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Conoce y desarrolla tu esencia

Por Juana Eugenia Olvera*

Terminado el primer ciclo escolar, por llamarlo de alguna manera, Alejandra, Rosario y Mariela, éstas dos últimas también devotas de Gurumayi, organizaron un curso que se impartiría en tres etapas: “Conoce y desarrolla tu esencia”.

La mayoría de las jóvenes que se inscribieron eran no mayores de 30 años; me inscribí porque los temas nos llevarían a explorar esa parte interna fundamental para sustentar la personalidad, aunque ésta última es la que se lleva las palmas. Estuvo planeado para desarrollarse en tres etapas y casi nos llevó año y medio.

La primera parte se realizó cerca de Huachinango, Puebla; la segunda en Guadalajara, y la final en Tepoztlán, Morelos. Cada etapa fue abriendo una parte sellada del inconsciente y nos permitió darnos cuenta de que al penetrar en esa aparente zona clausurada, afloraban los dolores en ocasiones y las alegrías en otras.

Durante la segunda etapa, realizada en un hotel muy bello cerca de Guadalajara, en una sesión de musicoterapia en la que estábamos totalmente relajadas con la ayuda de una melodía, se empezaron a desatar una serie de situaciones inesperadas, ya que fueron la mayoría de ellas violentas, llenas de llanto y dolor, y en una de esas situaciones la protagonista fui yo.

Hacía tiempo que Alejandra me había sugerido la necesidad de tomar una terapia para ubicarme en mi realidad, pero no era fácil para mí ir con cualquier terapeuta y abrir mi vida, ventilarla y mostrar mis debilidades y esperar el diagnóstico.

Esa tarde en el taller no me dí cuenta cómo es que llegué a que tres personas trataran de calmarme porque había desarrollado una violencia increíble. Pareciera que había sido poseída por el diablo.

Recién recuerdo como entre sueños, sin que me quede muy claro, pude ver cómo esas tres personas trataban de calmarme y entre maldiciones y llanto míos, poco a poco me fueron llevando a la calma, relativamente, porque continué llorando por la tarde, noche, día siguiente y no podía dejar de llorar.

Era como si todos los dolores de mi vida hubieran decidido salir y tener su protagónico. Yo no sabía de dónde me salían tantas lágrimas. Me dieron varias terapias entre todas, hasta que poco a poco fue dejando de salir el agua de mis ojos.

No sabía qué era lo que había sucedido y menos entender qué estaba oculto en mí ya que nunca antes había llegado a ese punto.

Cuando regresamos al DF, fui a hablar con Alejandra acerca de tomar la terapia con ella. Ella, por la relación que teníamos, lo pensó mucho porque no quería que nuestra amistad se viera afectada, pero la ventaja es que las dos tenemos la capacidad para ser objetivas y finalmente aceptó e iniciamos unas semanas después mi psicoterapia.

Fue fácil el proceso por la capacidad amorosa de ella, así como su profesionalismo. Nos llevamos como año y medio aproximadamente y un buen día habíamos terminado.

Nunca creí que en tanto corto tiempo hubiéramos ido eliminando tantos mitos, limitaciones, dolores, creencias, en fin todo lo experimentado en los años que llevaba de vida, tan llenos de altibajos, de amor y desamor, de calma, aparente felicidad, dolor, sufrimiento, en fin para resumir: una vida cambiando en apenas año y medio.

Dentro de la terapia hubo ocasiones en la que las tareas que me dejaba me daban pánico llevarlas a la realización, como cuando trabajamos con el orden, que era una obsesión para mí.

Toda mi vida la organización y el orden eran parte de mi vida. Sentía que las cosas deberían tener un lugar específico y de ser posible permanecer en él, a fin de saber dónde encontrarlas cuando las necesitara.

Así que sabrán lo que sentí cuando me dijo que tenía una tarea por una semana: se trataba de que la ropa que me quitara llegando del trabajo, la dejara en cualquier parte. Claro que en esa etapa uno de mis hijos vivía conmigo y era también para poner un poco de orden en nuestra relación.

Afortunadamente funcionó porque mi hijo tuvo que ponerse las pilas y ayudar para mantener la casa, así fue como me di cuenta de que el mundo no se caía con el desorden y perdí el estrés por no tener la casa perfectamente ordenada.

Así con lo de afuera con lo de adentro. Tomando consciencia de lo que sentía, pensaba y finalmente hacía. Algunas tareas fueron de escribir y ahí fueron naciendo algunos cuentos y sobre todo manteniendo lo que creí era un hobby, y finalmente me convirtió en una profesional de la astrología.

Posteriormente ingresé a un taller de narrativa que dirigía Rafael Ramírez Heredia, en donde aprendí algunas técnicas de narración.

* Narradora oral, astróloga y terapeuta.

11/JEO/RMB

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