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Contra el derecho internacional, lapidan a Asha, en Somalia

Por Yunuhen Rangel Medina

Asha Ibrahim Dhuhulow, de 23 años de edad, murió lapidada por islámicos somalíes, bajo la acusación de adulterio, en presencia de cientos de personas reunidas en una plaza de la ciudad portuaria de Kismayu, al sur de Somalia, el pasado lunes 26.

Los numerosos testigos afirmaron que los militares abrieron fuego contra ella e hirieron también de muerte a un niño que se encontraba en el lugar, informaron agencias internacionales.

Este asesinato se suma a los muchos cometidos por islámicos contra mujeres, a pesar de la campaña iniciada por Amnistía Internacional (AI) y defensoras de derechos humanos iraníes, quienes en octubre de 2006 lanzaron la campaña “Detengan las lapidaciones para siempre”.

La pena de muerte por lapidación se aplica en estos países en condenas por adulterio como una forma “legal” de castigo, aunque familiares de Ibrahim afirman que la lapidación fue totalmente irreligiosa e ilógica. El islam no ejecuta a una mujer por adulterio a menos que existan cuatro testigos y el hombre con el que mantuvo relaciones se identifique públicamente, explicó su hermana.

AI considera, de acuerdo con su página Web, que la ejecución por lapidación agrava la brutalidad de la pena de muerte y es un método concebido específicamente para aumentar el sufrimiento de la víctima, aunado a la violencia que viven ya las mujeres de todo el mundo.

Aunque el caso de Asha Ibrahim Dhuhulow es solo uno de los muchos casos reportados sobre la religión islámica, no se trata de una actividad opresiva particular de éstos países, señala la Web Islam, pues existen miles de feminicidios documentados cada año en todo el mundo bajo apelativos de “honor familiar”, “crimen de honor”, “crimen pasional”, que disfrazan el verdadero asesinato con tortura que se comete en nombre del honor o la religión, casi siempre quebrantando los derechos humanos de las mujeres.

Otro caso similar es el ocurrido a Amina Lawal, mujer afgana de 29 años, condenada en 2002 por un Tribunal local de la provincia de Badakhsan, al norte del país, por presunto adulterio, señala la Plataforma por los Derechos Humanos de las Mujeres en su página Web.

Una intensa campaña internacional la había salvado de la lapidación, pero finalmente, en un acto que pasó desapercibido, pero que fue reportado en 2005 por AI, fue asesinada ilegalmente por varios familiares.

Al parecer, el primer marido de Amina había desaparecido hacía cinco años. Considerando que había muerto en la guerra, la entregaron en matrimonio a un vecino. Pero el marido volvió del frente y reclamó que se hiciera justicia. Él mismo arrojó la primera piedra sobre Amina. El segundo marido fue condenado a setenta latigazos.

La sentencia se cumplió al día siguiente de la decisión de las autoridades religiosas locales. No fue comunicada a Kabul, porque al parecer esa región está completamente fuera de la jurisdicción de hecho de Kabul. Por tanto, ni las supuestas autoridades afganas ni las tropas internacionales y ONG que actúan en Afganistán tuvieron noticia de ello hasta que no fue demasiado tarde, informó el sitio espacioalternativo.org, citando documentos de AI.

La muerte por lapidación viola el Artículo 6, que garantiza el derecho a la vida,y el Artículo 7, que prohíbe la tortura y los tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 2200A (XXI), del 16 de diciembre de 1966 y en vigor desde el 23 de marzo de 1976, afirma AI.

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