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Condiciones adversas para mexicanas en el trabajo doméstico

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Durante las últimas décadas, las condiciones en las que se lleva a cabo el trabajo doméstico asalariado se modificaron en perjuicio de cerca de 2 millones de personas en el país ocupadas en el sector, de las que 9 de cada 10 son mujeres. El cambió alejó aún más a las y los empleados del hogar de alcanzar derechos laborales fundamentales, como la seguridad social.

Así lo refieren distintas especialistas en el tema, entre ellas Teresita de Barbieri, académica e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el texto “Derechos de las trabajadoras del hogar”. La clave está en creer en nosotras, compilación realizada por la ex legisladora Rosario Ortiz Magallón, en 2009.

A decir de la profesora universitaria, esta labor, considerada la cuarta ocupación en la que se emplean las mexicanas, “es imprescindible para el mantenimiento de la vida humana, al punto que de no hacerlo puede traer como consecuencia la muerte de las y los niños, ancianos y enfermos”.

Según reportó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2008, las principales actividades y ocupaciones que concentran las mujeres son: 19.8 por ciento son comerciantes y vendedoras, 14 por ciento oficinistas, 13.2 por ciento artesanas y obreras, 11.4 por ciento trabajadoras del hogar y 10 por ciento están empleadas en los servicios.

Pese a la relevancia de las mujeres por su trabajo en el hogar, éste es desvalorado. Muestra de ello, son las condiciones laborales en las que trabajan cientos de miles de mujeres en el país, indica Ortiz Magallón, en el documento.

En las últimas décadas, el trabajo doméstico cambió sus formas de contratación, lo que derivó en la “intensificación” de sus jornadas de trabajo. Así como, en la pérdida de derechos laborales relacionados con prestaciones sociales, refiere en el texto Martha Patricia Vélez Tapia, del Centro de Apoyo a la Trabajadora Doméstica.

La contratación, cada vez más de “salida diaria”, y por uno o dos días a la semana, obliga a las trabajadoras a contratarse en distintos hogares por jornada parcial o completa. Ellas laboran con dos o tres patrones para obtener un salario suficiente para satisfacer sus necesidades básicas.

A consecuencia de la reciente modalidad de trabajo las y los empleados del hogar pierden derechos, como aguinaldo, vacaciones y días de descanso, además de antigüedad y seguridad social.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de un millón 800 mil personas dedicadas al trabajo en el hogar, 96 por ciento carecen de servicios de salud y 80 por ciento no tiene prestaciones sociales. Cuatro de cada 10 son empleadas “de planta” y el resto de “entrada por salida”.

Cabe destacar, que sólo 0.01 por ciento del sector está afiliado al Instituto Mexicano del Seguro Social y 91 por ciento no tiene acceso a instituciones de salud, éste es un dato “preocupante”, señala Ortiz Magallón, también integrante de la Red de Mujeres Sindicalistas.

Frente a este panorama, Rosario Ortiz, quien en la pasada Legislatura impulsó una iniciativa de ley para regular el trabajo doméstico, concluye que es “urgente” normalizar esta labor para garantizar a las y los trabajadores del hogar un salario justo, seguridad social y trato digno en su ámbito laboral.

09/GCJ/LR /LGL

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