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Cuidado humano no remunerado, doble carga para las mujeres

Por Gladis Torres Ruiz

En América Latina, el trabajo no remunerado del cuidado humano se asume como el destino “natural” de las mujeres e, inexcusablemente, la maternidad y los cuidados del hogar constituyen una “barrera” para la incorporación de las mujeres al mercado laboral o se vuelven una doble carga de trabajo para ellas, señala Marta Lamas.

En su documento, Género, desarrollo y feminismo en América Latina, la feminista mexicana apunta que la forma en la cual la procreación está superpuesta con el trabajo no remunerado de cuidado humano establece la gran diferencia entre las vidas de mujeres y hombres.

Al respecto, destaca que en Latinoamérica continúa siendo importante la división social del trabajo por sexo, entre labores remuneradas, trabajo doméstico y de reproducción. “La discriminación nace con la división sexual del trabajo, el cual se ha convertido en un rasgo económico-cultural. El resto de las evidencias discriminatorias son reflejos o complementos de esa desigualdad básica”.

El trabajo no remunerado de cuidado humano continúa siendo una labor predominante de mujeres y la riqueza se asienta sobre un contrato sexual que otorga gran valor simbólico a la maternidad y considera “natural” que las mujeres se hagan cargo del trabajo no remunerado de cuidado humano, enfatiza Lamas en su documento.

La Plataforma de Acción de Beijing en su Objetivo Estratégico F.6 señala que los gobiernos deben adoptar políticas para asegurar la protección apropiada de las leyes laborales y los beneficios de la seguridad social a los empleos en jornada parcial y los empleos temporales, a los trabajadores estacionales y a los que trabajan en el hogar, para promover las perspectivas de carrera sobre la base de condiciones de trabajo que concilien las responsabilidades laborales con las familiares.

Y se promueve elaborar políticas, entre otras cosas, en la esfera de la enseñanza, para modificar las aptitudes que refuerzan la división del trabajo sobre la base del género, con objeto de promover el concepto de las responsabilidades familiares compartidas en lo que respecta al trabajo doméstico, en particular en lo relativo a la atención de niñas, niños y adultos mayores.

En este sentido, Sonia Montaño, jefa de la Unidad Mujer y Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) expone que la división sexual del trabajo es el núcleo central para la desigualdad laboral entre mujeres y hombres y aunque las mujeres contribuyen decisivamente a la economía y luchan contra la pobreza, ya sea a través del trabajo remunerado o no remunerado, no se ha avanzado en legislar políticas de igualdad en el tema.

Es por ello que el aporte de las mujeres a la igualdad, sus contribuciones a la economía y la protección social, especialmente con relación al trabajo no remunerado, y la participación política y paridad de género en los procesos de adopción de decisiones a todos los niveles, serán los dos temas fundamentales que abordará la próxima X Conferencia de la Mujer de la Cepal que se llevará a cabo en Quito, Ecuador, del 6 al 9 de agosto de este año.

Convocada cada tres años, la Conferencia es el foro intergubernamental regional en América Latina más importante para el análisis de políticas públicas desde una perspectiva de género, donde también participan, en actividades paralelas, organizaciones sociales que velan por los intereses de las mujeres latinoamericanas y del Caribe.

A pesar del avance de los procesos democráticos que se han venido llevando a cabo en Latinoamérica y el Caribe, las mujeres aún no han alcanzado una presencia significativa en las esferas de toma de decisión.

En México según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) en el grupo de jóvenes de 15 a 29 años, las mujeres invierten el 25 por ciento de su tiempo en el trabajo del hogar mientras que los hombres solo un 3.6 por ciento.

En las personas de entre 30 y 44 años, los varones destinan a esa tarea el 3.2 por ciento de su tiempo y las mujeres el 45.9. Y en la tercera edad, de 60 años en adelante, los hombres dedican 7.5 de su tiempo contra el 39.2 de las mujeres.

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