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Criminalizar a parteras contribuyó al aumento de muerte materna

Por Anaiz Zamora Márquez
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La partería es una de las herramientas que contribuye a la disminución de la muerte materna (MM) y la violencia obstétrica, así como al incremento en el uso de anticonceptivos y prácticas sexuales seguras, sin embargo los conocimientos de las parteras tradicionales y profesionales son desestimados y en muchas ocasiones menospreciados.
 
En ello coincidieron especialistas en demografía, Derechos Humanos (DH) y salud de las mujeres, al participar en la presentación del libro “Imagen instantánea de la partería”, publicación a cargo de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y la Asociación Mexicana de Partería, y en la que se hace una invitación a la ginecología moderna a entrelazar esfuerzos y reconquistar de forma conjunta el retorno a los partos humanizados.
 
Carlos Javier Echarri Cánovas, doctor en demografía, dijo que el libro evidencia la forma en la que en México (a diferencia de naciones europeas) aborda el proceso de reproducción y nacimiento de manera medicalizada y alejada de los DH.
 
De 2009 a 2013 –informó el investigador de El Colegio de México (Colmex)– se registraron 178 mil 287 nacimientos atendidos por parteras, lo que representa apenas el 1.7 por ciento del total de alumbramientos, y la cuarta parte de ellos ocurrió en el estado de Chiapas, donde la mayoría de las mujeres atendidas por parteras carecían de seguridad social, lo que se traduce en que “las parteras están atendiendo a personas en situaciones desfavorecidas”.
 
Esta baja tasa de nacimientos atendidos por parteras ocurre al mismo tiempo que el país enfrenta una de las prevalencias más bajas de lactancia materna, apenas 1.6 meses en promedio, “lo que seguramente tiene que ver con la forma con la que se atiende el parto y la atención que reciben las mujeres”.
 
En ese sentido, Echarri Cánovas llamó a las autoridades correspondientes a considerar a las parteras como una forma de eficientar recursos, y asegurar un tratamiento más humano del parto.  
 
Nira Cárdenas, coordinadora de la Unidad de Fortalecimiento Institucional de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), sostuvo que el avance de la medicina científica, al mismo tiempo que desplazó los saberes tradicionales, colocó a las mujeres en un papel “pasivo” durante la reproducción y el nacimiento, cuando ellas son las protagonistas de estos procesos.
 
Agregó que es preciso impulsar la partería como una forma de “recuperar nuestro papel (de las mujeres) en el campo de la reproducción, y como una forma de ser parte del círculo médico y del círculo de saber, que actualmente es ocupado por hombres que hablan de la reproducción femenina”. 
 
Señaló que las experiencias e investigaciones contenidas en el libro permiten observar que el acompañamiento de las parteras sí mejora la atención a la salud, disminuye los riesgos porque las mujeres se sienten mucho más seguras, mejora la calidad de la atención “al colocarnos como sujetas y no sólo como agentes pasivos; las parteras entienden que somos personas”. 
 
En ello coincidió Ana María Carrillo, académica del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien señaló que si bien los avances de la medicina han permitido que se den nacimientos en condiciones en las que antes no era posible, también han relegado el saber ancestral.
 
Agregó que diversas investigaciones históricas (cuyos resultados se incluyen en el libro) han demostrado que en el momento en que se empezó a presionar a las parteras y se les prohibió atender partos, aumentó la MM “y es lo que actualmente estamos viendo”.  
 
Actualmente la medicina tradicional está bajo acoso –afirmó Carrillo–, “al grado de que muchas jóvenes no quieren aprender la partería, y muchas parteras no quieren atender partos porque están amenazadas”, lo que se evidencia con el hecho de que “si a una partera se le muere un niño realmente es perseguida, pero se pueden morir 32 niños en un hospital y no pasa nada”.  
 
Finalmente, dijo que las parteras representan una alternativa frente a la violencia obstétrica, pues “la partería permite a las mujeres elegir la forma en que pueden ser tratadas”.
 
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