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Cuba: sexismo y lenguaje de los medios

Por Sonnia Moro

Los medios de comunicación no inventaron el sexismo. Lo incorporaron a su lenguaje por estar integrado a la cultura patriarcal de nuestras sociedades. Por lo tanto, eliminarlo es parte de la compleja lucha por lograr una imagen equilibrada y sin estereotipos de hombres y mujeres en los productos comunicativos.

Cuba, tras 45 años de un proceso revolucionario que legisló a favor de la igualdad y la promoción de la mujer, no está ajena a esta contienda.

El país logró la incorporación femenina a los espacios públicos –44.7 por ciento de trabajadores del sector estatal civil son mujeres– y se enorgullece de que 67 por ciento de todos los técnicos y profesionales universitarios y 36 por ciento de sus parlamentarios también lo sean, cifras representativas de un real progreso.

Pero el sexismo, en particular el que se expresa en los diferentes lenguajes de la comunicación, sigue ahí, en mayor o menor grado, como una de las fortalezas a tomar para lograr espacios, imágenes y tratamientos más equitativos para todos, especialmente para las cubanas.

Y sin dudas, conmocionó las calles cubanas, que se debatieron entre la aceptación y un rechazo fanático.

Amén de la polémica, otra pauta sentó esta serie que ha quedado como herencia para momentos posteriores: abrió un espacio de debate especializado ante las cámaras que, de alguna manera, sirvió para poner los parches que pudieran escaparse al guión.

Para el historiador Julio César González Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades y uno de los expertos invitados a esos debates entre especialistas, sobre todo la telenovela Oh, La Habana –anterior a la que actualmente está en pantalla– “tuvo la osadía de poner perfiles de hombres y mujeres diferentes. Personajes con matices. No se trató, como casi siempre pasa, de presentar personas excepcionales, sino comunes; no en blanco y negro”.

Pero, parte de la crítica especializada no coincidió con estos abordajes e, incluso, arremetió contra los programas de análisis posteriores a la telenovela.

VALOR ARTÍSTICO Y PAPEL EDUCATIVO

Y es que el conflicto entre el valor artístico del producto televisivo y su papel educativo complejiza cualquier análisis.

Según el crítico Rufo Caballero, “tras el ropaje del análisis sociológico, es evidente el espaldarazo de la televisión a la televisión” que, al parecer, busca priorizar el impacto social por encima de la calidad artística.

González Pagés, en cambio, aplaude más el hecho de que “últimamente, la televisión está mucho más metida en temas complicados” y de que “más allá de sus valores artísticos y aunque las telenovelas no cumplen por sí mismas una función educativa, últimamente sí están sirviendo para ayudar a reflexionar sobre las relaciones de hombres y mujeres en Cuba”.

Inconformidades de la crítica al margen, hay que reconocer que la televisión cubana está empezando a cambiar.

Si se asume la máxima de que en materia de problemáticas sociales acuciantes “el silencio es ilegítimo”, entonces habría que reconocer a la televisión, en primer lugar, por sacar esos asuntos del mutismo en los medios audiovisuales.

Probablemente, aún no existen los spots, aventuras, seriales y telenovelas ideales, pero estos últimos intentos han tenido, tienen, el valor de despertar polémicas durante muchos años ausentes del medio.

Y está probado, por investigaciones sociales diversas, que los debates públicos en los medios de difusión masiva resultan imprescindibles para que una sociedad se reconozca y pueda comprender cuáles son sus problemas. Para que pueda mirarse por dentro.

08/SM/GG/CV

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