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Concepción Arenal

Por Erika Cervantes

La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano, señalaba Concepción Arenal, periodista y abogada del siglo XIX.

Concepción fue la primera mujer en estudiar en las aulas de la Universidad Complutense de Madrid, para lo que tuvo que vestirse de hombre para poder ingresar y más tarde participar en los debates políticos que sostenía con sus condiscípulos, frente a los cuales defendió en más de una ocasión los derechos de las mujeres.

En esta facultad habría de conocer al hombre con el que se casaría y con el que ingresaría en el mundo del periodismo, Fernando García Carrasco.

Concepción Arenal nació en El Ferrol, España, el 31 de enero de 1820. Quedó huérfana de padre a la edad de ocho años.

Después de la muerte de su padre, la madre de Concepción junto con sus hijas Antonia y Concepción se trasladaría a Madrid en 1824.

Un año después de la muerte de su madre, en 1842, Concepción se viste de hombre para poder asistir a la Universidad Complutense de Madrid y tomar clases en la Facultad de Derecho.

Concepción Arenal se casó con Fernando García Carrasco, hombre capaz de entender y aceptar la actitud combativa de Concepción ante las injusticias de su época.

Al momento de casarse, Concepción Arenal cuenta con veintiocho años y su esposo cuarenta. Fernando García Carrasco era abogado, periodista y liberal.

Durante su matrimonio, los esposos se ganan la vida escribiendo para el periódico La Iberia, donde Fernando llega a ser editorialista y redactor. En enero de 1857 Fernando García muere, y Concepción Arenal decide trasladarse a Oviedo y posteriormente a Portes, capital del valle de Liébana.

Como periodista Concepción Arenal dedicó su pluma a la reivindicación de las situaciones marginadas; escribió para que la leyeran, para que la entendieran, para que sus lectores participaran en sus ideales. Uno de los aspectos más progresistas de Concepción Arenal es su consideración de la mujer como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, no en rendiciones galantes, ni en modales encantadores y protectores, sino educándola en la dignidad de su propia condición.

Como escritora, Concepción Arenal eligió el género y los medios más accesibles a los lectores: el epistolar y el folletín. Las obras que presentan esta vocación de Concepción Arenal son: La mujer del porvenir, La educación de la mujer, El estado actual de la mujer en España, El trabajo de las mujeres, La mujer de su casa, y El servicio doméstico.

Aparte de su actividad de escritora, Concepción Arenal fue activista de sus ideas sustentadas en sus artículos y libros: conoció el horror de las cárceles de mujeres y hombres, el maltrato y miseria de hospicios y manicomios, y hasta en la guerra civil carlista acompañó a las tropas cristianas para atender heridos de ambos bandos y dirigió el hospital de campaña que se montó para atender a tantos hombres moribundos y heridos.

Tanta actividad le hizo ser merecedora del nombramiento de visitadora de prisiones de mujeres en 1863 en La Coruña, cargo al que renuncia sin justificación aparente en 1865.

En 1868 es nombrada inspectora de casas de corrección de mujeres, cargo que ocupa hasta 1873. En 1871-72 fue nombrada secretaria general de la Cruz Roja. También fue miembro de la Junta Directiva del Ateneo de Señoras, fundado en Madrid por Fernando de Castro.

La década de los ochenta fue más reposada en la vida de Concepción Arenal. Sobrepasados los setenta años, vivía con su hijo Fernando.

A inicios de 1890, Concepción Arenal decidió cambiar su residencia a Vigo, en donde se agravaron sus dolencias. La mañana del cuatro de febrero de 1893, Concepción Arenal falleció a la edad de setenta y tres años de catarro bronquial crónico, dejando para las nuevas generaciones sus reflexiones y su trabajo por la libertad y la igualdad.

03/EC/GMT

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