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Conferencia Mundial de Juventud

Por Clara Jusidman*

La semana pasada, del 25 al 27 de agosto del 2010 se llevó a cabo en León, Guanajuato, la Conferencia Mundial de la Juventud y se emitió no sin dificultades y con reservas expresadas por los ministros de varios países, la Declaración de Guanajuato. Esta Declaración será presentada próximamente a la Asamblea General de Naciones Unidas, para promover políticas públicas de juventud en todo el mundo.

Después de un proceso de pre conferencias realizadas en varias regiones del mundo y de consultas virtuales, el texto de la Declaración estuvo listo dos meses antes de la Conferencia, para observaciones de los países y aún así, generó controversias que motivaron que la clausura del evento tuviera que ser retrasada.

En la conferencia oficial o gubernamental, participaron delegados y ministros de 112 países y en lo que se llamó Reunión Global de ONG, una reunión paralela o alterna a la oficial, hubo 208 representantes de ONG de 153 países. De esta Reunión surgió un Documento de Posicionamiento que fue aportado para su consideración por los delegados gubernamentales.

Al tratarse de una Conferencia relacionada con la vida y el destino de cerca de la mitad de la población mundial, y al reconocerse en el texto de la Declaración que “la generación presente de personas jóvenes es la más grande en la historia” cabría esperar que el Gobierno Mexicano le hubiese otorgado al evento realizado en nuestro país, una importancia mayor.

Dos signos externos reflejan el bajo perfil que la Conferencia tuvo en nuestro país: el presidente Calderón no asistió ni a la inauguración ni a la clausura, y la ciudad seleccionada para su realización, la de León Guanajuato, se ubica en un estado gobernado por sectores católicos ultraconservadores.

Con ello, seguramente el Gobierno Mexicano complació al Vaticano que, desde la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing, tiene una participación muy activa y organizada en cualquier evento mundial del sistema de Naciones Unidas, donde pudieran establecerse compromisos internacionales respecto del reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y respecto de los derechos de las personas con orientación social diversa, como son los del matrimonio y la adopción.

Así nuevamente, la vida y los cuerpos de millones de jóvenes y especialmente de mujeres jóvenes, se convierten en rehén de poderosas y ricas instituciones dominadas por hombres adultos.

En el trasfondo de la Conferencia Mundial de Juventud, y de los conflictos suscitados en la misma, aparecen las iglesias y los grupos, incluso de jóvenes vinculados y financiados por ellas, que se niegan a reconocer los derechos de las mujeres como personas dignas, así como los de la comunidad de la diversidad sexual.

Millones de mujeres jóvenes mueren diariamente en el mundo por abortos espontáneos o inseguros; otras más son abusadas, violentadas y maltratadas por las instituciones de salud en los procesos de parto, obligándolas a someterse a cesáreas injustificadas: un número creciente de mujeres son infectadas por sus parejas con el virus de VIH-Sida y muchas más ponen sus cuerpos para la aplicación de la mayoría de los métodos de control natal disponibles.

Si bien las mujeres juegan un rol fundamental en la reproducción de los seres humanos, son los hombres como jerarquía eclesial, como médicos, como investigadores, como responsables de políticas de salud los que toman las decisiones que hacen que muchas de ellas mueran, queden discapacitadas o sean recluidas como resultado de su participación en la procreación.

Fueron los Objetivos del Milenio uno de los ejes conductores de la Conferencia Mundial de Juventud. Dentro de ellos, el número cinco se propone Mejorar la salud materna y dentro del mismo, la meta 5.b establece el propósito de lograr para el 2015 el acceso universal a la salud reproductiva. Sin embargo, al revisar los indicadores de avance de este objetivo, Naciones Unidas reconoce que:

El progreso para reducir la cantidad de embarazos de adolescentes se ha estancado, lo cual deja a más madres jóvenes en situación de riesgo; la pobreza y la falta de educación perpetúan las altas tasas de alumbramientos entre adolescentes; el progreso en la ampliación del uso de métodos anticonceptivos por parte de las mujeres se ha estancado, el uso de esos métodos es menor en las mujeres más pobres y las que no tienen educación y la escasez de fondos para la planificación familiar es una enorme falla en el cumplimiento del compromiso de mejorar la salud reproductiva de las mujeres.

La reducción de las acciones de información y educación en materia de derechos sexuales y reproductivos, la ignorancia y la falta de acceso a métodos seguros de control natal y de interrupción del embarazo y el enorme retroceso que observamos en México respecto a la legislación que afecta los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, son causa eficiente de la muerte de miles de mujeres jóvenes y pobres y del encarcelamiento de otras, donde Guanajuato y Jalisco destacan por su conservadurismo e intolerancia. Estos temas fueron minimizados en la Declaración final de la Conferencia.

* Analista del Cambio Social y Presidenta de INCIDE Social AC

10/CJ/LR

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