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Conciencia y educación para romper el círculo de la violencia

Por Soledad Jarquin Edgar

Combatir la violencia intrafamiliar, despejar las conciencias, educar y dar instrumentos a las mujeres para dejar de ser víctimas y convertirse en protagonistas activas de su propia historia es la tarea urgente y fundamental de la sociedad, afirmó aquí Gustavo Fondevila, al impartir la conferencia “Mujer y Violencia en el siglo XXI”.

Durante la inauguración del Diplomado Atención Gubernamental a Víctimas de Violencia Intrafamiliar, el filósofo y doctor en Derecho agregó que ante los altos índices de violencia contra las mujeres es necesario proporcionarles herramientas para resolver los problemas de pobreza, salud, desempleo, desnutrición, vivienda y educación.

Ante servidores públicos de los DIF Municipales del Estado de Oaxaca señaló la necesidad de crear un soporte institucional, es decir un estado y una sociedad civil que comprendan que una mujer activa en la defensa de sus propios intereses constituye una fuente legítima, política y moralmente, de una ciudadanía fuerte, como la que es necesaria en México, “es importante que el discurso sobre las posibilidad de hacer y ser prevalezcan sobre el mero discurso de la víctima”.

Más allá del castigo y la prisión, así como de los apoyos terapéuticos para las víctimas y sus hijos, es indispensable movernos de la víctimización de las mujeres a su pleno desarrollo y crecimiento, dijo.

CAPACITACION Y EDUCACIÓN, LAS LLAVES

Para ello es preciso reconocer la necesidad de combatir la violencia de género y ofrecer programas de capacitación y de soporte que ofrezcan soluciones integrales complejas para problemas integrales que son complejos, agregó.

Luego de hacer un amplísimo recuento de la situación de las mujeres en la historia de la humanidad y la utilización de la fuerza para su sumisión, expuso que a finales del siglo XX y en la actualidad persisten las prácticas discriminatorias y de violencia en su contra, “resulta fácil burlarnos del pasado, pero tenemos mucho que aprender en la actualidad”.

El profesor del instituto Tecnológico Autónomo de México refirió algunos ejemplos de violencia hacia las mujeres en países del primer mundo, como Francia, donde en las últimas dos décadas el gobierno permitió que los inmigrantes árabes vivieran con varias esposas.

Se estima que viven en París unas 200 mil familias polígamas, situación que se complicó cuando económicamente ya no convenía a los intereses del gobierno francés, quien sólo reconoció para la seguridad social a una de las esposas del inmigrante árabe y a los hijos de ésta.

Lo anterior, añadió el conferenciante, arrojó innumerables problemas y trágicas consecuencias por supuesto para las mujeres y los hijos que no fueron reconocidos y que directamente quedaron en una situación de vulnerabilidad, situación que refleja la tensa relación entre igualdad de género y cultura, entre la perspectiva de género y las políticas públicas.

También se refirió a prácticas aberrantes como la mutilación genital que se practica en más de 20 países africanos y a las 14 naciones de América Central y Sudamérica donde las mujeres son casadas con su violador a fin de restaurar el honor familiar y además reparar el bien dañado.

Sin embargo, dijo, lo más grave es el alto grado de aceptación cultural de las prácticas discriminatorias de la mujer, que precisamente vuelven a dichas prácticas invisibles, poco importantes o directamente aceptadas como parte de la vida cotidiana, como requisito indispensable y desagradable que hay que aceptar para vivir en una sociedad dominada por el hombre o en última instancia, quizá como un coto.

Como ejemplo de ello, citó, un artículo publicado en la revista oficial de la UNAM aparecida en enero pasado, dedicada a la tolerancia, donde el abogado penalista Ignacio Burgoa, paradójicamente “se despacha con exclusividad sobre sus prejuicios discriminatorios respecto de las mujeres, sus tácticas de conquista amorosa y otra menudencias de su acervo y experiencia personal con el otro sexo”.

Lo peor, creo, no es que este hombre diga estas cosas sino que nadie lo nota, porque es así, porque así es la vida o porque resulta natural, tan natural que ya no se ve allí la doble moral de Burgoa, quien no acepta que las mujeres lo juzguen con los mismos parámetros con los que el juzga a otras mujeres, subrayó.

Por último, Fondevilla citó algunas de las estadísticas que reflejan la enorme violencia contra las mujeres, como el hecho de que un 60 por ciento de los homicidos a nivel mundial sean cometidos por sus propias parejas; el 60 por ciento de las mexicanas han sufrido una relación de violencia en su propia casa.

En el caso de los infantes el 55 por ciento de los casos a menores atendidos termina con la muerte de la víctima, mientras en el 33 por ciento de los casos de violencia sexual contra menores, en su mayoría niñas, las víctimas mueren.

SJ/MEL

       
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