción, y es necesario abatir los grandes índices de morbi-mortalidad que persisten en el mundo.

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